abajo los impuestos …

 

… para algunos

No gana uno para sorpresas. Cada semana tenemos alguna nueva en asuntos fiscales. Cuando no son las sorprendentes interpretaciones de los órganos de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) que no están para hacer interpretaciones de la norma, son las actuaciones de la inspección de la AEAT que hoy considera que una factura es falsa y mañana la considera cierta por aquello de rebajar el importe de lo defraudado y que así no sea delito.

La última nos ha llegado, con apoyo del ministro del ramo, en una sorprendente interpretación de la realidad que voy a intentar describirles, para que entiendan como se pretende bendecir, y nunca mejor dicho, la elusión fiscal. Vamos a verlo.

Una empresa, O, S.A., obtiene unos ingresos que no declara fiscalmente y se guardan en una cajita discreta pues han pasado a ser dinero negro, aunque los billetes sean verdes o amarillos. Esta empresa, O, S.A., le entrega, donación dicen algunos, una parte de ese dinero a P, que es una institución privada, pero cuyos miembros se dedican a gestionar asuntos públicos. P, que no es una iglesia o confesión religiosa ni tan siquiera se dedica a curar enfermos o salvar vidas, utiliza los fondos negros recibidos para pagarse unas obritas y se los entrega a U, que es un profesional como la copa de un pino, que es quién le dirige las obritas. Lenguas de doble filo afirman que una parte de ese dinero se reparte entre destacados miembros de P. Las mismas lenguas malvadas afirman que O, S.A. le ha dado el dinero a P para que les asegure unos contratitos con cargo a presupuestos públicos.

Pues bien, como diría el fantástico Juan Tamariz, chan tatachan, la AEAT dice que en toda esa operación no se ha producido fraude fiscal alguno, los impuestos han desaparecido por arte de magia. ¡Genial!, ¡fabuloso!, de un plumazo nos hemos cargado el sistema fiscal que, aunque defectuoso y renqueante, habíamos conseguido construir en democracia. Era lo último que me quedaba por ver, no nos conformamos con proponer reducciones de impuestos y de dar un trato de favor a los próximos, hay que eliminarlos. Y utilizo la palabra fraude no en el sentido estricto que le atribuye el código penal, fraude es eludir el pago de impuestos, se califique o no de delito.

Supongamos que el ingreso que O, S.A. no declara es de 100 euros. Pues en ese ingreso se producen dos fraudes, el primero es que no ha tributado por el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), lo que supondrían 21 euros para la hacienda pública y el segundo es que no tributan por el Impuesto sobre Sociedades (IS), otros 25 euros escamoteados a la hacienda pública. A continuación los dona a P, pero P no declara la donación, a lo que está obligado por ley, y esa actitud es sancionable y es un comportamiento ilícito, según las normas de prevención del blanqueo de capitales y contra el terrorismo. La graduación de la sanción será cosa de los tribunales de justicia. Y el pago a U, que suponemos del mismo importe de 100 euros y que este no declara, vuelve a provocar dos fraudes a la hacienda pública, el primero en el IVA, de 21 euros, y el segundo en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), que podemos estimar en, al menos, 35 euros, dado que U es un profesional como la copa de un pino. Aunque no podemos acumular todos los fraudes cometidos en la trama, sí podemos afirmar que se han producido varios fraudes y estimar que el fraude ha sido de, aproximadamente, 45 euros.

Real Casa de Aduanas, sede del Ministerio de Hacienda

Real Casa de Aduanas, sede del Ministerio de Hacienda

Pero nuestro ministro del ramo, locuaz y lenguaraz como pocos, ha salido rápidamente a la palestra para afirmar que P es como Cáritas o la Cruz Roja, entidades con fines benéficos y sin ánimo de lucro, que, por razones desconocidas, no han protestado por la comparación. Cuando está a punto de comenzar la campaña de declaración del IRPF, casos como este, desalientan al más pintado y le llevan a pensar que la hacienda pública no es un asunto de todos. El Internal Revenue Service (IRS), el equivalente a nuestra AEAT en los Estados Unidos, considerado uno de los más eficientes organismos recaudadores del mundo, no se dedicaría a emitir comunicados en defensa de un procedimiento defraudatorio, ni me imagino al Secretario del Tesoro de los Estados Unidos saliendo en defensa de un procedimiento irregular. Por si es de interés, este es el enlace al IRS en español.

Creo que se ha perdido el juicio, el rigor y la profesionalidad. La AEAT debería ser un organismo independiente que se dedica a cumplir la ley y a hacerla cumplir, no a defender comportamientos bochornosos. Pero esto llueve sobre mojado y me trae a la memoria lo acaecido en tiempos, a la vez, lejanos y cercanos, con la intervención de algunos de los mismos personajes. ¿Cómo los profesionales del asesoramiento fiscal podrán convencer a sus clientes a cumplir con las normas si la propia AEAT dice lo que ha dicho? Qué flaco favor les han hecho.

Del trile y los trileros les he hablado más arriba, ahora les dejo con un truco de magia del genial Juan Tamariz, para que se diviertan y puedan superar el engaño.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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