¡al rico ladrillo bancario!

 

¡Qué difícil es superar cualquier adicción!, con más frecuencia de la que sería de desear se producen recaídas en el lento proceso de deshabituación. No citaré ninguna de las sustancias que provocan adicción para no despertar la ansiedad en ninguno de los lectores. Pero sé de lo que hablo porque fui capaz de superar una de ellas, esa que, según el tango, era un placer genial y sensual, y aunque creo tenerla superada, toco madera para no volver a caer en la tentación. Algo parecido le pasa a la economía española, mejor dicho, a sus rectores y a los que en ella tienen capacidad de influencia. En España, a lo largo y ancho de toda ella, ya sea en la peninsular, en la insular o en la situada en el continente africano, tenemos, desde hace unos cuantos decenios, una fuerte dependencia del ladrillo.

A los españoles nos encanta estar todo el día construyendo, lo que sea. Nos da lo mismo hacer centros comerciales, que luego se quedan sin uso, que ciudades rimbombantes, que solo sirven para engordar la cuenta de resultados de arquitectos afamados, que polígonos industriales, en los que con suerte se ocuparán no más allá del 50% de su superficie, que grandes urbanizaciones de chalets y adosados, que dormirán el sueño de los justos. El caso es darle a la arcilla. Y han pasado varios años sin llevarnos un buen almuerzo de arcilla al coleto y el “mono” empieza a hacer estragos entre la clase política y la económica. Y como resistir al maligno es difícil, máxime cuando te tienta con esas panorámicas de bonitas casas, todas igualitas, aunque estén desordenadas; o con esas estadísticas de alto empleo, aunque sea con poco valor añadido y muy volátil; pues que se dejan llevar y adoptan medidas sin sentido alguno. Y así nos va.

¡Qué peligroso es poner el BOE (Boletín Oficial del Estado) o cualquier otro diario oficial, al alcance de la mano de aquellos que se sienten iluminados! No entraré en detalles (ejemplos históricos) para que no se amohínen los seguidores de cualquier partido político, porque todos han tenido iluminados, al menos uno, en sus filas con algún diario oficial a su servicio. Pero ya saben que en el tiempo en que nos encontramos, el poderoso caballero del que nos habló Quevedo, oculta o destaca, según su conveniencia, aquellas noticias que mejor sirven a sus intereses. Y hay mucho interés en juego en estos asuntos de arcilla y caliza que tan revueltos tuvieron al mundo, también a este país, y cuyas consecuencias todavía no hemos superado y algunos siguen pagando.

Todos los expertos nos avisaban de que ayudar fiscalmente a la compra de viviendas era un error mayúsculo, porque ello contribuía a desatar el afán comprador, en detrimento del alquiler, que es una forma de acceder a la vivienda más racional que la de la propiedad. Pero no, nuestro gobierno, con el ministro de Hacienda y Función Pública abducido por el de Fomento, se ha propuesto resolver el problema del acceso a la vivienda a los jóvenes y a los mayores de 65 años y para ello, ¡cómo no!, próximamente va a echar mano del BOE. Aquí pueden acceder al Plan Estatal de Vivienda 2018-2021 que el ministro de Fomento presentó a la prensa en los últimos días y cuya aprobación, largo me lo fiais, está prevista para antes de enero de 2018. El documento está obtenido de lainformacion.com y no del Ministerio, como hubiera debido ser lo normal. ¿Para qué tan largo plazo de tramitación? A lo mejor es para que alguien prepare el parque a ofrecer.

En el año 2013 entró en vigor la eliminación de la desgravación fiscal por adquisición de vivienda, que había quedado reducida desde hacía varios a una pequeña cantidad y que, en mi opinión, ya no suponía efecto distorsionador alguno para la formación del precio de aquella en el mercado. En 2016 había entrado en vigor la modificación de la reducción fiscal que se aplicaba a los rendimientos obtenidos por ciertos arrendamientos de vivienda, quedando todos ellos minorados en el 60%. A los que obtienen rendimientos del trabajo o de actividades económicas ya nos gustaría obtener reducciones del 60% de dichos rendimientos netos. Pero, consecuencia del plan anunciado, hete aquí que se avecinan nuevos cambios en la fiscalidad, así que, como se decía antiguamente, ¡vuelta la burra al trigo!

Y lo que es aún peor, se avecinan las ayudas directas, esas que tradicionalmente han generado tantos quebraderos de cabeza a los concedentes, por los problemas de opacidad y falta de control asociados, según nos cuenta la historia. ¿Volveremos a ver imágenes de entregas de llaves como aquellas del NODO? Pero tengo la sensación de que detrás de todo este plan, cuyo anuncio ha pasado sin pena ni gloria por los medios, se esconden otros intereses a lo que se pretende dar satisfacción, porque visto lo visto, el problema se mantiene. Y es que el stock de inmuebles en poder de un gran número de operadores, especialmente las entidades bancarias, continúa en niveles preocupantes. Porque cuando miramos a los problemas con anteojeras, con miedo, como si no estuviéramos afrontando el problema, como si no quisiéramos que se supiera lo que se hace, aunque se hace, al final termina mal, muy mal, como pasa con SAREB (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria), en la que ya no sabemos lo que llevamos perdido porque ni siquiera publican cuentas desde hace más de un año; eso sí, la plantilla sigue aumentando.

Los expertos en vivienda afirman que la mejor solución, para resolver los problemas que tienen los jóvenes para el acceso a las mismas, es la puesta a disposición de los ciudadanos de un parque significativo de lo que se denominan viviendas sociales en alquiler. De las que nos habla el cuadro que pueden ver más arriba, ofrecido por la OECD, por sus siglas en inglés (Organisation for Economic Co-operation and Development) y en el que, lamentablemente, no aparece nuestro país porque no tenemos un número mínimamente significativo de viviendas sociales en alquiler. Aquí pueden leer un artículo sobre ello. Y, no teman los enemigos de lo público, no estoy hablando de que el sector público se ponga a construir y arrendar viviendas, que también podría hacer una parte del trabajo; estoy hablando de aprovechar un parque vacío, claramente sin aprovechamiento y que, en vez de aportar oportunidades a la economía y a la sociedad, genera externalidades muy significativas. Porque además de estar obsesionados con la construcción, algunos están obsesionados con la acumulación de propiedades sin darle uso alguno. Hay una especie de síndrome de Diógenes de vivienda vacía, pululando por el país, que nos tiene obnubilados.

La cuestión será de difícil solución si antes no se acomete una dinamización del mercado del alquiler, tremendamente atomizado, con operadores de escasa relevancia sobre el total del mismo. Los fondos de inversión inmobiliaria (no confundir con los fondos de inversión en empresas del sector inmobiliario) no han terminado de arrancar, a pesar de su antigüedad, y no han contribuido a que ese mercado se agilice y gane en transparencia. Aún hay mucha economía sumergida en el sector y es responsabilidad de las autoridades porque tienen mecanismos para erradicarla, pero no los aplican. Como hay poca exigencia a los propietarios de que extremen los cuidados al parque de vivienda.

Es posible que el Plan Estatal de Vivienda 2018-2021 termine como Juicero, ese exprimidor engañabobos que cuesta 400 dólares, empezó costando 700, y hace menos que nuestras manos.

Claro que al final todo sale a la luz. El otro día leí un curioso artículo sobre la pérdida de aves en el continente europeo, España incluida, en el que nos avisan de la desaparición, en los últimos años, de varios millones de gorriones, entre otras aves. Y a la vez nos advierte que, en el mismo lapso de tiempo, los buitres han aumentado su número.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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