donaciones y tercer sector

 

En plena vorágine del asunto Banco Popular, en el que los organismos reguladores, especialmente la Comisión Nacional del Mercado de Valores, han brillado por su ausencia y atronado por su silencio, nos encontramos con que ciertos grupos, algunos de ellos llevados del desconocimiento más absoluto sobre cómo se organizan otras sociedades, han puesto el grito en el cielo con cierta donación destinada a la sanidad pública, en forma de ayudas para la adquisición de equipos, y que no es la primera vez que se produce. No sé si pretendían distraer la atención de lo importante o es que la ola de calor ha despistado a más de uno. Y digo esto porque la donación criticada es de hace más de 2 meses y se ha vuelto recurrente en los últimos tiempos.

Hemos llegado hace tan poco tiempo a tantas cosas en este país y necesitamos incorporarlas rápidamente a nuestra vida cotidiana, que nos olvidamos que la democracia ya estaba inventada, que la economía social de mercado ya estaba inventada o que las entidades de acción social ya estaban inventadas. Estas urgencias nos llevan a inventar nuevas formas sin medir las consecuencias ni pararnos a pensar si algunas de las ya existentes no podrían sernos útiles, al menos para empezar a caminar. Porque el tránsito hacia una sociedad solidaria y no de beneficencia es costoso y quizá nos convendría tomar nota de como lo han resuelto en otros lugares. El estado de bienestar no es solamente la prestación de servicios por parte del estado, también incluye la existencia de una red de entendimiento social por la que todos somos actores directos para ayudar a superar las dificultades de aquellos que se encuentran en riesgo de exclusión. Y esa acción directa puede venir por dos vías no excluyentes entre sí, la prestación voluntaria de servicios o la aportación económica para ser prestados por terceros.

Y esa red de entendimiento social no está aún lo suficientemente extendida en este país. Nos falta rodaje y su aceptación generalizada. La Encuesta sobre Cohesión Social y Confianza del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de diciembre 2014-enero 2015 nos dice que el 65% de los ciudadanos no conoce a nadie mayor de 15 años que haya empezado a colaborar en una organización no gubernamental o asociación en los últimos 3 años, pero es que el 80% no tiene un familiar mayor de 15 años que colabore y el 82% no tiene un amigo/a que colabore. Y la respuesta más desalentadora en la encuesta citada es la que se muestra en el siguiente cuadro

Encuesta de Cohesión Social y Confianza. Centro de Investigaciones Sociológicas

Encuesta de Cohesión Social y Confianza. Centro de Investigaciones Sociológicas

Ello deja bien a las claras la escasa actividad de los ciudadanos en la atención social. ¿Será por desconfianza? Pues no, en la misma encuesta se informa que el 50% tiene cosas más importantes que hacer, el 40% que no quieren complicarse la vida y el 30% piensa que no sirven para nada (las respuestas suman más del 100% porque se admiten dos razones en cada una de ellas)

¿Y qué es lo que debemos entender por tercer sector? Pues el trabajo desarrollado por el sector privado no lucrativo, que normalmente revisten la forma organizativa de asociaciones o fundaciones. Entidades a las que se suele pedir que cumplan los 5 principios definidos en el estudio liderado por el equipo liderado por la Universidad Johns Hopkins: estar organizadas formalmente, ser privadas, ausencia de ánimo de lucro, gozar de capacidad de autocontrol institucional y que cuenten con algún grado de participación voluntaria. Y según el estudio El Tercer Sector de Acción Social en 2015, que pueden consultar aquí, en versión completa, y aquí, un resumen ejecutivo, nos dice que el mismo movilizó en España la cifra de 14.500 millones de euros y dispuso de más de 565.000 empleados remunerados. En dichas cifras no se incluyen los datos de las tres grandes entidades singulares que hay en España, Cruz Roja, Cáritas y ONCE. Los ingresos indicados suponen un 1,5% del PIB (Producto Interior Bruto) de España, aproximadamente.

Sobre las fuentes de financiación de las entidades del Tercer Sector la información más ilustrativa la refleja el siguiente cuadro recogido del informe citado

Ingresos Tercer Sector de Acción Social

Ingresos Tercer Sector de Acción Social

Y el origen de dichos fondos puede verse en el siguiente cuadro, en el que se aprecian los efectos de la crisis sobre los ingresos procedentes del sector público

Origen de los ingresos del Tercer Sector de Acción Social

Origen de los ingresos del Tercer Sector de Acción Social

La mayoría de las personas que colaboran con alguna entidad del Tercer Sector, de manera voluntaria, a las que he consultado sobre la donación de marras, me han contestado lo mismo, nos parece estupendo. A veces nos maravillamos de que en otros países haya personas que donen cantidades importantes para fines sociales y en España parece que queremos ponerle pegas a aquellas que lo realizan y casi parece que deberían de avergonzarse por ello. ¿Qué obtienen ventajas fiscales quiénes hacen donaciones?, cierto es, como cualquiera que las haga, cada uno en proporción a la donación efectuada. Algunas personas antes de opinar alegremente, intentando obtener un minuto de gloria soltando algún exabrupto radiofónico, deberían informarse previamente sobre aquello que pretenden criticar.

En este país somos solidarios a borbotones, no de manera constante. Por eso es necesario guardar un profundo respeto por ese gran número de personas que llevan a cabo una sorda labor voluntaria o realizan importantes contribuciones económicas para intentar que no se produzca la exclusión de otros, trabajando día a día por una integración social que ha sufrido como nunca por culpa de la crisis.

Como decía al principio la solidaridad no tiene nada que ver con la beneficencia, por eso donar para atender un fin social o colaborar de forma voluntaria en una entidad del tercer sector o ambas cosas a la vez es un signo distintivo de sociedades solidarias y no benéficas, casualmente aquellas más desarrolladas económicamente. Porque son los países con mayor nivel de vida los que despliegan los mejores esfuerzos en pro de la no exclusión. Y se benefician de ello porque esa labor solidaria, no benéfica, revierte en la sociedad, no se pierde por los caminos que mantienen el statu quo y empobrecen. Deberíamos exigir que, aquellos que se quejan de tener donantes, se dediquen a promover el voluntariado y la contribución económica para fines sociales.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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