economía colaborativa

 

No piensen que me he perdido en los asuntos económicos y me he dado a la poesía, ese no es mi terreno. La expresión economía colaborativa se ha puesto de moda últimamente de la mano de unos supuestos defensores de la libertad y del bienestar. Y antes de continuar deben saber que se entiende por economía colaborativa, según algunos sesudos expertos, lo que desarrollan empresas como AirBnb o Uber o Blablacar y otras de parecidas características.

logotipo airbnbEn concreto, en los últimos días, el blog ¿Hay Derecho?, que trata de asuntos jurídicos y políticos, ha vuelto a insistir en el tema, reprendiendo en esta ocasión a la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) por dificultar su progreso. La verdad es que siempre es bueno que haya niños chicos a los que echar la culpa. Recuerdo que, como decía un antiguo jefe, en la dictadura existía la RENFE para que hubiera algo a lo que poder criticar sin temor, eso sí, tampoco mucho, no fuera a ser que se despertaran las furias.

logotipo BlaBlacarLa Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ese organismo tan amorfo y acaparador de funciones, y cuyo presidente se dedica a reunirse en privado con los principales directivos de las principales empresas para lanzarles admoniciones, en vez de vigilar la competencia y establecer una regulación eficaz de ciertos mercados, como denuncié aquí, se ha metido a Real Academia Española y ha pretendido definir qué es la economía colaborativa, a ver si así le vamos dando relevancia y la hacemos nuestra y la propagamos, porque eso es de lo que se trata.

Exactamente no sé qué es la economía colaborativa, porque no sé la razón de ponerle apellidos a ciertos términos. Ya sabemos desde hace mucho tiempo que, usando las palabras adecuadas, podemos volver lo inútil en bello o lo molesto en útil. ¿Cuántos mejunjes y potingues han pasado por las pantallas de nuestros televisores asegurando que nos iban a salvar las vidas o devolvernos la juventud, hasta que se descubre el engaño? Lo vendedores de crecepelo existen desde hace mucho tiempo y ya deberíamos distinguirlos, claro que cada día los expertos en marketing se vuelven más sofisticados y cuesta mucho trabajo darse cuenta de ello.

logotipo CabifyAl añadir la palabra colaborativa, sinónimo de auxilio, ayuda, desinterés, afecto, desprendimiento, a la palabra economía le estamos añadiendo un halo de superioridad y bonhomía que hace difícil criticar lo que ello encierra. ¿Quién se atreve a criticar la economía colaborativa, que es la del afecto, el desprendimiento o el desinterés? Porque criticar la economía, a secas, lo hacemos todos, se sepa o no, y máxime después de la llegada de la crisis, que no ha terminado aún, porque es la economía (¿?) la que ha generado todos los males. Pero al añadirle lo de colaborativa se vuelve algo propio del mundo de los unicornios rosas y, claro, el mundo idílico ya no es criticable.

Yo descubrí eso que ahora llaman la economía colaborativa y yo denomino actividad complementaria no competitiva, allá por 1995 en un viaje a Noruega cuando, en el transitar por sus carreteras, veía las mesitas que algunos ciudadanos ponían al borde de las mismas con cestitas de fresas y que vendían a precios mínimos para dar salida a la sobreproducción de sus pequeños huertos. Por cierto, nadie vigilaba las cestitas, se suponía que si cogías alguna depositabas el importe en la bandejita dispuesta al efecto.

Pero no, los sabios del mundo mundial nos están vendiendo como economía colaborativa lo que no es otra cosa que actividad económica, pura y dura, sin regulación ni control, y liderada por empresas que buscan, como no podía ser de otra manera, el lucro. Por cierto, actividad económica que está detrás de la máxima del mundo actual, ¡MÁS BARATO!, con depresión de los ingresos de los ecónomos colaboradores y que termina repercutiendo en los salarios de los sectores con los que compiten.

logotipo WallapopY en este estado de cosas sorprende que los mismos que defienden esta especie de economía salvífica carente de regulación y reglas, sean los mismos que se rasgan las vestiduras por la pérdida de regulación en el sector financiero, por el ascenso de la banca en la sombra y por otras cuestiones menores. Háganse conmigo una pregunta ¿Por qué los productos fabricados en China o India o Pakistán o Bangladesh o Méjico son más baratos que los fabricados en España? Probablemente porque los derechos laborales, no solo los salarios, en esos países sean inferiores a los que existen aquí.

Fíjense que las empresas que citaba al principio, Uber, AirBnB, Blablacar, o Wallapop o Cabify son unos meros aglutinadores o facilitadores de servicios que prestan terceros, bajo el paraguas de lo casual, pero que ya están perfectamente establecidas como empresas y que de casualidad no tienen nada.

Yo me pregunto, en esta presunta economía colaborativa ¿Quién vigila los problemas sanitarios?, ¿Quién vigila que están concertados los seguros necesarios para la cobertura de los siniestros derivados de la actividad?, ¿Cómo se controlan las infracciones cometidas o estos operadores no cometen infracciones?, ¿Quién controla las condiciones de seguridad en que se presta un servicio desregulado, como las horas al volante?, ¿Quién nos asegura que los ingresos que se generan tienen el adecuado control fiscal o estamos fomentando la economía sumergida?, ¿Hasta dónde alcanza la economía colaborativa? Porque el principal accionista de la cadena de hoteles Room Mate Hotels, ha decidido entrar en la economía colaborativa de los pisos turísticos, lo que da la sensación de que esto es algo más de lo que sería aceptar pulpo como animal de compañía.

logotipo UBERMientras nuestra preocupación permanente sea ¡MÁS BARATO!, no lo mejor, seguiremos por este camino equivocado, trasladando la presión sobre los costes laborales y reduciendo salarios, porque queremos ir en taxi, pero que sea muy barato, hospedarnos en hoteles, pero que sean muy baratos, incluso tener coches con chofer, pero que sea muy barato, y queremos vender lo que ya no nos sirve y subastarlo al mejor postor. Perdonen que les diga, estos revolucionarios de la economía colaborativa no han inventado nada. No han debido pasear por el Rastro, qué está ahí haciendo lo mismo desde hace muchos lustros. La economía colaborativa presiona sobre los servicios, intensivos en mano de obra, y que se encuentra con desocupados en su derredor.

Mientras tanto ¿No les resulta extraño que la CNMC no haya puesto en marcha un procedimiento competitivo para que se desarrolle la economía colaborativa con relación a los notarios, registradores, procuradores, sociedades de valores, auditores, agencias de calificación, garajes, farmacéuticos, empresas de distribución mayorista y tantas otras actividades en las que sus titulares no sufren estas presiones sobre los rendimientos que obtienen?

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

Un comentario en “economía colaborativa

  1. Peter W H

    Por fin!. Algo de luz y razonabilidad sobre estas empresas que vienen a “salvarnos” de los malvados usos y costumbres de nuestras empresas, que siempre se pueden mejorar por supuesto; y que oh! casualidad, cotizan en el NYSE.
    El procedimiento es muy básico: entro hacidendo dumping de precios (con grandes inversores detrás, claro); no estoy regulado; reviento, destrozo y me quedo el mercado; finalmente impongo mis nuevas condiciones al mercado, que son peores en calidad, servicios, precio y remuneración que lo que había antes. Si no, de qué iba a tener grandes inversores detrás.

     
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