escandallo

 

Aunque alguien pueda creer lo contrario, muy pocas cosas que se dicen nuevas lo son. Muchas de esas novedades no son más que mejoras de productos o de procesos antiguos. Como de costumbre hablo de aquello que guarda relación con lo económico. La famosa cadena de franquicias Cash Converters no ha inventado nada nuevo al ofrecer a los vendedores la posibilidad de recomprar sus productos, el monte de piedad hace mucho que se creó en este país. Ni tan siquiera son nuevos los VTC, hace años que existieron los llamados Gran Turismo con conductor, como estos de ahora, tan lúgubres, la mayoría de ellos, como los de antaño. Tampoco son nuevos los microcréditos que se conceden a gente humilde para progresar o salir del atolladero, el ditero existía hace muchos años, yo tuve la suerte de saber de uno, allá por 1970, en Madrid, que vivía de pensión. Les dejo el enlace a una página que explica, bastante bien, qué era un ditero. Como no son nuevos Airbnb ni Cabify, parecen, pero no lo son. Ya saben que la carne de vacuno, picada, da mucho juego.

Lo que sí abundan son avances en este mundo tan revuelto y tensionado. Y viendo cómo evolucionan los costes, los precios, los márgenes y demás elementos que intervienen en la formación del beneficio, me di cuenta de que, efectivamente, estábamos cambiando, y mucho, a pesar nuestro y para nuestro pesar. Los que hemos tenido relación con el mundo de la empresa desde el inicio de nuestra vida profesional, sabíamos lo importante que era el cálculo de costes y, algunos, accedíamos a conocer como se calculaban y para qué servía todo aquello, todo aquel galimatías de centros de coste, imputaciones, coeficientes de reparto, etc. Y era sumamente enriquecedor para poder conocer la realidad concreta de la empresa en la que colaborabas o para la que hacías los oportunos estudios. Eso que se llamaba contabilidad analítica y que, al comienzo de los 80, se echaba de menos en muchas empresas públicas, que no en todas, y en muchas empresas privadas donde ni tan siquiera habían oído hablar del término.

Una de las estrellas de todo aquello de la contabilidad analítica era el escandallo, que no era más que calcular el coste teórico de un producto para poder determinar su precio de venta, porque el precio de venta venía referido al coste de los factores que intervenían en la producción del elemento en cuestión más un margen previamente establecido. Vean si no una de las definiciones que de escandallo nos ofrece el Diccionario de la Lengua Española, “En el régimen de tasas, determinación del precio de coste o de venta de una mercancía con relación a los factores que lo integran”. Ya ven que curiosa la definición, “en el régimen de tasas”. Ahora entramos en harina, antes vean lo que nos dice el amigo Google cuando buscamos entradas sobre escandallo

Ya ven esa frase que se cuela en la imagen “hoy que la economía está toda liberalizada, no se utiliza el método del escandallo”. El precio de venta de un producto no guarda, necesariamente, relación directa con el coste del mismo. De ahí que existan establecimientos que venden alguno de sus productos a un precio inferior al coste, para atraer clientes, aunque está prohibido por la ley porque altera las reglas de la competencia. O que algunos laboratorios farmacéuticos impongan precios desorbitados en algunos medicamentos, durante los primeros años de vida de la patente, por eso tan manido de financiar la investigación. Los dos ejemplos anteriores muestran que ya no hay relación del precio de venta con el coste. La relación es entre precios de venta. Es decir, lo que se compara son los precios de venta de cada oferente, y en función de la bondad y ventajas que incorpora el producto o servicio ofrecido se fija el precio.

Como bien sabe todo el mundo el beneficio es igual a la diferencia entre el precio de venta y el coste del producto o servicio, tal y como vemos en la imagen, a la derecha de este texto.

Y dentro de C, los costes, hay muchos y muy diversos, en cuanto a su comportamiento. Materias primas, suministros diversos, profesionales, subcontratas, comunicaciones, amortizaciones, ¡ah!, se me olvidaba, el coste del personal. Y como los precios de venta unitarios tienden a la baja, si queremos mantener el Beneficio, los Costes tienen que disminuir. Es lo que tienen las ecuaciones, si disminuye el valor de uno de sus miembros, debe disminuir el valor del otro para que la igualdad se mantenga. Y como en el otro, Beneficio + Coste, el beneficio queremos que sea constante, pues hay que reducir los costes unitarios. Y para ello solo hay dos posibles alternativas o una combinación de ambas. O bien se reducen los precios unitarios de los costes o bien se aumenta la productividad, produciendo más con la misma cantidad de coste.

Como siempre, con un ejemplo se termina de entender. El arreglo y los suministros de una habitación de hotel son parte de los costes de esa habitación y si el precio de venta unitario disminuye, habrá que disminuir los costes de limpiar la habitación y el de los suministros. Habrá que gastar menos fregasuelos, porque el almacén no nos baja el precio; habrá que gastar menos en lavar toallas, por eso el hotel les pide a los clientes que usen la misma toalla más de un día; habrá que reducir el consumo de energía, por eso las habitaciones se apagan automáticamente al salir y habrá que disminuir coste del arreglo, por eso se reducen los salarios de las personas que arreglan las habitaciones de un hotel. Hace unos días escuchaba en la radio que la retribución por limpiar una habitación de hotel es, actualmente, de 2 euros por habitación. No conozco que se haya producido el más mínimo conato de rebelión o revolución contra esas condiciones que, en mi opinión, se adentran en el mundo de la esclavitud.

Si seguimos manteniendo B o, lo que aún es más grave, queremos aumentarlo, en un mundo donde PV se reduce, no queda más remedio que reducir C, lo que supone reducir salarios, los totales y los unitarios. Sorprende que nadie se pregunte por qué con casi 2 millones menos de ocupados hemos alcanzado los niveles de PIB (Producto Interior Bruto) de 2008. Como sorprende que nadie se lleve las manos a la cabeza al leer ciertas historias.

No comparto la opinión de Reece Jones expresada en una entrevista en CTXT de que las fronteras se usan para limitar el acceso de los pobres a salarios altos, ¿de qué salarios altos habla? Las fronteras se usan para otras cosas, incluso para evitar ideas, pero no para frenar el acceso a salarios altos, pues la famosa deslocalización acabó con muchos de ellos y seguirá con los restantes, recuerden lo que les explicaba aquí. Los VTC, los Cabify, los Airbnb, los Uber, los Bla Bla car, etc., son versiones diferentes de un mismo paradigma, hay que reducir los salarios, por mucho que nos quieran vender el glamour de la economía colaborativa.

De este modo se opera sobre los demás costes y, lógicamente, no hace falta hacer un escandallo, ¿para qué?

Nota:

A la vuelta a la actividad cotidiana quiero expresar mi dolor y mi afecto y condolencia a las familias de las víctimas por los atentados de Barcelona y Cambrils del 17 de agosto. No ha pasado ni tan siquiera un mes y pareciera que nos llevan a olvidar lo ocurrido. No podemos aceptar que alteren el ritmo normal de nuestras vidas, pero estos golpes no se arreglan con el silencio.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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