falacia fiscal y elecciones

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Intenten, por un momento, olvidar todo lo que sepan y lo que han oído sobre impuestos. Como diría George Lakoff, ya he conseguido que se centren en los impuestos. Y ahora piensen en elecciones, esa época en que se reciben todo tipo de propuestas para intentar comprarles el voto. Porque unas elecciones consisten en un proceso en el que los electores pagan con el voto la compra de unas promesas de acción. Y es una transacción en que las partes están en una situación asimétrica, nosotros los electores hemos entregado nuestro producto y no podemos pedir la devolución, mientras que los supuestos políticos solo han hablado de promesas que ni tan siquiera están garantizadas, como es lógico por otra parte.

Y si ya están sentados y dispuestos a estudiar las propuestas para luego decidir a quién votarán, déjenme que antes les cuente una historia relacionada con los impuestos, cualquiera que sea la forma en como se llamen. Y por primera vez en el blog voy a utilizar una homogeneización de nombres para que puedan entender mejor la historia que quiero contarles. A las cotizaciones a la Seguridad Social, tanto las que hacen los empleadores, como las de los empleados y las de los autónomos las voy a incluir en el amplio grupo al que llamamos impuestos. Porque en el fondo las cotizaciones a la Seguridad Social son impuestos, finalistas, pero impuestos. Y son semejantes a los impuestos porque nuestro sistema de pensiones es de reparto no de capitalización, se pagan las pensiones con las cotizaciones del ejercicio.

Se dice que los impuestos ya existían hace más de 5.000 años, no estoy hablando de algo nuevo, pero sí es cierto que, a lo mejor, hablo de algo lejano. Y digo esto de la lejanía porque en las democracias los impuestos son algo importante porque contribuyen al sostenimiento de los servicios públicos y como nuestra democracia es joven, es posible que aún no hayamos incorporado en nuestro lenguaje el verdadero papel de los impuestos y nos suenan como algo distante. No olvidemos que en las dictaduras una parte de los impuestos sirven para soportar la carga que supone la maquinaria dictatorial, de ahí que muchas veces vinculemos impuestos con carga pública, porque recordamos épocas felizmente pasadas.

Informe mensual de Recaudación Tributaria de la Agencia Estatal de Administración Tributaria

Informe mensual de Recaudación Tributaria de la Agencia Estatal de Administración Tributaria. Abril 2016

Si partimos de que el sector público es un suministrador de servicios, de esos que en las estadísticas se conocen, o mejor dicho se conocían, como ‘servicios de no mercado’, entendemos el papel de los impuestos. En teoría, solo en teoría, más impuestos suponen una mayor prestación de servicios. Lamentablemente esto no se cumple y hay que buscar un equilibrio eficiente. Y ese equilibrio unido a la opción política predominante, que propondrá un papel más o menos importante del sector público en la prestación de servicios, determinan el nivel del sector público en una comunidad. Tomemos como ejemplo la sanidad, las opciones políticas varían entre más prestaciones con cargo a los impuestos o más prestaciones con cargo a la capacidad de cada ciudadano, sin olvidar que no se puede tener un sistema de atención instantánea.

Dicho esto, es fácil deducir que la inversa sí se cumple, menos impuestos suponen menos servicios públicos. Cuando un comercio baja los precios de los productos y espera ganar más es porque está convencido de que vendrán otros clientes que antes acudían a otros comercios, pero en cuanto el competidor se dé cuenta, bajará los precios y recuperará la clientela. Y al final, los dos ganarán menos, la dichosa marginalidad. Pero con los impuestos no pasa lo mismo, si los bajamos no vendrán otros “clientes” y recaudaremos más y aunque así fuera, recaudaríamos menos, como los comerciantes. Aún a riesgo de parecer extremista, les aseguro que decir “bajar los impuestos aumenta la recaudación” es, además de una estupidez, una falacia. ¿O es que ganan más los empleados que han visto bajar sus salarios? Algunos ni trabajando más horas para intentar compensar.

No crean en falacias. Lo que ocurre es que decir eso de “vamos a bajar los impuestos”, aunque luego sea mentira, suena bien. Porque tenemos asociados los impuestos a “la carga que supone la administración pública” y, lógicamente, si reducimos la alimentación, el ‘monstruo’ verá reducido su tamaño. Y todos tan contentos porque “pagamos menos impuestos”. ¿Recuerdan cómo se refieren en ciertos partidos políticos al sector público?

Luego, cuando acudimos al médico y vemos que han aumentado las listas de espera o entramos en los centros escolares y ha aumentado el número de alumnos por aula o asistimos a la universidad y comprobamos que han disminuido las becas o vamos a los centros de investigación y nos hablan de la reducción del número de investigadores o salimos a la calle y vemos ese lamentable estado en que se encuentran algunas ciudades o comprobamos que a los jubilados les limitan el poder adquisitivo de las pensiones, nos queda el consuelo de que “nos han bajado los impuestos”, aunque sabemos que es mentira porque antes los subieron. Y sorprende que los mismos que exigen más y mejores servicios públicos, sean los primeros en callar cuando teóricamente se reducen los impuestos.

Fíjense en el cuadro siguiente en el déficit de la Seguridad Social, código S.1314, ¿han oído a alguien hablar de cómo lo van a arreglar? Hablar de pensiones asusta.

Contabilidad Nacional, notificación déficit y deuda a la Unión Europea, según Protocolo de Déficit Excesivo. Elaborado por la Intervención General de la Administración del Estado. Primera comunicación de 2016

Contabilidad Nacional, notificación déficit y deuda a la Unión Europea, según Protocolo de Déficit Excesivo. Elaborado por la Intervención General de la Administración del Estado. Primera comunicación de 2016

Veamos dos máximas que nadie debe olvidar, los servicios públicos se pagan con impuestos y los impuestos sirven para prestar servicios públicos. Así que, una bajada de impuestos encubre una futura bajada de servicios públicos, de la misma forma que una reducción en la calidad de los servicios públicos es una forma de expulsar a usuarios hacia servicios privados alternativos y justificar una posterior bajada de impuestos por menores servicios prestados. Y todo ello es cuestión de ideología.

Si una botella de 2 litros del más famoso refresco no cuesta el doble que la botella de 1 litro, por aquello de las economías de escala, ¿cómo es posible que alguien nos quiera convencer de que un sistema sanitario privado es más económico que un sistema público que atiende a un colectivo mayor y satura mejor los recursos empleados? Pero siempre nos quedará el consuelo de que “nos han bajado los impuestos” Y ya que seguimos con el ejemplo de la sanidad, recuerden que curar a sanos es muy barato, lo caro es curar a enfermos.

Por eso es que, llegados al tiempo de las elecciones, vamos a oír muchas falacias y les aseguro que las mayores están relacionadas con los impuestos. Algunos van a gastar mucho más, pero esconden de donde van a recaudar esos miles de millones, olvidándose del déficit que tenemos en la Administración General del Estado y en la Seguridad Social. Otros van a cambiar las formas de tributación, pero sin explicar los detalles y, por supuesto, con los mismos olvidos que los anteriores. Y luego están los más audaces de todos, los extraterrestres que van a bajar los impuestos, sin querer recordar que lo que habían hecho antes era subirlos.

El jueves 9 escuché una parte de la rueda de prensa que ofreció el ministro contable, con su habitual gracejo y embarullamiento de palabras. Y nos informó que, como prueba de lo bien que van las cosas, se ha batido el record de recaudación por IVA, se olvidó recordar que el IVA lo había subido él mismo y que había productos que pasaron de tributar al 8% a tributar al 21%, pequeños olvidos electorales. Mientras tanto la recaudación fiscal del primer cuatrimestre de 2016 nos muestra que la cosa se puede poner mal, francamente mal, al ritmo de caída que llevamos respecto del año pasado, como pueden comprobar en la página II-2 de este enlace, pues se ha visto reducida en un 3,6%, casi nada. Luego, cuando pasen las elecciones, nos avisarán de pequeños ajustes en los servicios públicos.

No lo olviden, los anunciadores de bajadas de impuestos se parecen a los vendedores de crecepelo que usan peluquín.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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