finanzas para todos

 

El próximo 3 de octubre se celebra el “II Día de la Educación Financiera”, dentro del Plan de Educación Financiera que promueven el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores y del que pueden conocer detalles en la web específica que han creado para la ocasión, http://www.diadelaeducacionfinanciera.es/, en ella pueden ver una multitud de actos que se van a desarrollar con este motivo en diversos puntos de la geografía española.

Desde el primer día mantengo en el blog, en utilidades, un enlace permanente con la web http://www.finanzasparatodos.es/. Esa web fue creada por las entidades citadas en unión de la Dirección General de Seguros y Planes de Pensiones. Y mantengo el enlace desde el convencimiento de que la formación, tan importante para todo, es vital en el ámbito financiero. Quizá la falta de cultura financiera, en términos generales, en la sociedad española, da lugar a muchas ineficiencias en nuestro sistema económico.

Relacionar las variables tiempo y cuantía, que son la base de lo financiero, es vital para un buen aprovechamiento de los recursos financieros disponibles y para la buena gestión de los, en ocasiones, necesarios endeudamientos. Considerar a las entidades financieras como un operador más con ánimo de lucro y no como entidades beatíficas es básico para abordar las operaciones con ciertas garantías de que no seremos víctimas de “malentendidos” más o menos intencionados.

II Día de la Educación FinancieraNo es fácil el mundo financiero y cada día lo será menos, pues la generalización de los productos derivados, de compleja estructura, hace que se necesite una mayor formación sobre ello. Por ello debemos exigir que nuestro sistema educativo proporcione unos conocimientos que permitan desarrollar las capacidades necesarias para entender mínimamente las operaciones o inversiones que se nos proponen frecuentemente por los operadores, que son muchos y muy variados. Desde los bancos y cajas (ya casi desaparecidas en su totalidad) hasta las compañías de seguros, pasando por las entidades de crédito al consumo o las gestoras de planes de pensiones.

La formación financiera es fundamental para conocer las razones fundamentales de por qué se producen ciertos hechos al relacionar diversos acontecimientos, aparentemente desconectados o para poder comprender ciertos conceptos que con mucha frecuencia, quizá más de la necesaria, utilizan los medios de comunicación. Entender en qué consiste la prima de riesgo o saber que una subida del precio del petróleo puede afectar a la cotización en bolsa de muchas compañías en distinto sentido, positivo y negativo al tiempo, es muy necesario.

No debería ocurrir que tengamos que aprender a base de darnos golpes contra los muros del engaño o por ser guiados por desaprensivos o por dejarnos llevar por la supuesta bondad de entidades financieras que trabajan para sí mismas, no lo olvidemos nunca. Nada sube de precio permanentemente, como alguien quiso hacer creer con los sellos. Nada proporciona rentabilidades sustancialmente superiores a la media si no va acompañado de un riesgo sustancialmente superior a la media, como algunos pretendieron hacer creer con las preferentes. Rentabilidades desorbitadas no son posibles y cuando se ofrecen es porque estamos ante una estafa piramidal, como esas operaciones en que sin hacer nada se gana mucho y que consisten en incorporar al grupo a nuevos incautos.

No es el momento de hablar de casos concretos ocurridos en el país, pero sí es el momento de parar y reflexionar sobre el hecho incuestionable de que una parte de culpa, de muchos de los engaños financieros que se han producido, está en nosotros mismos por dar rienda suelta a la codicia que todos llevamos dentro y que nubla la razón. También son engaños financieros los denominados timos de la estampita y del tocomocho y en ambos engaños el timado hace gala de la avaricia que le hará equivocarse y que habita en todas esas operaciones.

Banco de España

Banco de España

No podemos echar la culpa de algunos males a las autoridades cuando no ponemos de nuestra parte para formarnos mínimamente y aprender lo necesario para no ser engañados. Aún a riesgo de ser considerado un hereje, no me parecen mal las cláusulas suelo de los préstamos hipotecarios, eso sí, bien aplicadas y con cláusulas techo acordes. Las entidades financieras, como cualquier hijo de vecino, deben ganar dinero con su actividad, no me gustan los bancos que no ganan dinero porque allí están parte de mis ahorros y si pierden puedo perder los míos. Los problemas vienen cuando ganan de forma torticera con cláusulas incomprensibles. Recientemente he leído una cláusula de una hipoteca en la que el prestatario, uno de nosotros, debe pagar al prestamista, el banco, una comisión, si cambia el acreedor, es decir, que el banco gana, a mi costa, vendiendo la hipoteca a otro, demencial.

La sociedad ha sufrido muchos sustos financieros en los últimos años para que nos tomemos a broma estos asuntos y lo que sí debemos exigir de las autoridades es que se persiga con diligencia a los estafadores y embaucadores, se les juzgue con prontitud y se rehabiliten en la prisión correspondiente, durante periodos de tiempo que a la vista de todos sean lo suficientemente prolongados para que el programa de reinserción a aplicar sea eficaz.

Desde luego no podemos seguir aceptando que los servicios de supervisión del Banco de España no tengan fuerza ejecutiva ante las denuncias que presentan los clientes por el deficiente funcionamiento de las entidades financieras. Como no podemos aceptar que la Comisión Nacional del Mercado de Valores no actúe con la debida energía para lograr que los movimientos de los emisores sean transparentes y podamos hablar de un mercado mínimamente eficiente.

La cultura financiera se expande mediante la formación, pero también mediante la información. Tenemos multitud de programas de televisión sobre cocina, no digamos sobre deportes, especialmente fútbol, o sobre espiritismo u ocultismo o adivinación o de ventas de productos, pero no tenemos programas de televisión sobre finanzas, ¿por qué? Por supuesto, no programas de medios interesados, sino programas hechos por gente con interés en descubrir el potencial engaño. Antes de invertir, consulten. Antes de financiarse, consulten. Las entidades financieras o de seguros son unos comerciantes más e igual que miran y remiran en la mercería, en la perfumería o en la zapatería, no duden en dudar sobre lo que les ofrecen las entidades financieras. No podemos seguir aprendiendo a base de golpes.

Permítanme sugerirles dos libros, que a su vez me sugirieron a mi, y me parecen de interés para abordar estos temas con espíritu crítico. Uno es El Cisne Negro de Nassim Nicholas Taleb. El otro es Ulises y la comadreja de Georg von Wallwitz.

Para terminar, les contaré una anécdota. Allá por los primeros años 70, del pasado siglo, en plena época de esplendor de aquella rutilante estafa de más de 8.000 millones de las antiguas pesetas, que se llamó SOFICO y que estaba amparada por la dictadura, alguien se acercó a mi padre para indicarle donde se ofrecía un negocio parecido, pero con unos intereses, asegurados, del 14%, mayores que los que prometía la estafadora citada. Mi padre, persona prudente, le contestó al proponente que no iba a participar del negocio porque no le gustaba ganar tanto dinero. A veces hay que ser humilde.

Por cierto, el caso SOFICO no se cerró judicialmente hasta pasados casi 20 años desde que se conoció la estafa y terminó sin pena ni gloria, pero también sin penados. Ojalá este país se haga mayor de edad y, por una parte, los casos pendientes de juzgar se resuelvan con penas y sin gloria para los culpables, y, por otra parte, se reduzcan al mínimo posible las estafas financieras por una mayor formación de los ciudadanos.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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