furia en el nuevo año

 

Ya estamos en 2017, ¡bienvenidos al nuevo año! y, desde tan temprano, soy mayor que en 2016, lo que anima aún más este periodo festivo. Y, hablando de fiestas, algunos sectores económicos, escondidos hasta no hace mucho, quieren regresar a aquella fiesta que tanta resaca nos produjo y de la que aún estamos digiriendo las consecuencias y es que el reverso tenebroso de la fuerza vuelve, porque como decía el maestro Yoda es más seductor.

Hace unos días recibí un correo electrónico con publicidad, algo frecuente, y que no tendría mayor misterio si no fuera porque se trataba de una aplicación informática que servía para ¡Controlar la Obra!, era la confirmación de que se había despertado nuevamente la furia inmobiliaria. Y es que el afán por volver a poner en marcha a la bicha es abrumador. El mismo diario que hace una semana demonizaba una experiencia piloto en Francia de una carretera con placas solares, será porque es futuro y tecnología, lleva varios meses bombardeándonos, una semana sí y otra también, con la necesidad de construir muchas más casitas, la última prueba es el cierre del año con este artículo lleno de deseos. Hasta se ha buscado el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI), esos genios del pronóstico y la previsión que en la primavera de 2007 nos dijeron que todo iba viento en popa y que nada había que temer en el futuro, vaya rato de 10 años que nos ha hecho pasar el Rato que lo mandaba entonces.

Y empezamos con los mantras habituales para confundir al público, apoyados en aparentes formulaciones lógicas, pero que no son más que falsedades y argucias para conducir la economía hacia lo fácil, la riqueza rápida y el empobrecimiento general a largo plazo. Uno de los mantras es, “el precio de la vivienda sube porque no se construyen suficientes viviendas”. Este mantra, uno de cuyos autores fue aquel ministro que nos regaló las autopistas radiales quebradas por falta de uso, se fundamenta en que el mercado inmobiliario es perfecto, ese en el que los oferentes y demandantes cuentan con toda la información y se construyen viviendas cuando se quiere. Ya ven qué fácil resulta desmontar el mantra, haciendo ver que no se dan las condiciones del mercado perfecto.

En Madrid, por ejemplo, se aplica una fórmula muy silenciosa para falsear el mercado. Consiste en que, en un área urbana, debidamente preparada y con las autorizaciones precisas, se vaya edificando por partes, de manera que cuando una promoción se termina y vende, se inicia la siguiente, en vez de hacerlas todas a la vez para que compitan entre sí las distintas promotoras, como ocurre en el mercado de cualquier otro producto. Y, además, un mercado sin la debida información, porque los precios no se anuncian o se anuncian unos que, todos lo sabemos, no son los que servirán para cerrar las transacciones.

Como decía antes, se nos ha olvidado la magnitud del desastre. En el grafico que pueden ver a continuación se reflejan las hipotecas constituidas para la adquisición de viviendas desde el año 2003, el hito de 2006 con más de 1.300.000 hipotecas hemos de esperar que no se vuelva a producir.

hipotecasconst20032016Y nadie puede escurrir el bulto a la hora de asignar responsabilidades en lo ocurrido y que se pretende hacer olvidar. Porque el que más y el que menos pretende salirse de la película, como en ‘La rosa púrpura del Cairo’, y contarnos la historia de manera sesgada, parcial y tendenciosa, como ocurre en este artículo, como si los notarios, por poner un ejemplo, no hubiesen “disfrutado” de la exuberancia del ladrillo con tantas escrituras de hipotecas y compraventas. ¡Ay, con los fallos de memoria que tan a menudo se producen en este país!

Ya saben que la palabra del año 2016, según Fundéu, fue populismo. Quizá sea correcto, aunque hubo quién proponía ‘posverdad’ o ‘post-truth’, por las mentiras vertidas en las redes y que han contribuido a ciertos desastres electorales. De seguir por donde hemos terminado el año y parece que empieza el nuevo, yo creo que esa va a ser la palabra de 2017. Porque ahora nos vienen a contar que el problema es que hay que construir 150.000 nuevas casas al año, nadie explica de manera sesuda de donde sale la cifra, y que el principal problema es que falta suelo calificado para llevar a cabo esas edificaciones, cuando menos, o que se están retrasando indebidamente las licencias de obra. Y esta afirmación, tan rotunda, se basa en las, supuestas, angustias constructivas que se dan en Madrid y Barcelona, principalmente. Y uno, que pasea por las calles de la capital, observa con detalle la cantidad de solares sin edificar que hay en la almendra central y la cantidad de edificios abandonados, cerrados a cal y canto, sin valor arquitectónico alguno, ¿dónde está esa supuesta falta de suelo? A continuación les muestro las hipotecas concedidas para la adquisición de suelo desde 2003 hasta el 2016,

hipotecassolares20032016Ya ven que la cifra sigue cayendo, desde aquella cresta de 2006 con más de 61.000 operaciones, ¿cuántas de estas operaciones han debido ser provisionadas por las entidades financieras?, ¿cuántas de ellas han terminado, como propiedades inactivas e improductivas, como activos en los balances de las entidades financieras?, ¿cuántos de estos suelos no verán construir sobre ellos? Estas son las preguntas que nadie quiere contestar ni tan siquiera los amigos de las 150.000, algunos no te dejan ni formularlas, parece ser que se les nubla la vista. En este punto conviene recordar que el Estado español, tan generoso él, es propietario del 45% de las acciones de una cosa llamada Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB), cuyo patrimonio neto es cada día más negativo, que en el informe del 1º semestre de 2016 no se recata en reconocer que los activos inmobiliarios en su poder han aumentado con relación a 2012. Y esas provisiones y pérdidas de patrimonio neto las pagamos entre todos.

Y como los turistas no paran de venir, algunos han pensado que lo mejor es seguir construyendo casitas en Canarias y Baleares, seguramente guiados por el espíritu de la insostenibilidad. Sí, ese al que le da igual como preservamos el medio ambiente, como respetamos nuestro entorno natural, y de ahí la furia de presión con otro de los mantras de los amigos de las 150.000, “el precio de la vivienda sube sin parar en Baleares y Canarias”, sin reparar en que en unas islas el recurso más escaso es el suelo y ello no se resuelve llenando ese espacio de casas y hoteles porque ¿dónde dejaremos el espacio para, simplemente, pasear o ir a la playa? Cualquier motivo es válido para presionar y hacer que las grúas se vuelvan a poner en marcha, sin medir las consecuencias.

Y me pregunto, ¿por qué nadie habla de viviendas eficientes con reducido consumo energético?, ¿por qué nadie habla de aplicar un nuevo sentido constructivo que eviten esos espacios inútiles o dedicados a un comercio que no vendrá? Pero lo más crítico de todo es, ¿por qué nadie recuerda que la población de este país sigue disminuyendo y envejeciendo y es posible que no haga falta tanta nueva vivienda?

Con las notas del Concierto de Año Nuevo de compañía les deseo lo mejor para 2017 en el que, entre todos, debemos evitar que se inicie un nuevo viaje al desastre arcilloso.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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