gastar lo que no se tiene

 

Dedicado a María Luisa

Cuando, de niños, mi madre nos llevaba a mis hermanos o a mí de paseo, aprovechábamos para pedir que nos comprara alguna cosa, unos barquillos (en aquellos tiempos aún había barquilleros) o un helado o unos caramelos. Indefectiblemente la respuesta de mi madre era “no puedo, no llevo dinero” Era un argumento convincente, rotundo. Y lo mejor de él es que no había tenido que decirnos que no. En ocasiones nos negábamos a aceptarlo y ella, con paciencia, abría el bolso y nos enseñaba un monedero vacío. Nos quedábamos paralizados, ya no se volvía a hablar de comprar cosas. La verdad es que, con el mayor de los respetos, deberán reconocer conmigo que mi madre nos hacía una pequeña trampa, porque muy hábilmente se “olvidaba” de coger dinero antes de salir de casa. La ventaja de vivir en una ciudad pequeña, en aquellos tiempos, es que no te hacía falta llevar dinero para poder comprar algo, pero eso no lo sabíamos nosotros.

Algunos políticos españoles, para negarse a ciertas cuestiones que se les exigen, que nos exige la historia, afirman con mucho desparpajo, “no se puede gastar lo que no se tiene”. Pero eso hay que explicarlo, entre otras cosas, porque es una falacia. Una más de las muchas que nos han contado durante los años de la crisis, que en breve serán una década, e incluso desde años antes de la crisis, ¿recuerdan?, “España va bien”, “Bajar impuestos es de izquierdas”, “¿Crisis?, ¿qué crisis?”. Y hablo de falacias porque de repente todo fue oscuridad, ya nada funcionaba, lo que significa que nada iba tan bien ni se podían bajar los impuestos y había crisis, ya creo que la había.

Opino que los políticos deben tener capacidad pedagógica para explicar adecuadamente a los ciudadanos el porqué de sus propuestas y decisiones, en octubre de 2014 hablé de ello con motivo de los presupuestos para 2015Su oficio no es el de inventar frases falaces al tiempo que pomposas, “gastar lo que no se tiene”. Últimamente los politólogos y sociólogos, entre otros, se han empeñado en exigir a los políticos elevados niveles de formación, está bien. Aunque no sea necesario ser catedrático o registrador de la propiedad excedente y con reserva de plaza. Yo les pediría que superaran el antiguo CAP, el Curso de Aptitud Pedagógica, convertido desde 2009 en un máster. Porque hay que explicar a qué se refieren con no gastar lo que no se tiene.

Mi madre nos hacía, a mis hermanos y a mí, una pequeña trampa, el ministro de Hacienda y Función Pública es un tramposo, porque recauda menos impuestos cada vez. Y menos mal que existe el IVA.Es natural que así no haya para gastar. Porque los estados no son entidades con recursos propios, disponen de los recursos que perciben de los ciudadanos mediante los impuestos que aprueban sus representantes en los órganos legislativos. Pero, de verdad ¿qué se debe entender por gastar lo que no se tiene? Porque las familias no tienen, en su inmensa mayoría, el dinero necesario para comprarse una vivienda y por ello se endeudan durante muchos años para lograrlo. Porque los empresarios no tienen, la inmensa mayoría, recursos suficientes para adquirir nuevos bienes de equipo o reformar los establecimientos y por ello se endeudan durante años para lograrlo. Porque los estados no tienen, ninguno, recursos suficientes para hacer las obras públicas necesarias y por ello se endeudan para lograrlo. Ya ven, no tenemos lo que nos gastamos y no pasa nada, porque así viene siendo desde hace mucho tiempo, financiamos las necesidades. Desde luego no deberíamos ser roñosos con la educación, por ejemplo, en la que el gasto público ya se encuentra en niveles del 4% en 2016, según algunos avances aún no publicados.

Sistema estatal de indicadores de la educación 2016

Sistema estatal de indicadores de la educación 2016. Ministerio de Educación, Cultura y Deportes

Mientras escribía esta entrada, un poco distraído con las últimas novedades judiciales que suponen sentencias sin condenas reales, me acordé de algunos casos en los que sí, efectivamente, se había gastado lo que no se tenía.

Me acordé de la reforma de la calle M30 de Madrid que costó la friolera de 7.000 millones de euros y la mayor acumulación de deuda que se recuerda en la historia municipal de España, tan grande y tan desorbitada que a los gobernantes locales no se les ocurrió mejor cosa para reducirla que vender viviendas sociales. Por cierto, los atascos continúan, eso sí ocultos bajo tierra.

Me acordé de la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia que, transcurridos 20 años desde que inició su andadura, aún no ha terminado de completar sus instalaciones. En el año 2015 se estimaba que su coste ascendía a 1.300 millones de euros, sin que se hubiera recuperado ni el 40% del mismo. Los efectos sobre el bolsillo de los valencianos y el prestigio de Santiago Calatrava son conocidos.

Me acordé de la línea 9 del metro de Barcelona, cuyo coste se estima que alcanzará los 16.600 millones de euros, el doble del coste de la línea de AVE de Madrid a Barcelona. Ya saben que aún no está terminada y eso que empezó a construirse en 2002.

La lista llega más lejos, mucho más lejos. Porque son muchos los proyectos de obra pública y servicios insospechados que no se sustentan en estudios serios de rentabilidad económica y social. Porque, con franqueza, ¿qué nos han aportado las radiales que circunvalaban Madrid y que han ido a la quiebra con coste para todos nosotros? No es solo que fueran ruinosas, como muchos expertos avisaron con tiempo, es que no han aportado nada en el sentido de la ordenación del territorio o en la mejora de las comunicaciones, al contrario, han tenido un negativo impacto medioambiental en el entorno.

¿De verdad podemos afirmar que es gastar lo que no se tiene, fomentar proyectos productivos en una época en la que los tipos de interés están en estos niveles de mínimos nunca vistos? Porque este país necesita inversión. ¿Y qué es inversión? Esta es una buena pregunta a la que voy a intentar dar una respuesta comprensible. Invertir es destinar fondos para la obtención de bienes o recursos que nos proporcionarán nuevos bienes y servicios durante un periodo de tiempo, generalmente prolongado. Es invertir comprar una máquina de embalar, pero no un lavavajillas; es invertir comprar una furgoneta de reparto, pero no un automóvil; es invertir destinar fondos para la educación, pero no para pagar unas vacaciones; es invertir destinar fondos para la prevención de enfermedades, pero no para hacernos una liposucción.

Sistema estatal de indicadores de la educación 2016

Sistema estatal de indicadores de la educación 2016. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Y si destinar fondos a la educación es invertir ¿por qué España sigue estando a la cola en el “gasto” en educación entre los países de la Unión Europea (UE)? Y aquí empezamos a llegar al punto de conflicto entre “gastar lo que no se tiene” e “invertir en lo que se puede financiar”. Y digo punto de conflicto, porque es el lugar en el que se enfrentan los que quieren un estado mínimo y raquítico y los que creen, creemos, que el estado debe ser limitado pero suficiente, eficiente y dinamizador. Este país no puede permitirse por más tiempo que el rostro que identifica a la crisis que padece desde hace casi 10 años sea el rostro de un niño, según nos dice UNICEF. No puede permitirse por más tiempo que los jóvenes, y algunos menos jóvenes, vean como se pierde casi una generación sin que el futuro sea identificable.

En aquél tiempo en que mi madre, con habilidad, nos negaba a mis hermanos y a mí el gasto superfluo, sin decirnos que no, podíamos hacernos una idea de cómo podría ser nuestro futuro, surgían en sueños las imágenes en que ese futuro se hacía posible.

Cuando el ministro de Hacienda y Función Pública limita la recaudación está borrando de un plumazo las imágenes en que se podría plasmar el futuro de los jóvenes de hoy, porque hoy en día los jóvenes tienen la certeza de que no van a disponer de un mejor nivel de vida que sus padres.

Un último apunte, destinado a los interesados en los asuntos energéticos, la energía eólica cubre el 104% de la demanda en Dinamarca y hunde el precio de la luz en Alemania. Hay países que intentan no gastar lo que no tienen, petróleo.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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