la mora

 

Estaba preparando la entrada para hoy cuando nuestro ínclito rompetechos nos sorprendió, una vez más, con una de esas ocurrencias tan suyas. Ocurrencias sin efecto alguno, pero que sirven para distraer la atención sobre otras cuestiones más importantes. Porque las ocurrencias suelen despertar mucho interés, por absurdas o por disparatadas o por irrealizables, de ahí su nombre, cualquier cosa menos inteligente o útil. Y es que rompetechos, del que conocemos ciertas habilidades, se dedica a alterar el panorama hacendístico español, con su habitual donosura, pero sin resolver los graves problemas que aquejan al sistema fiscal español, ni visos de que vaya a hacerlo. Claro que visto lo visto, casi es mejor que no entre en ello.

¿Se acuerdan de la comisión de supuestos sabios que nos iban a sacar de la oscuridad fiscal y llevarnos al reino del Jauja recaudatorio y de la equidad?, ¿Conocen a ese ministro de Hacienda que baja los impuestos antes de unas elecciones, para subirlos un vez celebradas?, ¿Recuerdan a ese adalid de la lucha contra el fraude fiscal que se sacó de la manga una ‘regularización fiscal’, más conocida como amnistía fiscal, de la que se beneficiaron algunos de los más conspicuos procesados en los últimos años por los más variados delitos relacionados con la corrupción?, ¿Recuerdan a ese ministro que, por boca de ganso, hizo saber a sus compañeros funcionarios que ‘el cafelito se iba a terminar’, pero que no fue capaz de ajustar las plantillas de funcionarios en el ámbito que le es propio? Este es el ministro contable y jefe de personal que se atreve a dividir municipios, él que era partidario de la supresión de municipios.

Todos sabemos cómo se vienen cerrando las cuentas del Estado en los últimos años para acercarnos al nivel de déficit comprometido con la Unión Europea (UE), aunque sin cumplir lo prometido. El método es cerrar la ejecución presupuestaria antes de terminar el año. Empezó con 1 mes y en el año 2016 ya fueron 6 los meses de anticipación. Con un administrador que usa tantas trampas, ¿cómo podemos esperar que se arregle el problema?

A pesar de todo no había que perder la confianza de que rompetechos iniciara una etapa de cordura y silencio, dada su perpetuación en el cargo de dueño de la caja y jefe de personal, al tiempo, con todo tipo de bendiciones, a pesar de tan dudoso quehacer o, quizá, precisamente por ello. Pues ello no va a cumplirse. Esta pasada semana nos hizo saber que cualquier esperanza es vana con él, porque ha decidido emprender una guerra fiscal contra las empresas morosas. Después de más de 12 años de legislar sobre ello otro gobierno y con la oposición parcial de los suyos, ahora pretende volverse el adalid de la lucha contra la mora empresarial, cuando aún no ha resuelto la mora de la administración, de manera real.

Efectos de comercio en cartera impagados, 2002-2015. Instituto Nacional de EstadísticaAhora que se recuperan niveles de impago más digeribles para el sistema, como pueden ver en la estadística de efectos comerciales impagados entre 2002 y 2015, es cuando nos acordamos del problema. Por cierto, esta estadística ya no se publica por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y, a pesar de la nota informativa, no sabemos aún quién va a cubrir el hueco.

Veamos lo actuado. Lo primero que hizo en diciembre de 2016 fue modificar el artículo 65 de la Ley General Tributaria, por medio del acostumbrado Decreto-Ley para evitar la discusión parlamentaria, y prohibir el aplazamiento de deudas con Hacienda por el IVA o por los pagos a cuenta del Impuesto sobre Sociedades. Aunque para conceder el aplazamiento si la deuda era superior a 30.000 euros hay que avalar y pagar un interés, ya no se admite aplazar el pago, ¿por qué? Nadie sabe contestar a esta pregunta, porque la Hacienda pública no estaba siendo perjudicada. Y existen casos en que el aplazamiento es vital para salvar actividades económicas. Mientras tanto sí se consienten actividades sumergidas en centros opacos, de los que Hacienda tiene la debida constancia, pero eso sería luchar contra muchas cosas y, a lo mejor, no interesa.

Y ahora, el jueves 12, anuncia que se van a aplicar medidas fiscales contra la morosidad de las grandes empresas. La verdad es que dijo ‘empresas’ a secas, pero la información periodística ya empieza a centra el tema. Y, desde la inocencia, uno se pregunta ¿por qué medidas fiscales?, ¿por qué solo a las grandes empresas? Los ministros Montoro y Báñez saben mucho de morosidad, el primero porque ha jugado con ella todo lo que le ha parecido oportuno y la segunda porque formó parte de la ponencia que estudió la Ley de 2004 contra la morosidad que, no lo olvidemos, era una transposición de una Directiva Europea. Quizá porque en la UE están más preocupados por ‘estas cositas’ de lo que lo estamos aquí. Solo hay que leerse los diarios de sesiones del Congreso de los Diputados y del Senado con las intervenciones previas a la aprobación de la citada Ley 3/2004 para fruncir el ceño. Por cierto, hablando de mora, y por tomar un ejemplo, ¿se impondrán sanciones al Fondo de Garantía Salarial por sus retrasos en los pagos?

Además de la mora real está la auténtica. Imaginemos una empresa que paga a sus proveedores mediante instrumentos financieros, ya sean pagarés o medios de conformidad bancaria (confirming), que tienen un vencimiento de 60 días, desde la emisión, que habrá que sumar a los 60 días desde que se recibió la factura. Sumen, 120 días. Pero el deudor podrá decir que ha pagado a los 60 días, que es el límite que marca la ley. Acerquémonos a una administración pública, de cualquier nivel, que ha encargado una obra y esta está ejecutada, pero no se certifica, es decir, no está oficialmente terminada y se puede dejar sin pagar, hasta que al responsable le parezca oportuno. Ya ven, dos moras auténticas, pero no reales y que no saldrán en las estadísticas.

Ministerio de Hacienda y Función Pública

Ministerio de Hacienda y Función Pública

Una parte importante de la mora es consecuencia de una falta de cumplimiento de los contratos y de una falta de agilidad judicial para exigirlo y de una actitud generalizada de aceptar que pagar, no digamos ya en su debido momento, no es absolutamente obligatorio. Esa parte de la mora que estoy describiendo, a la que podríamos llamar mora golfa, es fruto de una actitud complaciente con los incumplidores y un mirar con conmiseración a los que cumplen con sus obligaciones, como las fiscales. Y hay una última mora impropia, la de aquellos que van haciendo lo que no pueden y acumulan deuda tras deuda, hasta que llega el día en que esa deuda se convierte en mora, esas ciudades de la cultura, de las artes y las ciencias, de la justicia. Por eso es que, uno de los que consintió esas acumulaciones de deuda convertida en mora no puede pretender volverse el adalid de la lucha contra la mora empresarial.

La solución, que no pasa por lo fiscal, sería relativamente sencilla. Establézcanse ratios razonables de deuda comercial y a quienes los superen, sométaseles a supervisión del Banco de España, por pretender comportarse como bancos. Pero antes, seamos duros exigiendo que las empresas, todas, depositen sus cuentas en los registros mercantiles y las asociaciones y fundaciones y entidades religiosas y deportivas hagan públicas sus cuentas. No sostengamos por más tiempo las trampas y la ocultación y empiecen los jueces a, simplemente, aplicar la ley con prontitud. Y publíquense las listas de morosos, de los reales y de los auténticos, y dejemos en paz lo fiscal.

Y dedíquese el ministro a informar del porqué de que, en términos de ejecución presupuestaria en 2016 y hasta noviembre, se haya recaudado menos de lo previsto y se haya gastado mucho menos de lo previsto, pues no se ha ejecutado ni el 80% del presupuesto.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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