pensiones

 

Cuando llegan estas fechas aumentan las propuestas que invitan a concertar un plan de pensiones o sistema privado de protección social, con entidades gestoras que nos sugieren paz y tranquilidad en sus anuncios. Época en la que, al unísono con lo anterior, recrudecen los comentarios negativos sobre nuestro sistema público de pensiones, que vienen a poner en cuestión la viabilidad del mismo, pero sin que se sugieran formas concretas de solución a los problemas que se apuntan, pues algunos de ellos son ciertos. Sepamos que el sistema público de pensiones vigente en España, en toda ella sin que se salve territorio alguno, es de reparto; significa que las pensiones actuales se pagan con las cotizaciones actuales y las pensiones futuras con las cotizaciones futuras. Echen un vistazo al panorama del empleo y entenderán enseguida que el sistema de pensiones está amenazado por la reducción que se ha producido en el número de cotizantes.

Pero no solo es el número de cotizantes el que ha disminuido, con el ajuste salarial que se ha producido en este país, por mucho que le cueste reconocerlo al longevo ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, las bases por las que se cotiza actualmente también son menores. Y en este momento se nos cruzan dos curvas con tendencias diferentes, la de las pensiones medias, que es ligeramente creciente y la de las cotizaciones, que es decreciente. Mal negocio. Si a lo anterior le añadimos que la población española aumenta su esperanza de vida al nacer y la esperanza de vida al cumplir los 65 años, nos enfrentamos a un problema peliagudo, no digo irresoluble, pero sí delicado. Como todo problema delicado, requiere un acuerdo de largo plazo, lo que significa que, en él, deben participar el mayor número de representantes políticos y las circunstancias actuales de la política no lo favorecen especialmente. Dejar la resolución de ciertos problemas para mejores tiempos es como una maldición para que esos mejores tiempos no lleguen nunca.

Si volvemos la vista a un lado, que no atrás, nos encontramos con los ya citados sistemas privados de protección social, los planes de pensiones. No hablaré de los planes de pensiones de empleo, solo de los llamados individuales. Estos planes se basan en la acumulación de cuantías, fruto de las aportaciones efectuadas a lo largo del tiempo, más los rendimientos financieros que dichos capitales proporcionan. Pongamos en tela de juicio lo anterior. Mi amigo Luis tiene un plan de pensiones privado vinculado a una entidad financiera desde hace más de 15 y, por razones que no vienen al caso, hace más de 10 que no efectúa aportaciones a su plan. El valor de sus participaciones en el plan es el mismo hoy que el de hace 12 años, ¿dónde están los rendimientos acumulados que le iban a asegurar un complemento adecuado a su pensión?. Los rendimientos que proporcionaba el plan han servido para pagar a la gestora del mismo. Y si tenemos en cuenta la inflación del periodo considerado, nos encontramos con que el valor hoy, del capital ahorrado a lo largo de 15 años, es significativamente menor que el valor del mismo en origen.

La historia anterior, totalmente verídica salvo por el nombre del amigo, se repite en muchos otros casos, no solo por la crisis financiera desatada desde el año 2007, y viene a poner de manifiesto que no es cierto que la solución completa que resuelve los problemas sean los planes de pensiones privados. Se habrán dado cuenta que el único beneficiario de la película descrita ha sido la gestora del plan, pues ella sí ha seguido percibiendo sus honorarios, por eso los promocionan. También pueden haber sido beneficiarias las sociedades o instituciones en que la gestora haya decidido invertir los fondos, algo en lo que no nos fijamos mucho, pues a lo mejor es la única vía que esas entidades han tenido para obtener financiación a largo plazo, pero sin reparar en que podrían no ser proyectos rentables. Nos podríamos encontrar que algunos planes de pensiones privados estén financiando inversiones relacionadas con parques de atracciones o con bancos de China o, quizá, con obligaciones de algún estado de las antípodas.

Independientemente de que debamos controlar donde invierte los fondos la gestora de nuestro plan de pensiones privado, tenemos que enfrentar el problema de las pensiones de manera sosegada pero sin demora. Son muchos los aspectos a tratar y que guardan relación con las mismas. El nivel de empleo y las bases de cotización, la edad de jubilación, los periodos de cotización a considerar, la cuantía de las pensiones, son asuntos a tratar, teniendo en cuenta que, aunque los cambios en la tendencia demográfica son lentos, hay que auspiciar políticas que fomenten la natalidad; pero eso sí, con expectativas de empleo. Porque la clave para que un sistema de pensiones sea viable lo primero con lo que hay que contar es con una economía que genere empleo.

Por último, habrá que plantearse si el sistema de reparto es el óptimo o sería conveniente adoptar un sistema mixto. En un asunto de la enjundia y trascendencia del que hablo hay que acudir a negociar sin orejeras, sin posiciones preconcebidas y sin prejuicios. Probablemente el tema de las pensiones sea uno de los asuntos más importantes a resolver en el país y requiere, además de buenos modelos actuariales de cálculo, un gran derroche de imaginación y humildad.

Y dicho todo esto, habrá que pedir explicaciones al longevo, por los 7 años de ejercicio, ministro de Hacienda y Administraciones Públicas del por qué ha decidido reducir significativamente las cantidades que son objeto de deducción en el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) por aportaciones a planes de pensiones privados, a cambio de incentivar otros productos, más interesantes para las compañías de seguros y menos idóneos para fomentar el ahorro. Por cierto, no formo parte de la MERP, ni comparto todos sus planteamientos, pero estos movimientos ciudadanos son necesarios y ayudan a templar y centrar el debate.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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