pib y lo que viene

 

Obsesionados como estamos por crecer, conviene que comentemos los datos de PIB (producto interior bruto) del año 2016, que nuestro querido Instituto Nacional de Estadística (INE) nos anunció hace 3 semanas, al publicar un primer avance, así como la revisión de los resultados de 2014 y 2015, y que amplió la semana pasada con la serie contable desde 1995. Y digo lo de obsesionados porque nos hemos instalados, conscientes unos e inconscientemente otros, en una dimensión en la que solo valoramos el crecimiento cuantitativo, lo que es un grave error. Algunos recordarán que la economía es esa, especie de, ciencia que “estudia problemas que surgen en la actividad del hombre encaminada a satisfacer sus necesidades con medios materiales que solo están disponibles en cuantía limitada”, según certera definición de Luis A. Rojo. Pues bien, si son escasos ¿cómo es que estamos todo el día esperando que aumenten su uso?

Pero aquí seguimos instalados en el crecimiento continuo, como si esto fuera un circo y hubiera que hacer frente al ¡más difícil todavía! Este otoño, que ya ha comenzado, lo vamos a notar, por ejemplo, con el agua; pues es posible que debieran ponerse en marcha planes de consumo y aprovechamiento del agua más racionales, ya que la respuesta a la sequía, cíclica, pero ampliada por el cambio climático, no puede ser simplemente la construcción de nuevos espacios de almacenamiento, para cuya construcción hacen falta grandes cantidades de agua. Pero volvamos al asunto del PIB nuestro de cada día.

En 2016 el PIB de la economía española ha superado, ¡por fin!, al de 2008 que fue el año en que se alcanzó la anterior cota máxima, hasta la fecha. Aunque haya sido por unos “ridículos” 2.000 millones de euros, se ha superado. La verdad es que las revisiones posteriores de esa cifra podrían hacer que tuviéramos que desdecirnos de nuestras palabras, por ser la cifra final algo menor. Algo parecido ocurrió en 2010 al atribuir a ese año un descenso respecto de 2009, con más deseo político que técnico, para después tener que reconocer que el PIB en 2010 había aumentado con relación al 2009.

Y en el cuadro que pueden ver más arriba están los datos básicos del PIB, desde las tres vertientes desde las que se analizan los datos, demanda, oferta y rentas, para cada uno de los últimos 5 años y el año 2008, por aquello de que fue la estrella, en su momento. Y si empezamos a fijarnos con un poquito de detalle podemos ver, en primer lugar, que la remuneración de los asalariados no ha recuperado en 2016 el nivel de 2008, es un 95,19% de aquella, así empezarán a entender que la gravedad del reciente estudio de FUNCAS, del que muy pocos se han hecho eco por estar inmersos en innecesarias aguas turbulentas, es incuestionable y en el que se afirma que los contratos laborales firmados en la actualidad conllevan unos salarios un 12% inferiores a los de 2008. En contrapartida, los excedentes brutos de explotación sí han ganado terreno en este tiempo y ya están por encima del nivel de 2008. No obstante, quién no pierde ripio es la recaudación por impuestos indirectos que está muy por encima del nivel de 2008.

La segunda cuestión que llama mi atención es que el gasto en consumo final de los hogares ha recuperado los niveles de 2008, después del pozo al que cayó en 2013 y que tuvo negativos efectos sobre el conjunto de la economía. A pesar de esa evolución positiva, las últimas cifras no invitan al optimismo porque, volvemos a los salarios, es muy posible que el crecimiento haya tocado techo en las condiciones actuales pues los salarios reales siguen cayendo, como puede verse en la última encuesta de costes laborales trimestrales publicada por el INE.

Aunque para mí el dato más preocupante, porque afecta al futuro, es que la Formación Bruta de Capital (FBC) está en 2016 en el 69% de la de 2008. Básicamente es por el descenso de la inversión en infraestructuras, pero no solo por ello. La FBC determina qué va a ocurrir en el futuro y cuando se lleva más de un lustro con una escasa inversión agregada es muy posible que el futuro no sea nada halagüeño, entre otras razones porque la productividad se resentirá. Podemos seguir ajustando los salarios en una rueda negativa sin fin, pero ha llegado el momento en que eso no nos asegura una mejora de la productividad, solo de la aparente, y empecemos a no ser competitivos.

Es cierto que España se ha vuelto, otra vez ¡por fin!, un país destacado en el comercio internacional, pues salvo el bajón del 2009, las exportaciones de bienes y servicios no han hecho más que crecer en este periodo. Es posible que sin la grave crisis hubiéramos seguido con nuestra tradicional renuncia a la exportación, pero al fin hemos empezado el camino, que será largo y costoso. Para que se hagan una idea, un país como Holanda, muy inferior en extensión y número de habitantes al nuestro, exporta mucho más que nosotros, quizá porque ha sabido evolucionar industrialmente y tiene una tradición inversora importante. Este aumento continuado de las exportaciones, al tiempo que se contenían las importaciones, también es importante para determinar el futuro, la clave es ¿sabremos mantener el tesón y la constancia necesaria para alcanzar una balanza comercial de bienes con superávit?

Por lo que puede significar de acercamiento al conocimiento de la estructura económica de nuestro país, España, les he incluido un cuadro con la Clasificación del gasto en consumo final de los hogares por finalidad (COICOP, por sus siglas en inglés) que también elabora el INE.

Y vistos estos datos históricos, aunque no estáticos pues representan flujos durante un periodo de tiempo, debemos ver que nos anticipan otros datos sobre el futuro. El más significativo de todos ellos, porque engloba a otros, es el relativo al nivel de deuda de las administraciones públicas con relación al PIB. Según información del Banco de España, y a pesar del aumento del PIB, dicho nivel de deuda al finalizar el 2º trimestre de 2017 no baja del 100% del mismo. Y ello es así porque se ha decidido, políticamente, que el nivel de la presión fiscal debe estar por debajo del 35% del PIB, a diferencia del promedio de la Unión Europea que está en el 40%. Y por eso sigue habiendo déficit, y el que nos espera, y a falta de impuestos el déficit solo se cubre con más deuda.

Fuente: Banco de España

Este reducido gasto público es el que hace que el estado vea reducida su presencia, cada día en mayor medida, y no se pueda ofrecer una solución adecuada para muchos de los problemas que nos aquejan. Este estado deambulante, incapaz de ofrecer respuestas, y altamente endeudado, es el que dejamos para el futuro. Si bien la deuda puede tener soluciones con el tiempo, la oxidación aplicada a la maquinaria estatal y la apuesta por dejarla a la deriva son de difícil reparación y además de traernos problemas graves en el presente, dificultará la vuelta a un estado del bienestar, del que solo conocemos una pequeña parte de lo que ese concepto representa. Y es que hay que recordar a quienes se quejan de nuestros muy limitados servicios públicos que, para que existan, hay que pagar impuestos. Y dado que ese camino virtuoso, que dirían Acemoglu y Robinson, no parece ser el que se siga en el futuro, vayan preparándose para lo que vendrá.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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