preparémonos

 

Para los cambios que ya están aquí, aunque no seamos conscientes de ello, yo el primero. Y es que, independientemente de si son los esperados o deseados, son los que han llegado. Y muchos de ellos tienen influencia económica, amén del cambio que provocan en nuestras vidas, en la forma en que nos relacionamos con los demás o en la manera en que abordamos el ocio o la vida profesional.

El domingo por la tarde de hace un par de semanas estuve en el centro comercial Príncipe Pío de Madrid y descubrí que los despachos de abogados se han vuelto tiendas. A eso de las siete de la tarde estaba abierta la tienda del famoso bufete que promueve un portero de fútbol que fue famoso. Al más puro estilo americano, que decía la publicidad pasada de moda de algo pasado de moda. Un domingo por la tarde debe ser un buen momento para preparar una demanda. Es más, una o uno suele acudir al centro comercial con la documentación necesaria para interponer la oportuna demanda. El motivo debe dar lo mismo, porque para abrir una tienda que vende pleitos, 12 horas al día, los 7 días de la semana, hay que llevar adelante muchas demandas que sufraguen los costes de la pleitería, que es el término que se me ocurre para identifica a este tipo de comercio. Hay que ver las cosas que nos han traído las hipotecas.

Hace unas semanas mi amiga Ana me habló de su descubrimiento de los ‘influencer. Por razones profesionales había tenido la oportunidad de conocer algunas de las condiciones que fijan estos vendedores y vendedoras del siglo XXI, quiso comentarlas conmigo y se quedó sorprendida cuando supo los seguidores que estas personas tenían en las redes sociales, Youtube, Instagram, Facebook o Twitter, que son los medios de comunicación de hoy en día, y la repercusión inmediata que la más mínima frase o gesto de estas personas suponía para una marca comercial determinada. La verdad es que siempre han existido los prescriptores, pero no con el nivel de “influencia” que tienen estas personas, algunas de ellas muy conocidas, como la mujer del portero que fue famoso del que hablaba antes y que es una destacada ‘influencer’. La publicidad ya no se hace solamente en televisión, en radio o en la prensa escrita, pues en alguno de estos medios está en regresión, mientras en la red de redes aumenta su peso económico. Para los interesados en el mundo de la publicidad les dejo este enlace. La publicidad se cuela por todas partes.

Sirvan los dos ejemplos anteriores como muestras del nuevo mundo que, repito, no se anuncia, ya está aquí. Y, perdonen mi atrevimiento, si no gusta, hay que hacer lo necesario para cambiarlo, lo que no podemos hacer es negarlo.

Presión fiscal en los 28 países de la Unión Europea y otros 4 países europeos no miembros en 2016. Eurostat

Pero antes de adentrarnos en ese nuevo mundo debemos enfrentarnos al que tenemos, para, si es posible, mejorarlo. Pues estoy seguro que se puede lograr, a poco que nos pongamos a ello, y merece la pena intentarlo en pro de las generaciones venideras. No podemos dejar a los que nos seguirán en el tiempo una economía endeudada hasta las cejas, por ejemplo, o un sistema de atención social renqueante y anoréxico, como el que tenemos en estos momentos. Nuestra obligación es mejorar aquello que recibimos. Y lo que recibimos no son las condiciones en que nos encontramos después de la batalla contra la crisis, que son bastante lamentables, por cierto, como vamos conociendo poco a poco. En el espacio que precede pueden ver un cuadro que nos ofrece la oficina de estadísticas, Eurostat, de la Unión Europea (UE) sobre el peso de los impuestos y contribuciones sociales con relación al Producto Interior Bruto (PIB) o GDP (por sus siglas en inglés) de los 28 países miembros y 4 países más de Europa no miembros.

Como españoles deben buscarse en la cola del pelotón, en el grupo de los 9 países con menor presión fiscal de toda Europa. En el grupo de los que, a diferencia del promedio, ha reducido la presión fiscal en 2016 con relación a 2015 y a 2006. Muchos se acordarán de la década perdida de la que hablaba hace una semana, aquí la tienen. Porque nuestra presión fiscal, que así se llama a la relación que se obtiene de dividir la recaudación de impuestos y contribuciones sociales por el PIB, apenas alcanza el 34%, cuando el promedio de los países de la UE es del 40% o el de los países del área del Euro es del 41%. Diferencias significativas que, de no existir, harían que este país no tuviera déficit público, que las pensiones no estuvieran en peligro, al menos por ahora, y que las prestaciones sociales fueran dignas de ese nombre. No les hablo ya de poder invertir en infraestructuras. Todo ello sería posible.

Pero es que un país, como España, que, a pesar de haber elevado los tipos nominales del IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) en estos últimos 6 años, sigue teniendo una de las recaudaciones, con relación al PIB, más baja por este impuesto de toda la UE, o que, a pesar de tener un tipo nominal en el Impuesto sobre Sociedades de los más elevados de la UE, sea de los que menos recauda, con relación al PIB, por este impuesto, tiene un grave problema de salud fiscal. Aunque a lo mejor es que las estadísticas están equivocadas y no tenemos el PIB que decimos tener, a lo mejor no somos tan importantes como nos pensamos y sí tenemos una presión fiscal acorde con el sobrenombre de europeos. Me temo que, por muchas vueltas que le demos a este asunto, la realidad del fraude es la que se impone.

Pero, además, se impone recuperar la cordura. Cuando alguien les diga que en España se pagan muchos impuestos, respóndale que no es cierto y enséñenle el cuadro anterior. Cuando la aritmética se impone no hacen falta más argumentos ni es necesaria la estridencia. Ni tan siquiera en lo que respecta a las contribuciones sociales, las cotizaciones a la Seguridad Social, es destacada la presión, pues en este ámbito ocupamos el puesto 17 de 32, y por supuesto por debajo de la media; sin olvidar que en Dinamarca las cotizaciones sociales casi no existen y se contribuye desde el impuesto sobre la renta. Y es que no pueden existir prestaciones sociales, infraestructuras, sanidad pública o educación si no es mediante el pago de impuestos. Pero algunos siguen empeñados en lo imposibleY dicho todo eso hay más cuestiones de nuestra realidad actual que resultan preocupantes y hay que considerarlas, sobre todo ahora que llega el final del año y estamos fijando los compromisos que vamos a asumir en el próximo.

En estos días de Bitcoinmanía algunos medios se empiezan a tomar en serio ciertas desmesuras y algunos servicios de estudios se empiezan a hacer preguntas impropias para una supuesta situación saneada de la economía. Y es que ciertos valores, índices y ratios, pueden llegar a preocupar al más pintado. Y a pesar de que uno no es pesimista por naturaleza, aunque dicen que un pesimista es un optimista bien informado, hay fenómenos que no podemos pasar por alto. En el Informe Mensual de noviembre de CaixaBank Research, aparece un gráfico, que pueden ver más arriba, sobre la evolución de la tasa de ahorro de la economía española en porcentaje sobre la renta bruta disponible y, dado que el consumo se empieza a disparar, vean el comportamiento de la tasa, idéntico al de los años anteriores a 2007. Escasísimo nivel de ahorro que, en cualquier caso, no anticipa nada bueno. Solo se me ocurre decir, preparémonos.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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