¿qué tontería es esta?

 

Confío en que el gran periodista Miguel Ángel Aguilar sabrá disculpar el préstamo para el titular de esta entrada, que viene a interrumpir la serie sobre los polígonos industriales, por la alarma que me han producido las declaraciones de la ministra de Empleo y Seguridad Social en funciones sobre el pago de pensiones a trabajadores. En concreto ha afirmado que será compatible percibir una pensión y seguir trabajando. Es evidente que hemos perdido el rumbo. Y seguro que debo ser de los pocos que se opongan a esta medida, al menos déjenme explicar mi opinión al respecto.

La pensión de jubilación procedente de sistemas públicos y más tradicional, que no se ha creado en tiempos recientes ni en este país, es aquella que permite que una persona perciba unos ingresos desde que deja de trabajar y hasta el momento de su fallecimiento, a cambio de haber cotizado al organismo correspondiente, tanto el interesado como los empleadores para los que trabajó a lo largo de su vida laboral. Y son jubilaciones que se pagan con las cotizaciones de los trabajadores y empresarios que se mantienen en activo durante la vida de retiro de aquél. Es el sistema comúnmente conocido como sistema de reparto.

En los sistemas de acumulación, generalmente privados, se aportan unas cantidades a un fondo que en unión de las rentabilidades que se vayan generando permitirá ‘acumular’ una determinada cuantía, que el aportante percibirá en forma de capital o de renta, vitalicia o no, llegado el momento de la jubilación. Pero solo percibirá la cantidad acumulada o su equivalente financiero en forma de renta y según la estimación de su esperanza de vida.

Ciudadanos en el parque de El RetiroEn los sistemas de reparto no se tiene en cuenta la esperanza de vida del perceptor de la pensión de jubilación y esta no se puede percibir en forma de capital, pues no existen capitales acumulados. La cuantía de la pensión se calcula en función de las bases por las que se cotizó en los años de actividad. Este es el sistema español de pensiones, de reparto. De ahí que en los tiempos actuales en que las pensiones son crecientes, porque se están jubilando personas que tuvieron retribuciones más elevadas que sus predecesores, y los salarios son decrecientes, por los ajustes derivados de la mayor recesión mundial de la historia desde 1930, el déficit de la Seguridad Social sea creciente, porque lo que se percibe es mayor que lo que se aporta.

Volviendo al concepto pensión, de acuerdo con nuestro sistema de reparto, no es posible compatibilizar la percepción de una pensión con la continuidad en el trabajo, porque nadie ha acumulado un capital, las personas que alcanzan los 65 años de edad, incluso menos, y bajo ciertas condiciones, han acumulado un derecho que pueden ejercer a cambio de no continuar con su actividad laboral. Cosa distinta es la percepción de rentas derivadas de los capitales acumulados en años anteriores o procedentes de herencias o incluso de los derechos de la propiedad intelectual de obras creadas con anterioridad a la jubilación, ninguna de estas figuras guarda relación con la continuidad laboral, con el denominado envejecimiento activo.

Incluso en el caso de los sistemas privados de pensiones, ya sea en los de empleo o en los individuales, no se permite el cobro de las prestaciones si no se alcanza la situación, que no solo la edad, de jubilado. A pesar de lo cual y gracias a la reforma del año 2013 (Real Decreto-Ley 5/2013) se permite compatibilizar el cobro del 50% de la pensión de jubilación consolidada con la percepción de rentas del trabajo o de actividades económicas. Lo que fue el inicio de lo que ahora se pretende ampliar al 100% en la próxima legislatura y que, en mi opinión, supondrá la desaparición del actual sistema.

Ciudadanos en el parque de El RetiroLa Seguridad Social no sabe cómo permitir el envejecimiento activo mediante sistemas de incentivos. Pero apoyar el sistema del 50% ahora y del 100% en breve no es el camino. ¿Por qué? Pues porque para que ese sistema sea viable tendrán que vincular la cuantía de la prestación a la esperanza de vida del perceptor o perceptora, como ya está previsto, legalmente, a partir de 2019. Y el tema se agudizará aún más si se compatibiliza el cobro del 100% con otros laborales o profesionales.

Mi opinión es que la sostenibilidad del sistema no viene por permitir esa compatibilidad, porque no es necesaria para favorecer el envejecimiento activo, que se puede incentivar a base de eximir de cotización el 75% de la base correspondiente de un trabajador que prolongue su actividad laboral en las mismas circunstancias económica, para evitar engaños, una vez llegada la edad de jubilación establecida que, por si no lo recuerdan, irá aumentando en los próximos años. Como irá aumentando el número de años de cotización necesarios para acceder a la pensión.

Estas reformas, que van a empezar a sentirse dentro de poco en España, ya comenzaron en Alemania hace unos años y convendría hablar con los jubilados alemanes para conocer su opinión al respecto. Para ello, nada mejor que leer este artículo de El Confidencial, de fecha reciente. Vayan haciéndose una idea.

Compatibilizar el 100% de la pensión con percibir rentas del trabajo o profesionales es un aviso, no de mejora, si no de que las pensiones van a caer de forma significativa. Esto parece una especialidad más de eso que se ha puesto tan de moda, la economía colaborativa, esa que sirve para tener habitaciones muy baratas y taxis muy baratos, gracias a que esos posaderos y taxistas se ven obligados a completar salarios cada vez más escasos.

Siento discrepar, pero no puedo aceptar que se compatibilice la pensión de jubilación con seguir trabajando. No estamos para hacernos ricos por esta vía, estamos para vivir dignamente. Jubilados, sí. Pedigüeños, no. Y a buen entendedor pocas palabras bastan. Porque el sistema de solidaridad intergeneracional que suponía el estado del bienestar se basaba en permitir una vida digna, no un sistema de acumulación de rentas sin sentido alguno. Dicho con todo el respeto, no son los tiempos de la vejez los destinados a un aumento del nivel de vida de las personas. Por eso, no se dejen engañar con promesas que anuncian escasez no abundancia.

Las campañas periodísticas en las que se presiona sobre la inviabilidad de las pensiones no han comenzado, se han agudizado, y vamos a vivir un áspero debate sobre el particular en los próximos meses, exento del más mínimo respeto y consideración, ya lo verán. Y el debate será ahora para que no se vea desvirtuado por periodo electoral alguno y se puedan aprobar las duras reformas sin la careta de una campaña electoral en ciernes.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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