¿ricos?

 

Haces unos días, en uno de esos alardes periodísticos para rellenar espacio, podía leerse en el titular de un avance de lo que va a ocurrir en 2018 que España entraba en la lista de los países ricos, y ello porque nos convertíamos en contribuyente neto a las arcas de la Unión Europea (UE) después de muchos lustros de ser perceptor neto. Vaya chasco, yo pensaba que nos había tocado “el gordo” económico y pasaríamos a tener un nivel de actividad con más valor añadido. Siguiendo el silogismo de ese titular podríamos concluir que si uno paga impuestos es que es rico. Y como bien sabemos nada más lejos de la realidad. Aunque, como sabe todo el mundo, los criterios de riqueza y pobreza se establecen por comparación, no son términos de valor absoluto.

Hablando de absolutos, perdonen por no cuidar las formas. Bienvenidos a 2018. Se me olvidaba que hay que saludar al comienzo de un año y desear que el mismo sea próspero para todos. Y ahí está la clave de la riqueza, de la pobreza y de los absolutos, en el para todos. Porque todos deberíamos concluir el año saboreando que hemos mejorado respecto del anterior, lo que a estas alturas del siglo es imposible de aseverar. Por mucho que nos quieran vender humo. Y, desde hace varias semanas, hay un economista, vendedor de crecepelo, que se dedica a escribir artículos intentando demostrar que las negras nubes que algunos vemos en nuestra economía son inciertas. Debe ser que, para el autor, ya hemos alcanzado el famoso y conocido ‘Valhalla’ de los vikingos, sin darse cuenta que las condiciones en las que habitan los nórdicos, herederos de los vikingos, no guardan parecido con las nuestras.

Y no olvidemos que todos pagamos impuestos, porque todos pagamos nuestro impuesto al consumo por excelencia, el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) Porque el IVA es un impuesto que grava el consumo, tal y como se afirma en el artículo 1 de la Ley que lo regula, aunque pueda parecer mentira. Lo que ocurre es que su método de recaudación lo hace parecer otra cosa. Y si nos dejamos llevar por las estadísticas resulta que no somos tan ricos como creíamos. Somos el tercer país de la UE que menos IVA recauda en proporción a su PIB (Producto Interior Bruto) y eso solo puede deberse a una de las siguientes razones, o bien tenemos unos tipos de IVA muy bajos, lo que no es cierto, o bien tenemos un elevado nivel de fraude, lo que no sabemos a ciencia cierta porque, como no somos tan ricos como dicen, tenemos unos medios de control fiscal muy limitados.

Y los ricos presumen de infraestructuras, que cuidan adecuadamente y mantienen a lo largo del tiempo para que sean eficaces y presten los servicios a los que están destinadas. Y la ausencia de ese gasto en mantenimiento se nota, y mucho, cuando, con el devenir de los años, vamos comprobando como el deterioro se apodera de nuestras infraestructuras. La verdad es que como no somos tan ricos como nos creemos, la falta de mantenimiento y renovación da lugar a que se nos caigan los hospitales o se nos gripen los trenes. Y esto es solo el comienzo de lo que puede ocurrir, fruto de una década de “ahorro” impuesta por aquellos que defendían, algunos aun lo defienden, que la austeridad bien entendida empieza por la ausencia de mejoras. Así nos va con esa permanente reducción de la recaudación. Permítanme un soliloquio populista, si somos ricos ¿por qué bajamos la presión fiscal? Lo lógico sería aumentarla o, como mínimo, mantenerla, dadas nuestras capacidades, pues los países del ‘Valhalla’ tienen una presión fiscal muy superior a la nuestra.

Pero en este país de supuestos ricos, en el que se abren pleiterías, de las que les hablé hace poco, no es sorprendente que alguien haya decidido que todo el mundo tiene que tener a su alcance cualquier servicio que contribuya a hacernos felices para lo que, de acuerdo con los tiempos modernos, si es necesario se ponen en marcha servicios de psicólogos ‘low-cost’, lo mismo que tenemos vuelos ‘low-cost’ o ropa ‘low-cost’. Como ya han visto más arriba la imagen del anuncio saben que no les miento. He borrado, por prudencia, el teléfono de contacto, pero no las faltas de ortografía, para que podamos ver las huellas de los daños colaterales de los otros recortes que aplicamos en este país que se nutre de servicios ‘low-cost’. La referencia del anuncio a que se atiende a través de la conocida red Whatsapp desconozco si se refiere a las peticiones de consultas o a la consulta en sí misma. La verdad es que no me imagino una consulta con el psicólogo por Whatsapp, pero ello justificaría el bajo coste de la misma y demostraría que este país, siguiendo la máxima de Unamuno de que inventen ellos, inventar poco, pero picaresca toda.

Instituto Nacional de Estadística

Al final de 2017 y al comienzo de 2018 asistimos a una serie de acontecimientos que demuestran que este país está a la vanguardia de lo impredecible y que no nos vamos a aburrir por mucho tiempo, aunque la riqueza no nos alcance, ya no diré a todos, ni siquiera a una minoría significativa. Y si a ello le añadimos eso tan nuestro del “se van a enterar”, los resultados pueden trocar las risas en llantos.

Y a todo esto, la población española residente, nacida en España, sigue disminuyendo, llevamos tres semestres seguidos en que el número de españoles nacidos en España disminuye, porque se producen más defunciones que nacimientos. El aumento, ligero aumento, de la población en general es debido a la inmigración y el aumento de población de españoles residentes es debida a la adquisición de la nacionalidad española. Y si acercamos el foco y nos fijamos en los datos por comunidades autónomas, a los que habría que hacer más caso, los mismos muestran dos fenómenos significativos, solo hay 5 regiones en que se produce un aumento vegetativo de la población y en 10 regiones se produce un saldo migratorio interior negativo. Que la población no aumente significativamente es un dato negativo, muy negativo, para nuestra economía. Y no nos augura un mañana mejor, todo lo contrario. Así que, de ricos, nada de nada, porque no vivimos de rentas sino del trabajo y cada vez somos menos para sostener nuestro país.

Algunos están obsesionados con la pobreza y por eso nos hablan de una riqueza que no es. No todo ha de ser blanco o negro. Y esta obsesión por la pobreza, en muchos casos rechazo, demuestra que la elección de la palabra del año, aporofobia, no está tan fuera de lugar. No existirá la pobreza si trabajamos para erradicarla, no se trata de temerla.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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