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Han leído bien TTIP. ¿No les suena? Pues son las siglas de Transatlantic Trade and Investment Partnership, en inglés, o Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión, en español. Y es algo así como “la madre de todos los acuerdos comerciales posibles”. El acuerdo comercial, sobre inversiones y derechos de propiedad intelectual más ambicioso posible entre dos gigantes del comercio, la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos de América (EE.UU.) Los datos estadísticos nos hablan de que entre ambos suman algo menos del 50% del PIB (producto interior bruto) mundial. Todo un desafío.

Pero el TTIP, que ha levantado muchas cautelas y reservas, despierta una reacción negativa en muchos colectivos e incluso la oposición más o menos fundamentada de significados partidos políticos. Y en concreto, la posición que se pueda adoptar frente al TTIP se ha vuelto un arma arrojadiza en la política interior en España. Actitud alentada por algunos medios, ¿Cuál es la razón de tanta controversia?, ¿Por qué el TTIP puede ser negativo? Digamos que, hoy por hoy, el TTIP es un proyecto, no es una realidad y los técnicos calculan que aún faltan unos dos años para que se convierta en algo real. Y además, como suele ocurrir con los acuerdos arancelarios y de armonización legislativa, su entrada en vigor se hará de forma paulatina.

Dicho lo anterior, y como siempre, debemos empezar por el principio para poder ofrecer alguna opinión sobre esta cuestión. Parece mentira que haya que decir esa obviedad, comenzar por el principio, pero en ocasiones se opina sobre las cosas sin saber de dónde vienen o como se han ido formando. El auténtico comienzo es muy lejano, allá por el comienzo de la década de los noventa del siglo pasado, el más mediato es febrero de 2013 cuando, en una comparecencia conjunta, los Presidentes de los EE.UU., del Consejo europeo y de la Comisión europea informan de que se inician las negociaciones para alcanzar un acuerdo comercial. Y los acuerdos comerciales se negocian con mucha discreción para no perjudicar a los negociadores ni a las partes. Pero el TTIP no es un acuerdo comercial más. Y aquí nos encontramos con el pecado original del TTIP que ha hecho que sea considerado como un producto tóxico de primer nivel. El absoluto secretismo de las negociaciones en un tratado que pretende regular legislaciones que afectan a muy diversas materias. Saltan las alarmas, ¿Por qué tanto secretismo?

El mandato del Consejo europeo a la Comisión para negociar el TTIP con las oportunas directrices, de 17 de junio de 2013, era un documento clasificado. Lo que motivó que en el inicio solo 7 eurodiputados podían acceder a los textos que se iban consensuando entre las partes. Con posterioridad y fruto de las presiones, el 9 de octubre de 2014, el Consejo acuerda desclasificar el documento de mandato. Aunque no crean que hemos avanzado mucho. Hoy pueden acceder todos los eurodiputados, pero bajo petición previa, por un espacio máximo de 2 horas, bajo la vigilancia de un funcionario de la UE y sin poder hacer copias y, lo más delicado aún, sin poder hacer comentarios a terceros sobre el texto leído, que está en inglés.

La eurodiputada española del PSOE en el registro previo para acceder a la sala donde se consulta el borrador del TTIP. Vía http://www.elconfidencial.com

La eurodiputada española del PSOE en el registro previo para acceder a la sala donde se consulta el borrador del TTIP. Vía http://www.elconfidencial.com

Cuando están en juego cambios en normas sobre medioambiente, seguridad alimentaria, derechos laborales, sistema financiero, propiedad intelectual y servicios sanitarios, entre otras, no se puede actuar con el secretismo que lo está haciendo la Comisión europea, con la aquiescencia del Consejo. Recuerdo que no es un simple acuerdo comercial. Y una parte singular del tratado es la maximización del papel de los ISDS, Investor-State Dispute Settlement, en inglés, y Sistema de Resolución de Conflictos entre Inversor y Estado, en español. Los ISDS son sistemas de arbitraje privados, de naturaleza opaca y de costoso acceso, que pueden poner en riesgo, y en algunos países lo están intentando claramente, la capacidad legislativa de los estados. Que le pregunten a Australia o a Egipto, que tienen demandas ante los ISDS por multinacionales, en el primer caso por normas para restringir el consumo de tabaco y en el segundo por un aumento del salario mínimo. Y no olviden que son tribunales privados.

En este artículo, muy reciente, pueden leer una controversia surgida con el Director General de la Cámara de Comercio de España, cuyo cargo lleva aparejada la presidencia del Comité de Designación de Árbitros de la Corte Española de Arbitraje. Los sistemas privados de arbitraje entre empresas, que se crearon porque eran más ágiles que los juicios tradicionales, se extendieron a las relaciones entre estados e inversores, al desconfiar estos últimos de la independencia de los tribunales públicos de aquellos, en determinados países. La verdad es que un arbitraje privado tiene una ventaja para algunas partes y es la opacidad, nada de lo que se discute en ellos sale a la luz y a las empresas, en las relaciones entre ellas les puede ser muy útil, pero ¿Podemos aceptar que un pleito privado, de naturaleza opaca, con problemas en la designación de los árbitros, con reglas de dudoso equilibrio, puedan limitar la soberanía de un país democrático?

Si bien es cierto que los tratados de comercio, que sirven para reducir aranceles y superar barreras reglamentarias, no son perjudiciales en sí mismos, al contrario han hecho crecer el comercio mundial, crecimiento del que todos nos hemos beneficiado, no es menos cierto que en el TTIP lo importante son las denominadas BNA (barreras no arancelarias), pues entre la UE y EE.UU. casi no existen aranceles o son reducidos, limitados a productos alimenticios y vehículos a motor, básicamente. Y cuando se habla de armonizar regulaciones y reglamentaciones se puede estar hablando de homogeneizar y esto ya es más delicado.

Es en esa posible homogeneización de la regulación donde ven el peligro y ponen el grito en el cielo los contrarios al TTIP porque, como dije antes, parte de la culpa la tiene el pecado original de oscurantismo en que se ha movido, y aún se mueve, la negociación del TTIP. Si las autoridades de comercio de EE.UU. piensan que esta es la negociación de un acuerdo comercial más transparente de la historia me parece estupendo, pero para los estándares de las democracias europeas es totalmente insuficiente. Armonizar normas laborales no requiere confidencialidad, como no la requiere la armonización de las normas de etiquetado de productos alimenticios, ¿es que a alguien le molesta que haya que poner en el envase que el producto es un transgénico?

Donde hay secretos y grupos de presión organizados actuando, es muy fácil manipular la información, filtrar información interesada, denunciar nimiedades mientras se “cuelan” los auténticos problemas. Según fuentes generalmente bien informadas, que se decía antes, algunos dirigentes de países del este de Europa creen en los ISDS porque no se fían de sus instituciones judiciales. Pues bien, esto es renunciar a resolver los problemas de base y mecerse en la mediocridad. Europa se merece algo más de transparencia y algo menos de conformismo, ¿O también en la transparencia hay riesgo moral?

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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