vacaciones

 

Estamos en periodo vacacional y por eso traigo datos sobre el turismo. La verdad es que son datos de enero y es que desde que el Instituto Nacional de Estadística se hizo cargo de las estadísticas de los movimientos en frontera (FRONTUR) en septiembre de 2015, estas se publican con más retraso que cuando se encargaba de ellas TURESPAÑA. Las estadísticas nos muestran un aumento del número de visitantes extranjeros en enero de 2016 con relación a enero del año anterior, un aumento del 11,2% nada menos.

Ese dato presagia una buena temporada turística en España que, de seguir con la tendencia que apunta la cifra del mes de enero, podría volver a alcanzar un máximo histórico en el número de visitantes. Y ello contribuiría a mantener al turismo como el principal sector de actividad del país, un año más y ya son muchos.

Estadísticas de movimientos turísticos en frontera (FRONTUR) enero 2016Pero estos datos, con ser buenísimos, me llevan a reflexionar sobre la realidad económica de nuestro país. Máxime en un periodo vacacional que por su naturaleza y origen es muy dado a la reflexión, aunque confluya con el comienzo de la primavera en este caso, sospechando que el comienzo primaveral no es precisamente una época de quietud, que se decía antes.

El turismo en España, como ejemplo paradigmático del país, carece de una serie de factores que lo hagan una actividad enriquecedora para el conjunto de la sociedad. El turismo, por su propia naturaleza, es una actividad de bajo valor añadido y si, a esa naturaleza, no le aplicamos ciertos resortes, la mantendremos en un bajo nivel.

Con un flujo de visitantes que se acerca a los 70 millones de personas al año y sin que haya empezado, de forma masiva, el turismo procedente de China, no se alcanza a comprender que en España no existan grandes turoperadores, ninguno entre los 10 primeros de Europa.

La actividad de cruceros, de tanto éxito en otras áreas, no tiene a grandes compañías españolas operando en las rutas de mayor tráfico, ni tan siquiera en nuestro entorno. Esta actividad implicaría además una actividad de construcción naval importante que, seguro que alguien pensará que no podríamos atender. Pues algunos de estos cruceros se construyen en otros países de Europa, Francia o Finlandia por citar alguno.

En España una parte importante del turismo se dirige a nuestras islas y a zonas muy concretas en la península. No es un turismo con grandes desplazamientos durante su estancia, pero sí tiene deseos de desplazarse, con recorridos cortos. ¿Alguien se ha parado a pensar lo oportuno que sería desarrollar vehículos apropiados para estos recorridos? Vehículos que no necesitan alcanzar grandes velocidades ni disponer de espacios para el transporte de equipajes. La compra de vehículos destinados a los alquiladores en las zonas turísticas, es uno de los motores de la industria del automóvil y quizá podría tener sentido desarrollar algo específico que pudiera exportarse a otros países.

La ordenación del territorio es una tarea de presente, que afecta al futuro, entre otras razones porque ella puede contribuir a hacer un mundo más sostenible, desde cualquier punto de vista que se mire. ¿Nos hemos parado a pensar en la cantidad de factores de alto valor añadido que se mueven en este ámbito y que se ven favorecidos y afectados por el turismo? Pensemos por un momento en los aspectos medioambientales relacionados con la actividad turística. Como país que gestiona una población de visitantes extranjeros que suponen una relación de casi 1,6 visitantes por habitante al año, podríamos desarrollar ciertas herramientas que contribuyan a un mejor tratamiento del medioambiente y que resultarían más fácilmente exportables, pues los turistas serían nuestros mejores agentes comerciales.

Pero en vez de pensar en investigar, desarrollar e innovar, nos encontramos con que la parálisis institucional (con y sin gobierno), la falta de riesgo en los empresarios españoles y la falta de que los poseedores de capital se decidan, por una vez en la historia, a financiar otras alternativas económicas en el país, nos vemos abocados a tener que pensar en penurias que aumentan cada día.

Nos han obligado a pensar en que los niveles de desigualdad aumentan en el país, en que el riesgo de entrar en situaciones de pobreza alcanza a un mayor porcentaje de población, en que la deuda, aún sin ser insostenible, hace difícil contraer otra nueva para desarrollar proyectos, en que la población disminuye, en que los salarios son menguantes, en que la precariedad laboral sigue creciendo y el número de horas trabajadas menguando, en que no vemos salidas para los jóvenes.

Reflexionen durante las vacaciones, quizá a la vuelta hayamos dado con la tecla para pensar que no todo está perdido.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *