invierta usted

 

Una de las razones, aunque quizá no sea la fundamental, por la que EEUU salió de la Gran Depresión que surgió en 1929 fue el programa de inversión pública, que desde su proyecto del New Deal, puso en marcha el presidente de dicho país Franklin Delano Roosevelt en 1933, tras ganar las elecciones de 1932. Aquello estaba basado en el criterio de que un aumento de la inversión pública tendría un efecto multiplicador sobre la actividad de la economía y supondría un aumento del bienestar y de la riqueza de la población, con un aumento significativo del empleo. Ya estoy oyendo a los de la austeridad hacer ruidos molestos, así que vamos a pedirles que se calmen y lean con atención. Ese vasto programa de inversión pública en infraestructuras, de todo tipo, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días, se financió con deuda pública. Sí, deuda pública, eso que revuelve en sus asientos a los austerófilos.

By FDR Presidential Library & Museum (CT 09-109(1)) [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

El presidente Franklin Delano Roosevelt en 1944

La verdad es que la razón fundamental del despegue económico de los EEUU en la década de los 40, del siglo pasado, fue su participación en la II Guerra Mundial por la puesta en ebullición de la industria militar y que se ha mantenido hasta la actualidad. La influencia que la industria militar tiene en el conjunto de la economía es muy elevada y repercute muy positivamente sobre el conjunto de los ciudadanos. No estoy defendiendo el armamentismo, me limito a poner de manifiesto un hecho cierto y contrastado. La participación de los EEUU en la II Guerra Mundial se financió con deuda pública y el despegue de la industria militar de los años posteriores con impuestos. Otro concepto que irrita sobremanera a los austerófilos.

Y ¿qué pasa cuando no hay inversiones públicas?, los amigos de los austerófilos nos dirían que están las inversiones privadas que sustituyen, con mayor eficiencia a las inversiones públicas, porque, dicen ellos, que no se producen derroches. A lo que podemos contestarles que no nos lo dirán por inversiones privadas como el aeropuerto de Ciudad Real o las radiales de peaje que rodean Madrid, por poner un par de ejemplos recientes. Lo normal es que, ante la ausencia de inversiones públicas para la puesta en marcha de ciertas infraestructuras, no existan alternativas privadas. En España tenemos un importante bagaje histórico al respecto, basta recordar las quiebras de compañías ferroviarias en el siglo XIX y al comienzo del XX y a la que hubo de ponerse algo de orden con la, en teoría, provisional Ley de 1922, que a la postre duró 80 años.

Las inversiones, ya sean públicas o privadas, en infraestructuras, aseguran el desarrollo de una economía. El capítulo de inversiones públicas en España, cofinanciado con fondos procedentes de la Unión Europea (UE), antes Comunidad Europea, que han supuesto un aporte de más de 100.000 millones de euros desde nuestro ingreso, fue el principal factor de nuestra paulatina aproximación a los niveles de bienestar de los países de la UE, hasta 2008. Y, como no podía ser menos, su reducción ha sido la fundamental razón de la divergencia en el bienestar, que se inicia en 2009, con relación al promedio de los países de la UE y que, a la fecha, continúa ampliándose.

En términos económicos se entiende por inversión en capital la utilización de recursos financieros para aumentar o, en su caso, reponer, los medios para la producción de bienes y servicios. Y, es una estimación razonable que, cada día, se dispone de un capital más avanzado para permitir las oportunas mejoras en eficiencia y eficacia en el proceso productivo. Porque al final hay que acudir con esos bienes y servicios al mercado y competir con otros. Y para acudir a los mercados hacen falta infraestructuras, capital físico, por las que distribuir los bienes producidos. Una de las causas principales por las que algunos países no pueden competir en los mercados internacionales es la ausencia de las infraestructuras básica necesarias para poder trasladar sus bienes. Al tiempo, una de las funciones básicas del Banco Mundial es la financiación de planes de inversión en infraestructuras en países de escasos recursos económicos.

Ministerio de Fomento

Y la crisis, por el poder que han logrado los austerófilos, ha colapsado las inversiones públicas, incluso ha colapsado los gastos en mantenimiento de las infraestructuras ya existentes. Basta darse un paseo por algunos viales de nuestras urbes más destacadas o hacer un viajecito por alguna de las vías de comunicación para comprobar in situ el estado de deterioro en que se encuentran dichas infraestructuras. Tal es la reducción de la inversión en capital físico que algunas asociaciones empresariales, primos de los austerófilos, patrocinan informes en los medios de comunicación para destacar la falta de inversión en infraestructuras. ¡A buenas horas mangas verdes!, que diría el castizo. Y es que algunas empresas viven de la inversión en capital físico. Este es el caso, entre otros, de SEOPAN, la patronal de las empresas constructoras y concesionarias de infraestructuras, que en un informe de febrero de 2017, que pueden consultar en su integridad aquí, que se hizo público en julio y del que se hacía eco hace poco un medio de comunicación, nos habla de las infraestructuras prioritarias, algunas de ellas calificadas como imprescindibles, y cuyo importe es de más de 100.000 millones de euros. Ya ven una minucia. Claro que todo ello se publica para justificar el ridículo plan extraordinario de inversión en carreteras del Ministerio de Fomento de unos 5.000 millones de euros y que se aprobará con rapidez en el plazo de 2 años. Todo un sarcasmo.

Mientras tanto los ayuntamientos españoles, esos entes que tan poco gustan al ministro de Hacienda y Función Pública, acumulan depósitos por importe de 20.000 millones de euros, ociosos, en cuentas bancarias sin producir el más mínimo beneficio para las corporaciones locales ni para los ciudadanos ni para el país. ¿Cómo se puede consentir semejante dislate? Repito, por si algunos no lo entendieron bien, algunos ayuntamientos españoles disponen, en conjunto, de 20.000 millones de euros en cuentas bancarias sin rendimiento alguno. Pueden leerlo aquí. Y ello como consecuencia de la aplicación de la, muy famosa, Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera. Y es que los ayuntamientos solo pueden abordar, si tienen superávit, proyectos financieramente sostenibles, según definición de 2014, aunque la norma estaba en vigor desde 2012. Aquí tienen los detalles. Acumular dinero un ente público ¿para qué?

En el fondo nos están diciendo, invierta usted, de la misma forma que nos proponía Radio Futura con su famoso, dance usted. Vamos, no me pregunten sobre la inversión pública porque, como diría aquél, ni está ni se la espera. Y mitras tanto el país se agrieta y se distancia del grupo de cabeza. Con los niveles en que se encuentran los tipos de interés, que incluso alcanzan tasas negativas, no podemos mantener por más tiempo esta anorexia en la inversión pública en capital físico.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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