lo que nos espera

 

Justo ahora que llegan las elecciones autonómicas y municipales y están anunciadas las generales, no se sabe aún para cuando, debemos avisar sobre lo que nos espera. Porque eso que nos espera deberá gestionarlo alguien que sepa y porque después de tanta alharaca y fanfarria, sobre lo bien que va todo, conviene saber dónde estamos, de verdad, y hacia donde nos dirigimos si no se cambia el rumbo.

En este país nos gusta hacer grandes manifestaciones de proyecciones o actuaciones a futuro, que luego nadie se encarga de contrastar para ver si de verdad ocurren; grandes avisos o advertencias sobre necesidades u oportunidades, que luego no suelen confirmarse. Y gracias a esta falta de hábito en el análisis y seguimiento de lo dicho se lanzan ideas y se hacen manifestaciones sin rubor y sin rigor. Y los medios de comunicación, inmersos en la vorágine, están contagiados de estas prácticas que, sin sentido alguno, parece que pretenden mantener una tensión, ficticia, con la pretensión de hacer avanzar al país. No es el camino y así nos pasa que vamos de sobresalto en sobresalto, pero seguimos en el mismo sitito.

Veamos un ejemplo de lo que digo. En días pasados un medio, que se dice experto en materia económica, nos avisaba de que en España se van a necesitar 500.000 informáticos. Realmente no lo decían ellos, se hacían eco de las declaraciones de un profesional que matizaba que esa necesidad se iba a producir a lo largo de los próximos 5 años. Lo que nadie aclaraba era en qué empresas existen proyectos para ocupar a 500.000 informáticos, de los cuales 100.000 deberían ser de alta formación. Alguien puede pensar que la situación del desempleo joven está resuelta con esta oportunidad. Creo que no, entre otras razones porque las escuelas de informática no son capaces de generar 100.000 informáticos al año, así que no sabemos que se podrá hacer al respecto para resolver el problema. Problema del que nadie nos explicará dentro de 5 años si se produjo y como se resolvió ni que oportunidades reales se generaron.

Así nos pasa con nuestra situación económica, que nadie nos la explica realmente. Baja el paro, con relación al año pasado, que no con relación al 2011; se contiene el déficit, pero no el primario; se bajan impuestos, a pesar de que no haya subido la recaudación; y se anuncian reformas laborales, con una recaudación de cotizaciones sociales decreciente que no aseguran las pensiones del futuro.

Un apunte sobre la situación. Todo el mundo, hasta los niños de infantil, está preocupado con el déficit público de… Grecia, especialmente porque sigue habiendo déficit primario. El saldo primario es el diferencial que existe entre ingresos y gastos sin incluir entre estos últimos los intereses de la deuda. Podríamos decir que si el saldo primario es de déficit, nos anuncia que en un futuro más o menos lejano vamos a tener problemas para retribuirla. Si el saldo primario es de superávit significa que podemos retribuir la deuda, aunque aún no podamos reducirla, es un primer paso. Pues bien, España no ha dado todavía ese primer paso.

Las Administraciones públicas españolas tuvieron déficit primario en 2014, como lo tuvieron desde 2008 hasta 2013, todo ello en términos de contabilidad nacional. El déficit primario es equivalente al 2,5% del PIB (Producto Interior Buto) Como decía antes, al ser negativo significa que de seguir así tendremos problemas para retribuir la deuda pública. Deuda pública que crece mes a mes, sin respiro alguno y ya está por encima del billón de euros, casi en el 100% del PIB. En el pequeño cuadro que sigue pueden comprobar el déficit de las administraciones públicas, sin tener en cuenta la ayuda para rescatar a los bancos con problemas, de 2007 a 2014.

Déficit de las Administraciones públicas en 2014Desde 2008 es negativo y los ejercicios en los que se produjeron significativos ajustes fueron en los de 2010 a 2012, con una reducción de 48.000 millones, casi la mitad entre 2010 y 2011 y algo más de la mitad en 2012. Luego, realmente, no se ha hecho nada. Y debemos recordar que el compromiso con la Unión Europea (UE) es que en 2020 el déficit, en términos de contabilidad nacional, sea del 0%. ¿Qué está ocurriendo? No se están aplicando las recetas que nos marcaba la UE, porque se han demostrado erróneas. La austeridad no daba sus frutos y, con juegos malabares de reduzco, pero no reduzco, se cambió el paso y no se continuó por el camino de la pretendida pureza.

Ya sé que algunos pensarán que estas maldades tienen que ver con las comunidades autónomas. Y, en parte, no les falta razón, pero solo en parte, porque hay muchas comunidades autónomas cumplidoras. Esto tiene que ver con la Administración central (en denominación de la contabilidad nacional) ¿Me creerían si les digo que las necesidades de financiación de la Administración Central, excluida la ayuda a entidades financieras, ha sido mayor en 2014 que en 2011? Como sé que no se atreven a creerme, les repito el cuadro pero el correspondiente a la Administración Central.

Déficit de la Administración central en 2014Comprenderán ahora mis recelos sobre lo que nos espera. ¿Quién va a pilotar la reducción del déficit o ya no va a ser necesario? Por si alguno piensa que el déficit subsiste por que se están haciendo inversiones públicas, les informo que el nivel de la formación bruta de capital fijo en las administraciones públicas españolas en 2014 se situó en los mismos niveles del año 1998, un brillante retroceso de 16 años, con un inteligente hundimiento entre 2012 y 2014. El problema es doble. Por una parte el gasto corriente, que no se ajusta, y por otra parte, la recaudación tributaria que sigue estancada, salvo por el IVA. Sistema tributario que, a pesar de lo dicho y hecho, no se reforma en profundidad.

O se dinamiza el país, con auténtico crecimiento, con inversión, con políticas activas de empleo, con una decidida política en favor del I+D+i y con una definitiva apuesta por la educación, olvidando las políticas de rapiña, o no llegaremos muy lejos.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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