parques tecnológicos (y 3)

 

Dejemos la herencia con la que terminaba la pasada semana, porque, aunque son importantes son fruto del pasado, y miremos al futuro, hablemos de lo que será la herencia que les cederemos a las generaciones futuras. Hacia finales de los 90, pero básicamente en el siglo actual, han ido apareciendo los nuevos, en España, parques científicos y tecnológicos. Vinculados con universidades, que les proporcionan una corriente continua de conocimiento, están ocupados por empresas relacionadas con las nuevas tecnologías y con las más recientes líneas de investigación y desarrollo. Normalmente no cuentan con centros fabriles y ello les permite ser vistos como centros limpios y con cierta facilidad para ser integrados en el entorno urbano. Disponen de una entidad gestora, no meramente conservadora, que se ocupa de facilitar la transferencia de tecnología entre las universidades y las empresas y de fomentar la innovación.

Aunque aún no es suficiente, es un paso en la dirección correcta. Algunos se han desarrollado para aprovechar espacios públicos que han perdido utilidad, como es el caso del Parque Científico y Tecnológico Alimentario de Lleida que ocupa el espacio de un antiguo acuartelamiento en la colina Gardeny. Otros se han situado en localizaciones creadas expresamente para ellos, como el GEOLIT en Mengíbar (Jaén). Uno de los más llamativos es el Technopark – Motorland en Alcañiz (Teruel), vinculado al mundo del motor, con un circuito que dispone de 8 trazados diferentes. Un caso curioso lo constituye Tecnoalcalá, el parque tecnológico vinculado a la Universidad de Alcalá de Henares y tutelado por Madrid Activa, S.A.U. (Comunidad de Madrid), que carece de web propia, constituido en 1987 según la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España, y cuya sociedad de gestión se liquidó en 2013.

Parque Tecnológico Walqa en Huesca

Fotografía del Parque Tecnológico Walqa en Huesca tomado de su página web

Pero el desarrollo de los parques tecnológicos ha sido un poco alocado, como nos advertían desde Universia en este artículo en 2014, en el que se hablaba de un excesivo número. Del mismo modo que algunos expertos consideran que en España hay un número excesivo de universidades, también es posible que haya un número excesivo de parques científicos y tecnológicos. Y es que, en los tiempos de bonanza económica basados en la especulación inmobiliaria, promover parques tecnológicos, además de sonar bien, era rentable para los promotores inmobiliarios, entre otras razones porque pagaba el erario público. Por cierto, decir que, posiblemente, haya un número excesivo de universidades no es negar la conveniencia de centros de estudios universitarios. Pero volvamos a las exageraciones, en Escúzar (Granada) se promueve el que podría ser el más grande de los tecno parques de España, con una extensión de 4.000.000 m2, el Parque Metropolitano Industrial y Tecnológico de Granada, constituido en 2001 y del que les dejo un enlace a la imagen desoladora que nos ofrece Google, del año 2012, y al que en pureza, vistas las empresas que se han instalado en él hasta la fecha, no podemos llamar parque tecnológico.

Promover un parque tecnológico o científico no es sencillo ni barato. Como tampoco lo es su gestión. Requieren un espacio físico amplio, estar dotados de las tecnologías de comunicación más avanzadas, de un adecuado equipamiento social próximo y contar con medios que faciliten la movilidad de los ocupantes del parque. Los parques científicos y tecnológicos no pueden ser promotores indirectos del consumo de combustibles fósiles, como lo han sido, y lo son aún, la mayoría de los polígonos industriales por la falta de medios de transporte colectivo, ya sea público o privado. Por fortuna estos parques han abandonado ese aspecto deprimente que ofrecen la mayoría de los polígonos industriales, con esos aprovechamientos exagerados del suelo que dan lugar a unos viales inasumibles e irrespirables, como el que puede verse en la fotografía que sigue tomada en el Polígono Industrial Ventorro del Cano en Alcorcón (Madrid).

Polígono Industrial Ventorro del Cano en AlcorcónPara conocer los parques científicos y tecnológicos de España el mejor lugar es la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España (APTE), con sede en Málaga y con más de 25 años de historia, que aglutina a la casi totalidad de los que hay en el país y que esta semana celebra la XIV Conferencia Internacional APTE en Granada y que he venido anunciando en el Real de a Ocho desde hace un par de semanas. La APTE cuenta con 66 parques vinculados, ya sea como socios o como afiliados. Recientemente publicó el directorio actualizado de sus miembros.

En las 7.736 empresas y entidades ubicadas en los tecno parques españoles trabajaron en 2015 casi 159.000 personas, superando el anterior record histórico de 2011. La facturación de esas mismas empresas ascendió hasta los 24.427 millones de euros, frente al anterior máximo de 23.254 millones de euros, también de 2011. No parecen cifras muy ambiciosas si las comparamos con el conjunto de nuestra economía, pues ese empleo no representa ni el 1% del total de nuestra población activa. ¿Significa esto que no hay que apostar por los tecno parques? Nada de eso, lo que quizá ocurra es que hay que apostar de otra manera, no construyendo o habilitando nuevos espacios sino transformando otros ya existentes.

Parque Tecnológico de Bizkaia

Vista aérea del Parque Tecnológico de Bizkaia tomada de su página web

La creación de parques científicos y tecnológicos era una buena oportunidad, y aun lo sigue siendo, para mejorar las rémoras de los anticuados e ineficientes polígonos industriales. En la misma medida en que se transforma la actividad económica, con la aparición de nuevas actividades y la desaparición de otras, se deben transformar los centros empresariales, llámense como se llamen. Lo que no se puede es seguir urbanizando suelo sin fruto alguno pues, en el mejor de los casos, la ocupación real no alcanza un porcentaje que asegure la rentabilidad de las inversiones realizadas, simplemente su recuperación a muy largo plazo. No puede ser, como vimos la semana pasada, que, en un polígono industrial de hace más de 40 años, sigan sin ser ocupadas las parcelas destinadas a equipamiento social. Como no puede ser que el Parque Científico y Tecnológico Cartuja, inaugurado en octubre de 1993, siga aún con un espacio disponible del 30%.

Es posible que, si algunos de los actuales polígonos industriales se hubieran transformado en tecno parques, las empresas que aún se encuentran en estos habrían visto mejorar las infraestructuras y la dotación de medios y servicios y, como consecuencia, hubieran mejorado su productividad. Solo hay que pensar en el coste que supone adaptarse a las nuevas tecnologías de comunicación en polígonos poco menos que abandonados o el coste de crear nuevas redes de transporte para facilitar la movilidad, pudiendo mejorar las ya existentes. Una mayor seguridad vial, la mejora de las comunicaciones, una adecuada conservación de las instalaciones, un mejor cuidado del entorno, la utilización de energías renovables, en fin, una decidida actuación sobre estos espacios, los polígonos industriales, que evitaría su conversión en zonas de abandono y derribo con graves pérdidas para todos.

Ya no habrá polígonos la próxima semana, espero que no haya próximas semanas para más polígonos.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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