polígonos y parques (1)

 

Hace algunas semanas, interesado en analizar la situación del sector industrial español, visité algunos polígonos industriales de la Comunidad de Madrid y me paseé por algunos de los situados en otros lugares de España gracias a Google Earth, Google Maps y Google Street View, esas herramientas que crearon allá, en EE.UU., que le dan el cuasi monopolio a Google y que nadie se decide a desarrollar en Europa, hablando de todo un poco y dejando ver la envidia que me produce que estas cositas, a las que no les damos importancia, pues parece que hubieran estado con nosotros toda la vida, nos sigan llegando desde allende los mares, mientras aquí nos preguntamos ¿a qué se van a dedicar nuestros jóvenes? o ¿habrá trabajo para ellos? o pongamos a los robots a cotizar a la Seguridad Social.

Pues bien, gracias a esos paseos, reales y virtuales, he podido descubrir el lamentable estado, por ser moderado en mis expresiones, en que se encuentran muchos de los polígonos del país. La infrautilización de los mismos, su mal diseño, en general, la pobreza de medios con los que cuentan, en casi todos los casos. En definitiva, el triste espectáculo que ofrecen, causa una profunda depresión anímica. No crean que exagero, tengo un gran archivo fotográfico de lo que estoy hablando y que voy a mostrarles con una selección de imágenes. Les podemos poner los nombres que queramos, parques empresariales, áreas empresariales, plataformas logísticas, da igual. Vaya estado físico, que no virtual, en el que se encuentran.

Vayamos al origen de los polígonos industriales, a los que hoy en día les han empezado a llamar parques científicos y tecnológicos (aún no sé por qué). Estos responden, en su origen, al intento de concentrar en un lugar determinado las industrias o actividades fabriles, de cualquier orden, que se encontraban diseminadas por el interior de las poblaciones. La idea era buena, pues era una forma de sacar del centro urbano las actividades contaminantes y molestas, facilitando de paso la conectividad entre las empresas. En teoría, solo en teoría, el tratamiento de residuos y las necesidades logísticas que conllevan las industrias se gestionan más fácilmente desde un polígono. Por cierto, polígono, del griego polis (varios) y gono (ángulo), refiere una figura plana cerrada de segmentos rectos consecutivos. Dejemos aquí la geometría y sigamos.

Polígono Industrial Cobo Calleja. Varios lustros después la torre dirigiendo el tráfico. Imagen de agosto de 2016

Polígono Industrial Cobo Calleja. Varios lustros después la torre dirigiendo el tráfico. Imagen de agosto de 2016

No crean que la envidia citada antes por lo que ocurre en otros lugares no está justificada, no es posible acceder a un censo de polígonos industriales, o como quiera que les llamemos, de este país. Y eso que la Coordinadora Española de Polígonos Empresariales (CEPE) tiene un acuerdo con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) para ello, que está subvencionado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), pues ni por esas. En este enlace pueden comprobarlo. La pobreza informativa, cuando existe información, es manifiesta. En España, informar parece algo maldito. Claro que así están los polígonos, mal señalizados e identificados. Aunque esto de visitar la página web de la FEMP le sirve a uno para enterarse de que hay un gran número de ayuntamientos que no disponen de fax, no digamos ya de página web propia, ¿para qué sirven las diputaciones?

De todas maneras, la señalización no es algo desarrollado en este país, en ningún sitio, y los polígonos no iban a ser menos que nadie. Además de que las señales utilizadas son tan distintas y diversas que, en muchas ocasiones, conducen a confusión. Seguimos identificando a los polígonos con figuras de naves con las antiguas cubiertas quebradas y echando humo. Todo esto es normal, la FEMP no tiene ningún catálogo de señales o normas de señalización. Y uno de los graves problemas de los polígonos, relacionado con la señalización, es su deficiente seguridad vial. El Instituto Mapfre de Seguridad Vial publicó un manual en 2002, patrocinado por el Gobierno de Asturias y la Federación de Polígonos Industriales de Asturias, entre otras entidades y sobre el que desconocemos su grado de aceptación en el resto del país, ¿para qué sirven las diputaciones?

Pero rompamos una lanza en favor de una diputación, la de Málaga, que con ayuda del Sr. FEDER, como lo llamó un campesino andaluz en una conversación con Josep Borrell, puso en marcha el proyecto Al’Yosur gracias al cual disponemos de una base de datos de Espacios Productivos de la Provincia de Málaga y la región Tánger – Tetuán. Esta sí es una base de datos en condiciones, de la que, por cambios en la web de la entidad que la gestiona, les ofrezco ese enlace provisional. El gestor de la base de datos es la Fundación MADECA, de Málaga Desarrollo y Calidad, en la que participan diversas instituciones, lideradas por la Diputación de Málaga. Que dicha base de datos necesita mejoras, es cierto; pero, es un paso correcto e importante en la dirección adecuada. Qué bien le vendría al país que en otras provincias y comunidades autónomas dispusieran de una información con, al menos, esta calidad.

Polígono Industrial Valdefuentes con zonas valladas por falta de utilidad. Imagen de agosto de 2016

Polígono Industrial Valdefuentes con zonas valladas por falta de utilidad. Imagen de agosto de 2016

Una de las condiciones para que exista un mercado, no diré que perfecto, pero que ejerza adecuadamente sus funciones es que los operadores cuenten con información de la oferta y demanda que existe en el mismo. Y, lamentablemente, no contamos con información bastante ni actualizada sobre las disponibilidades existentes en los polígonos industriales. Y es por eso que los precios de ese suelo industrial no reflejan adecuadamente el exceso que existe, tanto de suelo sin edificar como de edificaciones en desuso o incluso a medio terminar. Y en este punto todas las administraciones tienen culpa.

La administración general del estado porque no ha sabido, o querido, marcar pautas básicas de actuación y utilizar, convenientemente, ese brazo armado de intervención que se conoce como SEPES, Entidad Pública Empresarial de Suelo, antiguamente conocida como Sociedad Estatal de Promoción y Equipamiento de Suelo, que se dedica a promover suelo industrial sin coordinación alguna, porque cree que sabe más que nadie y tiene suelo primario disponible en algunos polígonos con más de 40 años de antigüedad. Las administraciones autonómicas porque han querido demostrar que existen y se han lanzado a promover o autorizar suelo industrial sin estudiar las necesidades reales del mismo y sin propiciar un desarrollo urbano sostenible. Y los ayuntamientos porque creían que con nuevos polígonos industriales iban a recaudar más impuestos a corto plazo y pensaban que por poner parcelas urbanizadas, las fábricas o talleres o centros logísticos crecerían como setas y por decreto.

Edificio abandonado hace años en Polígono Industrial de Móstoles. Imagen de agosto de 2016

Edificio abandonado hace años en Polígono Industrial de Móstoles. Imagen de agosto de 2016

Nada de todo ello ha ocurrido. Sobra suelo industrial por todas partes, en buen y mal estado, con condiciones de futuro y sin futuro, con nuevos diseños o con viejas formas urbanísticas y arquitectónicas, integrados en el entorno o desangeladamente situados al pairo de la comunidad. Pero nuestros gestores de lo público siguen autorizando operaciones, convencidos de que el futuro vendrá por esta vía. Un país que luce sus habilidades ante el mundo y muestra como somos capaces de tener polideportivos sin deportistas, cuarteles sin soldados, tribunales sin jueces, aeropuertos sin aviones o ciudades sin ciudadanos, ¿cómo se iba a privar de tener polígonos sin empresas?

La próxima semana, polígonos por aquí, polígonos por allá

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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