empresitas

 

Una de las causas o razones del poco desarrollo económico del país, España, es el limitado tamaño de sus empresas, hablando en términos generales. También en este ámbito se pone de manifiesto el minifundismo y la prevalencia de la cabeza de ratón que, tradicionalmente, está instalada entre nosotros desde hace mucho tiempo. En lo político, pues la distribución territorial no deja de ser un asunto de índole política, también ocurre. Fíjense que en Catalunya, en una demostración de la creación de unidades de mayor dimensión, se ha dado vida a las veguerías (comarcas) lo que reduce el peso de las provincias, pues el Constitucional ha limitado su puesta en marcha, pero la intención es crear 7 que sustituyan a las 4 provincias. Alguien propuso hace poco suprimir las diputaciones provinciales, para reducir la estructura administrativa en el estado, y las voces más variopintas, encabezadas por algunos supuestos liberales que abominan de un estado amplio, fue ponerse en contra de la propuesta. Y nadie se decide a abordar la unión de municipios que los haría más sostenibles y menos costosos para los ciudadanos.

Pues en las empresas de nuestro país pasa lo mismo, la inmensa mayoría no son grandes empresas, aquellas que tienen más de 250 trabajadores. Salvo en 3.888 casos (dato a agosto de 2015 del Ministerio de Empleo y Seguridad Social) que es el número de empresas que hay en España con más de 250 trabajadores y que significan el 0,3% de las empresas que tiene empleados en el país. Eso sí, en ellas trabajan casi el 38% de los empleados. No crean, no es un dato alentador. Por si alguien tiene dudas, en este terreno

el tamaño sí importa

No diré que todas las empresas deben tener un tamaño de gran empresa, pero el minifundismo empresarial no favorece la investigación, la organización, el desarrollo tecnológico, la formación, el comercio exterior. En un mundo global hay que tener capacidad para competir con empresas del exterior, no hablo del exterior a nuestra comunidad autónoma, hablo del exterior al país. Es más, el reducido tamaño limita salir al exterior a establecer alianzas o inversiones con compañías de otros países. Favorecer es facilitar, incentivar; no hablamos de que un mayor tamaño es sinónimo de excelencia empresarial, pero, y no es casualidad, las empresas españolas de gran tamaño son buenas competidoras en este mundo global, significa que somos capaces de competir, pero antes tenemos que aumentar nuestro tamaño medio.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el total de empresarios que había en España a 1 de enero de 2015 era de 3.186.878, de los que 1.754.002 no tenían empleados y 899.802 tenían entre 1 y 2 empleados. Pero no crean que las empresas que no tienen empleados o muy pocos empleados se corresponden con personas físicas, las sociedades mercantiles que no tenían empleados eran 463.980. Si tenemos en cuenta que las empresas que son sociedades mercantiles son 1.235.811, me pregunto ¿qué sentido tiene que el 38% de las sociedades mercantiles de España no tengan empleados?

Empresas inscritas en la Seguridad SocialAnalicé si la existencia de empresas sin empleados tenía algún sesgo relacionado con la distribución territorial, pero no era el caso. El porcentaje de empresas sin empleados sobre el total era, aproximadamente, el mismo que el de total de empresas en todas las comunidades autónomas. No seguí analizando los demás estratos de número de empleados porque aquí influye donde radique el domicilio social de las empresas y no los centros de trabajo, lo que desvirtúa cualquier estudio. Para poder analizar adecuadamente la distribución territorial habría que acudir a los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, pero ello no es posible por dos razones, por un lado el acceso a las estadísticas sobre empresas está parcialmente fuera de servicio desde varias semanas, y, por otra parte, no se ofrece información sobre empresas sin empleados ni desglose por centros de trabajo y no por empresa. La clasificación que se incluye más adelante diferencia las llamadas microempresas, menos de 10 trabajadores, de las pequeñas y medias empresas, entre 10 y 250 trabajadores, y las grandes empresas, aquellas que tienen más de 250 trabajadores, según la clasificación de la UE.

Pero volvamos a la realidad. En el cuadro que acompaña este artículo podemos ver que en el sector servicios la proporción de trabajadores que están empleados en grandes empresas es el grupo más importante, aquí se deja sentir la importancia de los grandes grupos de la distribución minorista que, de forma paulatina, están copando el mercado. Aunque ello debe ser vigilado por las autoridades de competencia para evitar situaciones de oligopolio. Y no deja de ser cierto que ese mayor tamaño medio de las empresas de distribución favorece al consumidor por la contención en los precios de los productos. También se nota el aumento del tamaño de las empresas de logística (transporte y almacenamiento) así como en las de enseñanza y sanitarias.

No ocurre lo mismo en el sector agrario en el que las microempresas copan el empleo, con una concentración del 44,2% y con tan solo el 12,1% en las grandes empresas. En un mundo tan competido por los productores exteriores, el aumento del tamaño medio de las empresas es fundamental si se quiere seguir manteniendo un sector agrícola importante.

Ministerio de Economía y Ministerio de Industria

Ministerio de Economía y Ministerio de Industria

Nuestro sector industrial, que agrupa el 15% del empleo considerado en los datos que estamos analizando, es fiel exponente de la reducida dimensión. El grupo más significativo es el de las empresas medias y pequeñas con el 51,3% del empleo del sector y en especial el de las empresas pequeñas (entre 10 y 49 trabajadores) que suponen el 26% del total del sector. Ese reducido tamaño en la industria es el que impide la competencia con empresas del exterior. Vuelvo a repetir que las empresas españolas saben competir, la prueba es que el sector de la automoción mantiene la tensión y no ha sufrido pérdida de empleo con la crisis. No ocurre igual en el resto de la industria.

Pero ciertas cuestiones han venido a perjudicar el aumento del tamaño medio de las empresas. Cuestiones que siempre han sido vistas como un freno al crecimiento, por rehuir lo que de avance significaba tener que cumplir ciertas normativas. Aumentar el tamaño de una empresa puede suponer la obligación de someterse a auditoría anual, en vez de verlo como una ventaja en sus relaciones con accionistas, empleados, bancos, clientes o proveedores, se sigue viendo como un freno al crecimiento. Otro ámbito que ha limitado el crecimiento es el laboral, con los delegados y comités de empresa, en función del número de trabajadores. Aceptemos que, en vez de servir estos órganos para mejorar la gestión, han servido en muchos casos para facilitar el absentismo laboral. Ello debería llevarnos a reconsiderar la normativa aplicable y el papel real que deben jugar.

Por último me permito hacer una propuesta para propiciar un aumento del tamaño medio de las empresas. El camino más inmediato es propiciar la fusión de empresas existentes y por otro fomentar la figura de las uniones temporales de empresa. En cuanto a las fusiones se podrían establecer bonificaciones en el tipo del Impuesto sobre Sociedades y en el del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, durante un periodo de 3 años, para aquellas empresas que decidan fusionar y den como resultado una empresa que, al menos, duplique el tamaño de cualquiera de las implicadas en el proceso. En cuanto a la unión temporal de empresa se podrían buscar mecanismos de incentivo para que los proyectos de investigación y desarrollo se aborden y, en su caso, se exploten por estas uniones temporales que, adicionalmente, podrían ver bonificada su tributación.

Estos incentivos y la firme apuesta por amentar el tamaño medio de las empresas es lo que podrá hacer posible su continuidad en el tiempo. Continuidad que nunca está asegurada, pero mucho menos con las dimensiones actuales.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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