lecturas de verano (2)

 

Para que el descanso sea más ameno he preparado unos breves textos, tomados de libros señalados, que les invito a leer porque, en mi opinión, contribuyen a formar criterio para el análisis sosegado y serio que requiere nuestra economía. Los problemas no se resuelven ocultándolos sino afrontándolos. Por eso es bueno leer y conocer distintos relatos. La elección no es neutral, como es lógico, pero sí variada. Espero que les guste. ¡Ah! y recuerden, pasear y leer son ejercicios sanos, también en sentido económico. Hoy:

España estancada. Por qué somos poco eficientes
Carlos Sebastián
Galaxia Gutemberg. 2016

¿Cuándo se estropeó todo?

Nos podríamos hacer la célebre pregunta que hacía uno de los personajes de la novela de Mario Vargas Llosa, Conversaciones en la Catedral: «¿Cuándo se jodió Perú, Zavalita?». Aunque una correcta formulación de la pregunta (corrección también aplicable al Perú de los setenta) sería: «¿Cuándo dejaron de mejorar las cosas?».

Síntomas de estancamiento

España estancada. Carlos SebastiánDiferentes datos apuntan a que a finales de la década de los ochenta del pasado siglo la economía española dejó de converger con la de los países europeos más avanzados. En los noventa y en los primeros años del presente siglo se convergió en términos de renta per cápita -lo que provocaba triunfalistas declaraciones de los sucesivos presidentes de Gobierno-, pero se divergió en productividad. El mayor crecimiento del PIB per cápita se debió a la elevación de la tasa de empleo en España asociada al boom inmobiliario y a la entrada masiva de inmigrantes. Pero ese proceso era insostenible, como se ha visto.

En contra de lo que se ha sugerido frecuentemente, el escaso crecimiento de la productividad desde comienzos de los noventa no estuvo causado por el mayor peso que fue tomando un sector tan escasamente productivo como es la construcción, que, además, experimentó una caída en su productividad a lo largo de aquellos años. Se puede comprobar fácilmente que si la composición sectorial del empleo se hubiera mantenido constante en el periodo 1994-2007, la productividad agregada apenas hubiera aumentado en esos 13 años, sólo unas décimas más de la decepcionante evolución real. Fue, fundamentalmente, el bajo crecimiento de la productividad en la mayoría de los sectores, de servicios desde luego, pero también los manufactureros, el responsable de la divergencia. La mayoría de las estimaciones del comportamiento de la productividad total de los factores (PTF) -la que permite aumentar el producto sin incrementar el uso de los factores, que puede asociarse al ritmo del progreso técnico entendido en sentido amplio- concluye que desde principios de los noventa ésta disminuyó. Un claro signo del estancamiento o pérdida de la eficiencia desde 1990. En un estudio reciente titulado Growing like Spain: 1995-2007, Manuel García Santana, Enrique Moral Benito, Josep Pijoan Mas y Roberto Ramos, utilizando datos de empresas pertenecientes a 60 sectores diferentes, confirman la relevante caída en la PTF durante aquellos años y también que el fenómeno fue general en todos los sectores y no sólo en los relacionados con la construcción. Encuentran que los sectores más influidos por políticas públicas (a través de licencias o regulaciones) son los que experimentan mayores pérdidas de eficiencia y que las empresas más jóvenes sufren distorsiones mayores que las empresas establecidas. Ambos resultados pueden ser la consecuencia del tipo de deficiencias institucionales descritas en este libro.

El aumento aparente de la productividad durante la Gran Recesión (2008-2013) que reflejan los datos agregados no puede ser interpretado como un cambio en la evolución de la misma. El aumento se concentra en la construcción y en la industria, sectores que en esos cinco años perdieron, respectivamente, el 80% y el 27% de su empleo. Descomunal derrumbe de la ocupación que ha ocasionado el aumento de la ratio producto/empleo. La desaparición de cientos de miles de puestos de trabajo temporales y de miles de empresas pequeñas, las menos eficientes, está detrás de las cifras de reducción de empleo y aumento de la productividad que hemos comentado. La productividad en España, a diferencia de lo que sucede en otros países europeos como Francia, Alemania y Reino Unido, es anticíclica: disminuye en las fases de auge y aumenta en las de recesión. El nulo crecimiento de la PTF, que hemos comentado, contribuye a que en el auge del crecimiento del empleo venga acompañado de un mal comportamiento de la productividad. En las recesiones, la dualidad en el mercado de trabajo contribuye, junto a la rigidez del sistema y la fragilidad de las pymes, al aumento aparente de la productividad cuando se producen shocks negativos de demanda.

De hecho, cuando el empleo empezó a recuperarse ligeramente a principios de 2014 la productividad dejó de crecer. Si tomamos los datos correspondientes a un año, el último disponible al escribir estas líneas, el que va desde mediados de 2014 a mediados de 2015, la productividad para el conjunto de la economía no sólo ha dejado de aumentar sino que ha caído una décima. Lo mismo que ha ocurrido en la industria, mientras que en los servicios la productividad se ha mantenido constante. Al no haber crecimiento apreciable en la PTF, el aumento del empleo se traduce en estancamiento o caída de la productividad del trabajo.

… No dejen de leer el libro

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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