lecturas de verano (5)

 

Para que el descanso sea más ameno he preparado unos breves textos, tomados de libros señalados, que les invito a leer porque, en mi opinión, contribuyen a formar criterio para el análisis sosegado y serio que requiere nuestra economía. Los problemas no se resuelven ocultándolos sino afrontándolos. Por eso es bueno leer y conocer distintos relatos. La elección no es neutral, como es lógico, pero sí variada. Espero que les guste. ¡Ah! y recuerden, pasear y leer son ejercicios sanos, también en sentido económico. Hoy:

El capital en el siglo XXI
Thomas Piketty
Fondo de Cultura Económica. 2014

La mayor innovación del siglo XX: la clase media patrimonial

El capital en el siglo XXI. Thomas PikettyNo nos equivoquemos: el desarrollo de una verdadera “clase media patrimonial” constituye la principal transformación estructural de la distribución de la riqueza en los países desarrollados en el siglo XX.

Volvamos un siglo atrás, a la Bella Época, hacia 1900-1910. En todos los países europeos la concentración del capital era mucho más extrema aun de lo que es hoy. Hacia 1900-1910, tanto en Francia como en el Reino Unido o Suecia, así como en todos los países para los que disponemos de datos, el 10% de los más ricos poseía casi la totalidad del patrimonio nacional: la participación del decil superior alcanzaba el 90%. Por sí solos, el 1% de los más pudientes tenían más del 50% del total de la riqueza. La participación del percentil superior incluso rebasaba el 60% en ciertos países particularmente desiguales, como el Reino Unido. Por el contrario, el 40% del medio poseía apenas más del 5% de la riqueza nacional (entre el 5 y el 10%, según los países), es decir, apenas más que el 50% de los más pobres, que como hoy en día disponían de menos del 5%.

Dicho de otro modo, no existía una clase media, en el sentido preciso de que el 40% del medio era casi tan pobre en patrimonio como el 50% de los más pobres. La distribución del capital consistía en una inmensa mayoría de personas que no tenía casi nada y una minoría poseedora de prácticamente todos los activos. Desde luego, se trataba de una minoría importante (el decil superior representaba una élite mucho más amplia que el percentil superior, que por sí mismo constituía un grupo social numéricamente significativo), pero una minoría en cualquier caso. La curva de distribución era, en consecuencia, continua, como en todas las sociedades, pero su pendiente era sumamente pronunciada al aproximarse al decil superior y al percentil superior, de tal manera que se pasaba de manera casi inmediata del mundo del 90% de los más pobres (en el que cada uno poseía a lo sumo algunas decenas de miles de euros de patrimonio, si nos referimos a los montos actuales) al mundo del 10% de los más ricos, en el que cada uno era dueño del equivalente de varios millones de euros, incluso de hasta varias decenas de millones de euros.

Sería erróneo subestimar la importante -aunque frágil- innovación histórica capital que constituyó la emergencia de una clase media patrimonial. Desde luego, existe la tentación de insistir en el hecho de que la concentración de las riquezas sigue siendo sumamente fuerte en la actualidad: la participación del decil superior alcanza el 60% en Europa en este inicio del siglo XX y rebasa el 70% en los Estados Unidos. En cuanto a la mitad inferior de la población, su patrimonio sigue siendo tan escaso hoy como ayer: apenas el 5% del total tanto en 2010 como en 1910. En el fondo, la clase media no obtuvo más que algunas migajas: apenas más de un tercio de la riqueza en Europa, un cuarto en los Estados Unidos. Este grupo central reúne a una población cuatro veces más numerosa que el decil superior y, sin embargo, la masa de las riquezas que posee es entre dos y tres veces inferior. Se podría estar tentado a concluir que en realidad nada ha cambiado: la desigualdad del capital sigue siendo extrema.

Todo esto no es falso y resulta esencial ser conscientes de esta realidad: la reducción histórica de las desigualdades patrimoniales es mucho menos fuerte de lo que a veces se piensa; además, nada garantiza que esta comprensión limitada de la desigualdad sea irreversible. Sin embargo, se trata de migajas importantes, y sería erróneo subestimar el significado histórico de ese cambio. Cuando se tiene el equivalente de un patrimonio de 200 000 euros o de 300 000, tal vez no es rico, pero se está muy lejos de ser totalmente pobre (además, a nadie le gusta ser tratado de pobre). El hecho de que decenas de millones de personas -el 40% de la población, porcentaje que representa un cuerpo social considerable, a medio camino entre pobres y ricos- dispongan individualmente de algunos cientos de miles de euros y posean colectivamente entre un cuarto y un tercio de la riqueza nacional es una transformación que nada tiene de anodinos. Se trata de un cambio muy sustancial en términos históricos, que modificó profundamente el paisaje social y la estructura política de la sociedad, contribuyendo a redefinir los términos del conflicto distributivo. Es, por tanto, esencial comprender sus razones.

… No dejen de leer el libro

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

Un comentario en “lecturas de verano (5)

  1. Mateo Fernández

    El librito no es, desde luego, para una tarde de verano. El contenido zugiere que el capitalismo es incapaz de crear una sociedad medianamente salvo en plazos larguísimos; y aun esto es bastante discutible. Conclusión: la estrategia de largo plazo es sustituir el sistema capitalista por otro cuyas bases sean diferentes, basadas en la solidaridad, o bien alterar sustancialmente el sistema capitalista, lo que viene a ser más o menos equivalente. Pero ¿y si el sistema no se deja sustituir o alterar? Cruda pregunta y más cruda respuesta.

     
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