lecturas de verano (y 6)

 

Para que el descanso sea más ameno he preparado unos breves textos, tomados de libros señalados, que les invito a leer porque, en mi opinión, contribuyen a formar criterio para el análisis sosegado y serio que requiere nuestra economía. Los problemas no se resuelven ocultándolos sino afrontándolos. Por eso es bueno leer y conocer distintos relatos. La elección no es neutral, como es lógico, pero sí variada. Espero que les guste. ¡Ah! y recuerden, pasear y leer son ejercicios sanos, también en sentido económico. Hoy:

Las cuentas y los cuentos de la independencia
Josep Borrell y Joan Llorach
Catarata. 2015

Las cuentas y los cuentos de la independencia. Josep Borrell y Joan LlorachHemos visto como Junqueras se equivoca mucho (¿o miente descaradamente?) cuando proclama que los catalanes ven desaparecer, en beneficio del resto de España, la mitad de los impuestos que pagan. Y que sus fábulas sobre cuán rica sería ahora Catalunya, si se hubiese independizado hace 25 años, no resisten el menor análisis aritmético. La cifra mítica de los 16.000 millones de euros está calculada por un método muy particular que la sobrevalora de forma injustificada, está basada en supuestos nada realistas y confunde a la opinión pública sobre su significado. De ninguna manera Catalunya dispondría al día siguiente de la independencia de los míticos 16.000 millones de euros con los que evitar recortes o disminuir su deuda.

Lo acaba de confirmar el propio Mas Colell cuando dice: “Amb els impostos que paguen actualment podem cobrir el cost de tots els serveis públics que rebem i encara quedaria un petit excedent” ¿Un “petit excedent”? Pero ¿no eran 16.000 millones de euros, señores Mas y junqueras?

La venta de esta fábula a la opinión pública ha sido un éxito de comunicación política para los independentistas, especialmente por incomparecencia del contrario. Pero es un engaño tan grande como la farsa de las balanzas fiscales alemanas que nunca existieron.

Hemos visto que, en realidad, ningún gobierno central las calcula, y los ejemplos que se pueden citar no son sistemáticos, la mayoría alejados en el tiempo y para nada validan el método que la Generalitat usa, que es el que le permite engordar artificialmente el beneficio fiscal de la independencia.

Hemos argumentado que el déficit fiscal calculado como una aproximación a esos beneficios fiscales está mucho más cerca del 5,5% que del 8,5% proclamado por Mas y Junqueras. Y demostrado que los costes reales que Catalunya tendría que asumir como Estado independiente están ampliamente infravalorados.

Tampoco es cierto que la comparación internacional justifique decir que Catalunya sufre un expolio fiscal. Ciertamente, nuestros cálculos muestran que es cierto que Catalunya tiene un déficit fiscal superior al que se puede justificar por un razonable efecto redistributivo con el resto de España. Pero la diferencia es, en el peor de los casos, del orden de 1,5% del PIB; no del 8,5%, no de 16.000 millones de euros, sino de 3.000. Y para corregir un problema de ese orden, ¿hay que recurrir a una declaración unilateral de independencia?

Hemos demostrado que es falso que se incumpla el “principio de ordinalidad” según lo establece el Estatut. Y eso no es cuestión de opiniones, sino de matemáticas elementales como las que reclama Junqueras. También hemos considerado que la norma estatutaria está mal redactada y que la referencia adecuada sería la financiación per cápita disponible, antes y después de las transferencias del sistema autonómico. Y que, en este caso, sí que se altera la ordinalidad. Pero hemos calculado que si incidencia cuantitativa en la financiación de Catalunya es del orden de 160 euros por habitante y año. Tampoco parece que este sea un problema tan grave que para resolverlo haya que recurrir a la independencia.

Además de esa cuestión, que debe y puede corregirse, el sistema de financiación autonómico tiene sin duda otros problemas, entre ellos la agraviante comparación con el sistema foral. Pero no es menos cierto que los datos muestran que la financiación per cápita que recibe Catalunya por aplicación del nuevo sistema ha mejorado notablemente y, desde 2009, está casi exactamente en la media de todas las comunidades autónomas, que es hacia donde deberían converger todas.

Constatamos que la inversión pública estatal que ha recibido Catalunya está por debajo de su PIB, especialmente desde 2010. En el periodo 2003-2010 también lo está, pero la diferencia es menor, entre 1 y 1,5 puntos. También hemos analizado las causas que han provocado los problemas y errores de planificación de las inversiones en corredores estratégicos del territorio de Catalunya, cómo se financiaron históricamente las autopistas de peaje y el agravio comparativo que esa situación representa.

Tampoco es cierto que la comunidad internacional apoyaría el derecho a la autodeterminación de Catalunya y la reconocería después de una declaración unilateral de independencia. En eso, tanto Mas como Junqueras se han esmerado en intentar explicar a los catalanes las cosas como no son. Han comparado a Catalunya con países coloniales, sometidos a dictaduras u ocupados militarmente. Pueden considerar que la Constitución española es de “baja intensidad democrática”, pero es la misma que tiene Alemania, Francia, Italia y los EEUU. Hemos argumentado por qué ninguno de esos gobiernos apoyaría la secesión de Catalunya, todo lo contrario de lo que Mas y Junqueras, Junqueras y Mas, se han esforzado en hacernos creer, tergiversando o ignorando las declaraciones de unos y otros.

Y, por último, es absolutamente seguro que Catalunya no sería de forma automática reconocida y aceptada como nuevo Estado miembro de la UE y de la Unión Monetaria. Y nadie puede asegurar cuánto tiempo tardaría en serlo. Después de una declaración unilateral de independencia, las puertas estarían simplemente cerradas para la negociación. Junqueras y Homs pueden decir lo que les dé la gana, pero esa es la realidad. La última institución europea en advertirlo ha sido el propio Comité de las Regiones que, en su dictamen del 12 de abril de 2015, dice textualmente que en el caso que una región europea obtuviese la independencia, tendría que solicitar su adhesión como cualquier nuevo Estado que quisiera ser miembro de la UE y esta requeriría un acuerdo unánime. No pueden decírnoslo más claro.

… No dejen de leer el libro

Espero que hayan disfrutado con la serie de lecturas seleccionadas para el verano

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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