33 millones de parados

coronavirus 8
10-05-2020

Realmente son 33,6 millones de personas las que, hasta la fecha, han solicitado el subsidio en el servicio de empleo de los EE UU, el mayor número de peticiones desde la gran depresión de 1929, de la que ya no quedan testigos porque quién pudiera tener uso de razón en aquella época hoy sería más que centenario. Les digo esto porque nadie nos está contando desde la primera plana lo que ocurre en el epicentro actual de la pandemia, en el pretendido país más poderoso del mundo, antiguo motor económico del mundo occidental. Lo pueden leer aquí por si tiene alguna duda al respecto.

Y es que, en vez de hablarnos de lo que pasa en otros países, nos dedicamos a retorcer lo que ocurre aquí, especialmente si parece penoso o, por comparación, nos deja en mal lugar. Si leen un titular que dice “Bruselas augura un desplome de la economía española y avisa de una recesión a varias velocidades en la zona euro“, deducirán que el análisis se ha circunscrito a España, lo que no es cierto, ¿por qué no empezó el periodista de El País informando de lo que pasará en la Unión Europea (UE) antes que destacar a España si todos estamos más o menos igual de mal?, probablemente porque de lo que se trata es de atemorizar.

Si leen un titular que dice “El gran ‘parking’ a cielo abierto de una aviación europea en crisis” automáticamente deducirían que el resto de la aviación está en una situación de normalidad. No existen líneas aéreas que se encuentren en funcionamiento en la actualidad, en ningún lugar del mundo, ¿por qué ese añadido de europea? es innecesario porque en nada contribuye a destacar sobre ese centro radicado en Teruel, en la España vacía. Es posible que ayude a sentir una mayor presión sobre el espacio europeo.

Nada de lo que está ocurriendo, por mucho que se empeñen algunos, es algo local, es global y afecta a todo el mundo, en mayor o menor medida. Y unos países han adoptado medidas antes que otros o han tenido más tiempo para adoptarlas viendo lo que estaba ocurriendo en otros lugares o han sido más precisos y entendieron que debían adoptar las medidas, sin más demoras. Pero, cada vez que nos queramos flagelar, seamos sinceros con nosotros mismos y respondamos a ¿habríamos aceptado la declaración del estado de alarma cuando las firmas más importantes de las que participarían en el Mobile World Congress de Barcelona empezaron a cancelar su presencia en la feria y, finalmente, se canceló el 12 de febrero? Porque siendo cierto que hubiéramos podido reaccionar en aquél momento, nadie pensó que se fueran a producir unos efectos mayores que los de la ya olvidad gripe A (H1N1) Como bien decía un experto, de los de verdad no de los sobrevenidos, la soberbia nos impidió reaccionar, a todos.

El caso es que unas veces por exceso y otras por defecto todas estas situaciones han tenido y tienen efectos devastadores en la economía de los países, cada vez en mayor número de casos por la globalización. Parece mentira, ahora que está todo parado en el mundo del ocio, pero España recibió 10,5 millones de turistas entre enero y marzo de este año; en 2009 cuando la gripe A se recibieron en el mismo periodo 8,8 millones de visitantes y en aquel momento no se cerraron las fronteras. Sin las circunstancias actuales se habrían recibido del orden de entre 13 y 14 millones de turistas. Imaginen lo que supone tener 3 millones menos de clientes, con el agravante de que los negocios han tenido que cerrar y no saben cuándo volverán a abrir. Y si los negocios, las empresas, no saben cuándo van a volver a operar con normalidad no es momento de andarse con tiranteces artificiales que en nada ayudan a su continuidad.

El mundo no va a cambiar en esto y las empresas seguirán existiendo, podemos variar ciertas reglas, pero seguirá habiendo empresas y, personalmente, me parece estupendo. No creo que las cosas se arreglen con la desaparición de las empresas. Así que conviene poner de nuestra parte para que sigan existiendo. No es el momento de poner zancadillas. Por eso no alcanzo a entender declaraciones del tipo de las que hacen los líderes sindicales sobre subidas salariales. Aun podemos recordar las subidas que se acordaron al comienzo de 2009. Cada día estoy más convencido de que los empresarios las firmaron sabiendo que no se iban a aplicar, básicamente porque no se podía. Ni mucho menos es el momento de pedir bajadas de impuestos, como hacía un medio en tono triunfalista hace medio año, porque estas bajadas provocan situaciones como las vividas en el epicentro nacional de la pandemia con carencias de todo orden en el mundo sanitario.

Y es que la sanidad es un ejemplo paradigmático del daño, casi irreparable, que puede hacer la aplicación de ciertas recetas, a las que yo no voy a calificar, simplemente llamaré de negocio particular. En una actividad en que las economías de escala son fundamentales, para hacer las compras, para investigar, para el aprovechamiento eficiente de los recursos o para tratar los casos singulares, no se pueden aplicar soluciones fragmentadas. Y, a pesar de lo evidente, eso es lo que el modelo sanitario de negocio particular pretende al sustituir al modelo sanitario público. Porque se está produciendo una sustitución paulatina.

Permítanme hacer un intermedio relacionado. España tiene el mejor sistema de trasplantes de órganos del mundo gracias al sistema puesto en marcha desde la sanidad pública en 1989 con la creación de la Organización Nacional de Trasplantes, Premio Príncipe de Asturias en 2010. Y es así desde hace muchos años. ¿Saben cuál fue el presupuesto anual de la ONT en 2017? La “escandalosa” cifra de 4 millones de euros, me gustaría saber el de otros países europeos y lo que sería en manos privadas. Así que los experimentos en sanidad, con gaseosa. Quizá por eso nos pasan ciertas cosas, por haber experimentado con los medios reales.

Y es que el mundo de la sanidad en el que cada día aparecen más empresas es muy singular. Porque es cierto que las comunidades autónomas gastan más en sanidad cada día, pero no por ello tiene que ser en beneficio de los pacientes. No olviden dos cuestiones muy importantes a la hora de abordar el gasto sanitario. La primera es que la sanidad pública, si quiere ser considerada como tal, debe incentivar la prevención y la curación no los actos quirúrgicos, que caracterizan a la privada, más intervenciones más ingresos. La segunda es que el sector privado incorpora en el coste de la prestación un componente del que carece la sanidad pública, el beneficio del operador.

Imaginen que tienen un comercio, un negocio que depende del público que acude a su establecimiento, abran o no abran el mismo tiene unos costes fijos. La venta de los primeros productos les permitirá cubrir esos costes fijos, ¿pero si no viene nadie? Si una mano “amiga”, el jefe de operaciones de un competidor a espaldas del dueño, les remitiera un número de clientes les estaría asegurando ese mínimo necesario para hacer eso que los expertos llaman ‘break even’ o punto muerto, allí donde se cubren los costes. ¿Se acuerdan de que cómo la sanidad pública desviaba la realización de pruebas a la sanidad privada bajo la excusa de que estaban saturados? Ahí tienen la mano amiga. Si a ello le añaden la construcción de hospitales, pagados por la sanidad pública, que volverán a la sanidad privada dentro de 15, 20 o 25 años a coste cero, ya hemos cerrado el círculo de la privatización. Algo que a lo mejor ni usted ni yo veremos, pero las empresas tienen sentido de permanencia y no les está costando la espera porque están recuperando el coste de la construcción. El que no corre, vuela. ¡Ah! y no olviden que las bajadas de impuestos en materia de sanidad lo pagan por otra vía a las compañías privadas, no ahorran nada.

Cuídense y no olviden, aunque sea con veinticuatro horas de retraso, de celebrar el día de Europa. Con la UE (Unión Europea) podremos ser, sin la UE ni me imagino donde quedaremos. Tras dejar atrás cuarenta y tres millones de muertos, menos de cinco años tardaron los inteligentes en ver por dónde caminaría el futuro y ofrecerse para encauzarnos por la senda del bienestar. ¿Cuánto tardaremos hoy en ponernos manos a la obra tras una pandemia limitada?

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