¿8% de paro?

 

Hace un par de semanas el presidente de Telefonica, César Alierta, nos anunciaba que el paro alcanzará el 8% en 2018. La alegría cundió rápidamente por todas las calles del país pues es harto conocida la habilidad del señor Alierta para hacer pronósticos y gestionar negocios, la misma que para dar explicaciones. Aquí les dejo una muestra de su capacidad dialéctica.

Tan contundentes eran los argumentos de César Alierta, bueno los del Consejo Empresarial para la Competitividad que preside, que el ministro de Economía y Competitividad se lanzó a emularlo unos días después, en concreto el 26 de febrero en Radio Nacional de España, asegurando que el logro podía ser mayor aún. Pero me tomé la molestia de leer el informe del citado Consejo Empresarial de la Competitividad y me encontré que, en el mejor de los casos, con medidas difusas y un desarrollo de la economía y el entorno que podríamos calificar de milagroso, se alcanzaba, por arte de magia, el 11% de paro a finales de 2018, siempre y cuando, además de otros alardes económicos, se eliminara el empleo sumergido que el estudio cifra en 800.000 puestos de trabajo, sin saber cómo llegan a esa conclusión numérica. Si quieren cerciorarse de ello vayan a la página 74 del informe del que les dejo el enlace. La conclusión es que estamos salvados, porque además nos aseguran que con el programa de medidas que se propone se reducirá la deuda pública desde el 100% del PIB al 87% del PIB. Y todo ello en tres años.

Conviene recordar en este punto que la menor tasa de paro registrada, desde el 1º trimestre de 2002, es del 7,93% en el 2º trimestre de 2007, punto álgido de la burbuja financiera-inmobiliaria vivida en el país. ¿Dónde están las industrias que van a generar esas tasas de ocupación para reducir el paro a niveles tan reducidos? Los expertos afirman que para generar empleo de manera significativa el camino más correcto es la industria y no los servicios.

El 25 de febrero aparecía en la prensa la noticia sobre los resultados de Telefonica en el año 2014, 3.001 millones de euros, un 34,7% menos que en 2013, con los menores ingresos desde el año 2005. El gráfico que ilustra la información del diario El País, facilitado por Telefonica, es ilustrativo de la marcha de la sociedad. Podemos decir muchas cosas al respecto de esta información, la principal es que la gestión de su equipo directivo, encabezada por su sabio presidente, es nefasta para los intereses de sus accionistas; ya ni siquiera es la segunda operadora de Europa y, según avisa el medio, podría pasar a ser la cuarta durante el años 2015. Dada la capacidad de gasto en publicidad de Telefonica se entiende que los medios de comunicación y, especialmente, la prensa especializada no hayan hecho crítica a estos decepcionantes datos.

Antiguo edificio de Telefonica en la Plaza de España de Madrid

Antiguo edificio de Telefonica en la Plaza de España de Madrid

Cuando las empresas no están dirigidas por personas que defienden la actividad y el crecimiento rentable, ocurren cosas como esta. No se puede tener al frente de las empresas a personas cuya única obsesión es la realización de lo que se denominan operaciones corporativas, compraventa de otras empresas. Necesarias, sin duda, pero que no constituyen objetivos en sí mismas, son instrumentos para crecer o alcanzar la rentabilidad. Pero solo hay que conocer los orígenes del señor Alierta, y algunas de sus andanzas, para entender sus decisiones y, por qué no decirlo, sus consecuencias. Y no es el de Telefonica el único caso entre la élite empresarial española, vamos a ver más casos como el suyo.

¿Por qué tenemos que seguir recibiendo admoniciones, recomendaciones y predicciones infundadas de personajes que, imbuidos de un ego desmedido, se creen con derecho a todo? ¿Recuerdan a aquel pizpireto presidente que defendía la compañía blandiendo la constitución, en vez de la cuenta de resultados? Por cierto, esa empresa se perdió para este país; qué gran jugada estratégica, especialmente por el vaciamiento financiero que se hizo de la misma. Esta forma de dirigir empresas, propia de la antigüedad y no de una economía de mercado, pone en riesgo al país.

No quiero cansarles más con estas reflexiones, al hilo de unas desafortunadas declaraciones, las del dirigente empresarial, que no empresario, y las del ministro, más propias de las sesiones celebradas en el Gran Teatro Falla de Cádiz, en esas mismas fechas. Por cierto, y ya que estamos hablando de una ciudad atlántica, saben que una de las justificaciones de los malísimos resultados de Telefonica en 2014 es la situación en Venezuela. Pobre Venezuela, últimamente tiene la culpa de todo y sirve para justificar cualquier cosa. Permítanme un pequeño homenaje a Simón Bolívar, que nada tiene que ver con el nauseabundo manoseo a que lo han sometido en los últimos años desde éste y desde aquél lado del Atlántico.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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