¿anticuados?

 

Hace unos días, mientras preparaba una de las entradas al blog, escuchaba un programa de radio en el que hablaban sobre la web del Congreso de los Diputados, de diseño antiguo, farragoso y extraño, y que siempre me había llamado la atención por su escasa utilidad. Un lugar que debía ser de la máxima transparencia y facilidad de manejo, y, sobre todo, de la mayor utilidad para el ciudadano. Hay que reconocer que no guarda relación con la página web del Senado, de mayor transparencia y usabilidad, será fruto de la influencia autonómica. Les dejo un enlace al programa radiofónico para que puedan conocer de primera mano la cuestión.

Inicia el siguiente reproductor para reproducir el audio del programa A VIVIR QUE SON DOS DÍAS, La web del Congreso:

Empecé a pensar que ese desfase y obsolescencia era consecuencia de una especie de antigüedad en la que se había instalado España. Antigüedad que nos lleva a no adaptarnos a los nuevos tiempos con la adecuada velocidad, falta de adaptación que, a su vez, impide que se reconozcan las relativas mejoras en la situación económica del país, pero que no terminan de cuajar porque nos hemos vuelto viejos, más que antiguos, según definen los anticuarios.

No terminamos de arrancar, con relación a los países de nuestro entorno más inmediato. La caída de la prima de riesgo (diferencial entre el tipo que se paga por la deuda española y la alemana) no termina de ser aprovechada como cabría de esperar. El descenso de la tasa de paro, en parte ficticio porque se ha creado más empleo discontinuo y ocasional, basado en empleo de bajo nivel muy vinculado a sectores de tampoco valor añadido como el de la hostelería o el comercio, no resulta la mejor herramienta para crear riqueza. La reducción del déficit de la balanza de pagos, por el incremento de nuestras exportaciones, pero basadas en una menor complejidad de lo que exportamos. En definitiva, no hemos avanzado en competitividad. Y, si bien el avance global de otros países implica que nos superen en producto interior bruto por su mayor población, ello no puede ser motivo o razón para que descendamos en la escala de la renta per cápita, como viene ocurriendo de forma sostenida en los últimos años, a pesar de la pérdida de población.


Fuente: Banco Mundial

Y esta sensación me la corroboró un gráfico que aparecía en el número de enero de la revista que edita CaixaBank Research y que se muestra a continuación. La bolsa española no ha conseguido atraer el interés de los inversores y no se ha beneficiado de las subidas que en otros mercados han venido produciéndose desde 2015, año en el que se empezaba a superar lo ocurrido con la Gran Recesión, como se denomina a la crisis de 2007-2008. ¿Y por qué España no atraía esa corriente de inversión? Muy posiblemente porque las estructuras económicas y empresas punteras de este país no son vanguardia, salvo honrosas excepciones. Y a estas últimas nosotros mismos las estamos achicharrando con críticas desaforadas, en muchas ocasiones injustificadas, lo que vuelve a alejarlas del círculo virtuoso. A veces damos la sensación de que lo único que interesa en nuestro país es el silicato de aluminio hidratado.

Pero una intuición no es fundamento válido para opinar. Así que intenté analizar las nuevas empresas que brotaban en el país y pensé que un buen espejo de ello era saber cómo son las empresas que cotizan en el llamado Mercado Alternativo Bursátil (MAB), porque uno de los problemas de las empresas españolas es su excesiva bancarización, su dependencia del crédito, así que conocer quiénes se preocupan por obtener financiación en forma de capital siempre es interesante. Ya sé que a algunos el MAB les trae malos recuerdos porque en él cotizaba la, en su momento, conocida GOWEX, pero algunas cosas se han corregido, aunque no es menos cierto que aún faltan ciertas garantías. Pero la referencia puede sernos útil.

Veamos, en el MAB cotizan SICAVS, sociedades de capital variable (muy famosas por su supuesta elusión fiscal), SOCIMIS, sociedades de inversión en el mercado inmobiliario (ya está aquí el silicato), SIL, sociedades de inversión libre, ECR, entidades de capital riesgo y EE, empresas en expansión. Pues bien, de las entidades de capital riesgo, esas compañías o fondos que invierten en nuevos proyectos y empresas que comienzan y que sirven para catapultar la creatividad, en el MAB solo cotiza 1 entidad. De las sociedades o instituciones de inversión libre solo tenemos a 13 sociedades, de las que resulta difícil conocer sus carteras de inversión o sus estados financieros. De las famosas SICAVS hay registradas 2.838 empresas, con la misma opaca información de las anteriores, y de estas casi 1.200 no han cotizado desde hace más de 30 días, ejemplo de mercado dinámico. De las SOCIMIS hay registradas 48 sociedades, aunque cotizar, lo que se dice cotizar, cotizan pocas y poco. Y, por último, la esperanza de futuro, las EE, se limita a 36 empresas, pues de las 41 registradas tienen suspendida la cotización 5. Que panorama más exiguo para progresar. El reparto geográfico de estas últimas por comunidades autónomas, muy desigual, es de 10 en Cataluña, 10 en Madrid, 5 en Galicia, 4 en Andalucía, 2 en Aragón, 1 en Asturias,1 en Murcia, 1 en País Vasco y 1 en Comunidad Valenciana, además hay 1 en Bulgaria. Poca fuerza innovadora, con desigual reparto territorial, mucha presencia del ladrillo y de entidades personalistas, con casi nula presencia del capital riesgo.

Volviendo al origen, con ser delicado que, en el programa de radio al que hacía referencia, hubiera que tratar de manera crítica sobre algo tan necesario como la página web del Congreso, más delicado es aún que dudemos del precio al que se licita en el concurso público para su contratación y sobre quienes se pueden presentar al mismo, ¿hasta aquí llega el asunto de lo turbio? Cuando empezamos a dudar de cosas tan simples y, aparentemente, tan inocuas, es que vamos por la dirección equivocada, pero no por dudar, sino porque pensamos que todo se ha vuelto objeto de rapiña, no de progreso.

Y es que todo esto significa que no es cuestión de origen, es cuestión de avance en la incorporación de las nuevas tecnologías y resulta sorprendente que, en un centro en el que se tratan los asuntos más candentes y se habla de todo aquello que está por llegar, se utilicen medios tan anticuados y, cuando se pretenden actualizar, cause poco menos que estupor su renovación. Y no se enreden en lo político, no es cuestión de quién aceptó el diseño actual ni de quién va a decidir sobre el futuro, es cuestión de quiénes lo “fabricaron o fabricarán” y la falta de consideración con el usuario. En España nos preciamos de crear y desarrollar buenas campañas de publicidad, entonces ¿por qué no dejar a nuestros creativos y técnicos trabajar en el diseño web?, ¿por qué no confiamos en esa generación supuestamente tan formada con la que algunos se llenan la boca?, ¿será que no está tan formada? Yo creo que está formada, pero no preparada para asumir retos profesionales, nuevamente salvo las honrosas excepciones de rigor, y ello porque no les dejamos afrontar esos retos y equivocarse y corregir. Y es que para corregir hay que equivocarse previamente, por una parte, y reconocer el error, por otra.

Es difícil encontrar, en nuestro país, a personas que, con el transcurso del tiempo y una vez alcanzada una posición destacada, deciden dar un paso atrás y retirarse de la primera línea para que aquellos más conocedores del entorno actual y de los nuevos tiempos renueven las empresas y sus procesos. Los países que progresan y se desarrollan son aquellos que brindan las oportunidades adecuadas para que las nuevas generaciones puedan enfrentarse a los retos, aprendiendo a sortear las dificultades, poniendo en práctica sus conocimientos. Nadie será un buen estratega si no le dejan participar en la elaboración de planes ni nadie será un buen gestor si no le dejan gestionar. Y este país necesita una renovación de medios y formas porque hemos llegado, quizá sin quererlo, al mundo ‘vintage’, preludio de la antigüedad, y en los muebles o enseres puede ser llamativo, pero para el progreso no lo es y, no nos dejemos engañar, se puede crecer económicamente a pesar de la vejez, pero no habrá desarrollo.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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