brexit

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Parece que está de moda el salir, no el entrar. Se ha convertido en una corriente de pensamiento que todo lo invade y a todos pretende contagiar, hasta a los británicos, que se sentían libres de estos movimientos telúricos. Es un movimiento que tiene dos variantes, salir y dividir. Intenta recuperar el sitio preponderante que una vez tuvo a lo largo de la historia y sobreponerse a la corriente predominante durante muchos lustros, la de entrar y sumar. Porque no tratan de restar, tratan de dividir. No tratan de cambiar las organizaciones, tratan de salir de ellas. Eso sí, sin ofrecer alternativas serias. Y aunque no lo crean, esta corriente tiene perversos efectos económicos, especialmente en un continente como el europeo de edad media muy avanzada, por comparación con otras áreas del mundo, y porque las cosas no son estables, económicamente hablando, y el mundo entero ha despertado al grito de

¡sí se puede…, competir!

Hasta hace unos años vivíamos en un statu quo en el que los dominantes estaban determinados, los sufrientes estaban designados y los cambios eran pequeños, con alguna excepción debidamente controlada. Algún país crecía mucho y se ponía de moda, partiendo de un sistema dictatorial y con la economía planificada, pero era para sorprender a su homónimo situado al norte del paralelo 38. Las guerras, que seguían existiendo, estaban más o menos controladas y los precios de las materias primas se movían dentro de la estabilidad. Pero las cosas no son inmutables y una fecha marca la ruptura de lo estable. La fecha, en mi opinión, es 1973 y es el año en que tuvo lugar la primera crisis mundial del petróleo. El mismo año en el que se produce la firma del Acuerdo de París por el que los EEUU pusieron fin a su intervención en Vietnam y el año posterior a la primera visita de un presidente de los EEUU al gigante dormido y que empezaba a despertar. Por cierto, también fue el año de la entrada del Reino Unido en las, entonces, Comunidades Europeas.

Recordar estas cosas viene bien, especialmente para los que piensan que los años pasados fueron plácidos y que, en un ejercicio de adanismo, creen que la historia comenzó con ellos.

Y la ruptura del statu quo tranquilizador, aunque solo para algunos, hizo que los alterados movieran todos los resortes a su alcance para poder seguir estando en una situación de superioridad que estaban en riesgo de perder por momentos. Deténganse conmigo un momento en esta reflexión y sorpréndanse con algo peculiar. La crisis del petróleo de 1973 supone, en mi opinión, el punto de inflexión en el devenir del estado del bienestar que las democracias europeas habían alumbrado desde el fin de la segunda guerra mundial y suponía un ejemplo de desarrollo. ¿Debemos concluir que el estado del bienestar estaba basado en un falso equilibrio económico? No me atreveré a tanto, pero dejo ahí la reflexión para que nos demos cuenta que nada es inmutable y que hay que reinventar cada día las organizaciones en las que estamos inmersos porque las circunstancias son cambiantes y muchos países han aprendido que la mejor forma de progresar es competir con el resto del mundo y comerciar con otros. Porque, a pesar de los pesares y por mucho que les pese a los pesados, el comercio mundial se ha disparado desde 1973 y ha sido el motor del cambio en muchos países. En el cuadro que acompaña a esta entrada se comprueba que las exportaciones de mercancías han pasado de 573 mil millones de dólares en 1973 a 18,5 billones de dólares en 2014, se han multiplicado por más de 30.

Exportaciones mundiales de mercancías 1973-2014Así las cosas, hay muchos países, estados, naciones, territorios, en definitiva, colectivos que no han sabido evolucionar y no se sienten representados en las organizaciones o grupos a los que se habían adherido o no se sienten parte de las comunidades de las que forman parte y que no avanzan al ritmo que ellos desean. Todo ello sin reflexionar en cuál es la parte de responsabilidad que tienen o han tenido en esa falta de avance o progreso común, ni que piedras han puesto en el camino, para luego acusar al resto de que la cosa no progresaba adecuadamente. Normalmente, aunque no siempre, estos procesos de salida o división suelen estar relacionados con posiciones de insolidaridad, me atrevería a afirmar que de mucha insolidaridad. Como muchas cosas en esta vida la mejor manera de entender esto es con ejemplos. A que les suenan las frases de “si nos permitieran no atender sanitariamente a los extranjeros hasta que pasen 5 años, no nos platearíamos el exit”, “si nos dejaran que nuestros impuestos sean exclusivamente para nosotros, no nos platearíamos el exit”.

Más casos como el BREXIT

Uno se empieza a cansar de los exit, porque son procesos agotadores que generan melancolía, y en los últimos años hemos tenido el Euskexit, el Grexit, el Scotexit, el Padanexit, sin olvidarnos del Quebexit ni del Catalexit. Aunque el miércoles 23 nos enfrentamos al BREXIT y me temo que no será el último caso. Estos casos, tan dramáticos, suelen orquestarse para elevar las dosis de ventajas que se obtiene de los exit de la comunidad en la que están inmersos, también en el caso del Grexit, porque eran muchos de los demás miembros de la Unión Europea (UE) los que querían que saliera el país para no atender más sus necesidades. En definitiva, otro caso de insolidaridad.

Los mercados financieros se asustan con el BREXIT porque la capital financiera del mundo es Londres y ese movimiento no les reportaría beneficios, al contrario, les reportaría graves pérdidas en el corto, el medio y el largo plazo. Mi sensación es que más allá de la negativa opinión de los mercados financieros sobre el Brexit, y ya sabemos que estos actúan cada segundo de cada minuto de cada hora, como dijo el redactor de finanzas de El País, Íñigo de Barrón, en declaraciones a la Cadena SER el sábado 18 de junio, estamos ante una negación de Europa. El BREXIT es un órdago de Gran Bretaña para disponer de condiciones especiales en asuntos sociales. Que España sería un país afectado por el BREXIT, por supuesto, el mayor número de turistas que nos visitan cada año son británicos, pero no tienen por qué dejar de hacerlo por ello. Que empresas españolas tiene inversiones en Gran Bretaña y estas se pueden ver afectadas, es cierto, pero relativamente y durante un cierto periodo de tiempo, no olvidemos que también hay inversiones de empresas británicas en España.

Banderas de la UE y Gran Bretaña, imagen tomada de www.ticbeat.com

¿Qué es el BREXIT?

Pero la cuestión fundamental está en que este movimiento es una negación de Europa, olvidemos por un momento las penurias económicas con las que nos quieren asustar, estamos ante el intento de remate de la Europa del estado del bienestar, de esa Europa que era el ejemplo que nos guiaba. La deriva emprendida en reducir, sin ton ni son, el estado del bienestar en que estamos inmersos es la que ha hecho que Gran Bretaña tenga dificultades para mantener los niveles de sus servicios sanitarios y sociales como antaño y su intento de limitar el acceso a los mismos a los inmigrantes, ¿es que Gran Bretaña nunca tuvo inmigrantes?

La creación de Europa tiene un alto coste porque son muchas las fuerzas interesadas en no entrar y sumar, convencidas de que serán más capaces si salen y dividen. Hacer Europa exige diálogo y cesión, permanente ¿o alguien pensaba que para crear un ente político superior no había que ceder soberanía?, ¿alguien pensaba que su voz sería la única que tronase en Estrasburgo? El mundo ha cambiado y mucho, y aquellos que no quieren darse cuenta no tendrán espacio en él. Hoy en día las confrontaciones fundamentales se dirimen en el terreno económico y en ese terreno el tamaño importa y las economías de escala funcionan y los países que forman Europa no serán nada en solitario.

Los países europeos serán en la UE o no serán y no digamos las regiones. Lamentemos las consecuencias políticas de un BREXIT, no desviemos la atención con las económicas.

Y desde aquí, mis condolencias por el asesinato de Jo Cox.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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