coronavirus

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coronavirus 1
22-03-2020

Mis condolencias para todos aquellos que han perdido familiares o amigos a causa de la pandemia por COVID-19 o SARS-Cov-2. A todos, en general, les recomiendo esta página donde encontrarán información de interés y actualizada de la enfermedad, a través de los datos que proporciona la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EE.UU.)

Dicho eso y cuando se cumple una semana desde que el Gobierno decretó el Estado de Alarma en todo el país, es tiempo de reflexionar sobre esta pandemia mundial que nos ha invadido desde diciembre del pasado año, intentando poner algo de cordura entre tanto dislate. Nos dejó escrito nuestro premio nobel Juan Ramón Jiménez que:

‘Un día no es un día de una vida, sino una vida’

y algunos han tomado al pie de la letra este elegante y bello recurso poético y pretenden hacernos creer que el mundo poco menos que va a desaparecer ya, en el breve espacio de días. Uno de los pocos artículos sensatos que he encontrado en esta desmadejada situación empieza diciendo que ‘Cuando los Beatles lanzaron su canción Love Me Do, el sarampión provocaba epidemias que mataban a unos dos millones de personas al año.’ Habla el autor del artículo del año 1962, más o menos cuando yo pasé el sarampión, tiempos en que las vacunas empezaban a generalizarse, pero las bajas seguían siendo importantes, a pesar de lo cual la población miraba hacia delante con esperanza. No recuerdo que los sarampiones, escarlatinas, paperas, etc. provocasen desánimo a mi alrededor.

Es tiempo de realismo y de enfrentar los problemas, no de aumentarlos artificialmente, como si situaciones parecidas a esta no se hubieran producido con anterioridad en el mundo, en nuestro país, en casi todos los lugares. Veo a algunos responsables paralizados, sin saber qué hacer en estos momentos. No han acudido a los libros de historia para revivir y conocer de primera mano cómo se actuó en otros tiempos y que errores se cometieron para no volver a repetirlos. Están atenazados por miedo al error, quizá porque están atormentados por unas sociedades que exigen, con los medios de comunicación a la cabeza, la infalibilidad en la toma de decisiones. Cuando no se dispone de la verdad absoluta las sociedades enfrentan los problemas mediante la prueba y el error.

Y no me refiero simplemente a los responsables políticos, también se incluyen esos otros responsables “técnicos”, de esos que “no hacen” política. El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) no quería decidir y dejaba la decisión de cerrar o no los juzgados a cada juez o magistrado, generando alarma y confusión. El Consejo de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) tardó más de 10 días en decidir si suspendía las operaciones a corto, esas que apuestan por el derrumbe de las cotizaciones, algunos se han hecho millonarios con la demora. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE) declaró que no es su trabajo afrontar el aumento de las primas de riesgo de los países de la zona euro, el sueldo anual de más de medio millón de euros no le alcanza para pensar sus declaraciones, luego adoptó decisiones limitadas con nocturnidad, de las que luego hablaremos.

Estamos ante una emergencia sanitaria de orden mundial, dolorosa por las muertes que causa y que, de no adoptar medidas, puede seguir causando, pero no estamos ante una crisis económica y financiera. Esta crisis sanitaria, por sus efectos, tiene consecuencias sociales y económicas. Las primeras son graves porque, entre otros reflejos, está afectando a la atención a nuestros mayores, que se ven solos y desatendidos, amén de ser el principal colectivo de riesgo por las otras patologías que pueden sufrir y sus menores defensas. Y ahí debe de estar la sociedad a través del brazo con que se ha dotado, el Estado, para enfrentar estas y otras cuestiones. No olvidemos que el Estado lo conforman todas las administraciones. El Estado, no lo olvidemos, existe porque pagamos impuestos y su tamaño dependerá de cuantos paguemos.

También son consecuencias sociales el decaimiento en el estado anímico de la población o la ausencia de relaciones entre las personas, todo ello es fruto del aislamiento decretado. La falta de actividad académica es una consecuencia indeseada pero necesaria para contener el contagio, lo mismo que ocurre con el cese de las actividades de ocio o de los acontecimientos deportivos. Claro que algún pedante deportista sufre porque le han clausurado su open y se dedica a denigrar a los políticos, deporte nacional que une a muchos ciudadanos, unión en la que participan los medios que se dedican a destacar esta y otras lindezas. Medios que contribuyen al decaimiento en el ánimo de la población con esos artículos que solo traslucen miedo, angustia o inquietud innecesaria y que generan un permanente estado de ansiedad. Al que se añade el desconcierto en las cifras, desconcierto que ha ido en aumento con el paso de los días, pues ya no sabes las referencias temporales de los datos, ni si son homogéneos los datos que se comparan, ni las fuentes de las que proceden esos datos.

Y, por último, las consecuencias económicas. Consecuencias que, a la vista de algunos comentarios, más parecen las plagas de Egipto de las que nos habló la biblia. Y al hilo de estas supuestas penurias asoman los de costumbre, esos que siempre dicen lo mismo. La economía va bien, hay que bajar los impuestos; la economía se enfría, hay que bajar los impuestos; aparece la crisis financiera de EEUU en 2008, hay que bajar los impuestos. Y, como no podía ser menos, en la situación actual la receta fundamental es bajar los impuestos, lean con paciencia el artículo enlazado porque después de un largo circunloquio la propuesta llega al final. El genio económico que afirma esas cosas no nos habla de las penurias de la sanidad por causa de los recortes derivados de menores impuestos.

Pero no solo en ese extremo del espectro político se dicen las mismas majaderías de siempre, en el opuesto se habla de que en el plan anunciado por el Gobierno solo se habla de gasto público, como si la asunción de prestaciones por desempleo por los ERTES (expedientes de regulación temporal de empleo) que se avecinan no fueran algo necesario o como si los avales que se prestan no fueran necesarios o como si la minoración de las cotizaciones de autónomos no fuera necesaria. Pero es que algunos han pretendido hacer una especie de enmienda a la totalidad de lo ocurrido en 2008, hasta por algunos miembros del Gobierno, y han comparado ambas situaciones, la crisis financiera importada de 2008 y la pandemia importada de 2020, cuando no tienen relación alguna.

Y es que retrotraerse a 2008 solo ayuda a crear confusión. En esta ocasión no vivimos un problema derivado del valor irreal de algunos bienes y de la deuda real acopiada para su adquisición, vivimos una reducción de la actividad que genera una reducción de los ingresos y, por consiguiente, de los beneficios. Pero no afecta a todo el mundo porque hay actividades que se mantienen, otras incrementan su papel, otras lo reducen solo parcialmente. Y es lógico que se adopten medidas que permitan aplazar el pago de impuestos, minorar las cotizaciones sociales, también de los autónomos, agilizar los ERTES, facilitar avales para acceder al crédito bancario. Pero fíjense en un detalle, se ha dispuesto la posibilidad de aplazar el pago de impuestos 6 mes, 180 días, llevamos 12 de pandemia y ya tenemos agoreros que dicen que es insuficiente, ni tan siquiera dicen que será.

Los ciudadanos, impelidos por los medios de lo instantáneo, exigen respuestas ya, con efectos inmediatos, como si adoptar una medida e implantarla fuera como transmitir una noticia. Muchos no quieren la globalización, pero demandan medidas al más puro estilo de la comunicación global. Tan es así en este mundo que el Gobierno aprobó un importante paquete de medidas económicas el martes 17 de marzo y el miércoles 18 a la tarde ya no se hablaba de ello en los medios, ya no interesaba, no se analizaba, solo se oían críticas al conjunto de medidas, sin que la mayoría de los críticos las hubieran leído, qué más da. Y por si no se habían dado cuenta, esto va de globalización, les dejo como referencia un análisis de un analista riguroso, cuya lectura es muy ilustrativa, pues como dice el autor estamos ante el virus de la desglobalización.

Y unas palabras sobre las medidas del BCE, compra de deuda y facilidades crediticias por 750.000 millones de euros. Para empezar, le han levantado el castigo a Grecia, y a continuación ¿lo publicado significa que el BCE va a comprar directamente la deuda a los estados, sin pasar por el mercado secundario?, ¿también van a comprar deuda privada, a quiénes y por cuánto importe? Y cabe hacerse alguna pregunta más ¿por qué el diario El País le ha publicado un artículo al gobernador de Banco de España, al que califica de persona cercana a la presidenta del BCE?, ¿defiende este medio la política oscura y errática de la presidenta del BCE?

La situación hay que afrontarla con la calma y la prudencia que demandan tiempos que se presentan desconocidos, porque nadie cuenta con experiencia en situaciones parecidas. Es muy importante no dejarse llevar por análisis desmesurados y faltos de rigor. Seamos sensatos. Hay que abordarlo como esa empresa española, sí, española, que no va a adoptar medidas relacionadas con el empleo hasta el 15 de abril, a pesar de tener sus tiendas cerradas desde el día 14 de marzo. Se llama INDITEX, sí, es una empresa española.

Cuídense. En los próximos días seguirá saliendo el sol, no lo olviden.

4 comentarios en “coronavirus

  1. Esmeralda G. Valladolid

    Puntualizo: no todos «los ciudadanos, impelidos por los medios de lo instantáneo, exigen respuestas ya, con efectos inmediatos»; algunos (algunas, por hablar por mí misma y por nadie más), luchamos a pequeña escala por contrarrestar los efectos del oportunismo informativo y opinativo (más lo segundo que lo primero) ante algo muy serio como es una crisis mundial que no toca a los bolsillos, sino a la vida y a la intimidad de todas. Muchas gracias por la serenidad y el raciocinio con el que lo planteas, Pedro.

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