débito

 

1.136.170.629.000 euros

Vamos, que Ud. o yo debemos cada uno 29.735,52 euros, si consideramos solo a los residentes a 31 de julio de 2017 mayores de edad. Porque si incluimos a los menudos nos agobiaremos un poco menos y solo deberíamos 24.408,03 euros cada uno. Una buena mochila para ir por la vida. No quiero entrar en las intimidades de cada familia, pero comparen esa cifra con la renta que entra en casa y, en términos generales, estarán de acuerdo conmigo en que es una barbaridad.

Pues esa barbaridad es el débito o deuda de las administraciones públicas españolas al finalizar el tercer trimestre de 2017. Y este dato se obtiene según el sistema de cálculo establecido por el llamado Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) de la Unión Europea (UE), porque la deuda es algo mayor y tampoco conviene asustarse en exceso. No debemos olvidar que lo que deben las administraciones públicas lo debemos entre todos los ciudadanos, los actuales y los que están por venir.

Para abreviar, Ud. y yo debemos 30.000 euros, más o menos, cada uno de nosotros, lo que conviene tener en cuenta al ir a la tienda o al híper, al entrar en el bar, al comprar la entrada del cine, al llegar al gimnasio, al adquirir un décimo de lotería o un cupón, porque algunos de esas cosas se pueden encarecer o desaparecer si el Estado decide que hay que poner término a esto del aumento sin fin de la deuda. Y es que una reducción de la deuda, que obliga a que las administraciones públicas tengan superávit, es decir que los ingresos sean mayores que los gastos, solo se podrá lograr por una de estas dos vías, con un aumento de los ingresos públicos o con una reducción del gasto público.

Bueno, hay una tercera vía, casi siempre hay una tercera vía, que no seré yo quien la califique. Me estoy refiriendo a que los acreedores nos hagan una quita de una parte de nuestra deuda. ¿Recuerdan de la semana pasada lo de los procesos concursales? Pues los estados también se declaran en suspensión de pagos y ello tiene sus consecuencias. Durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, España no ha suspendido pagos en ningún momento Y es bueno y debe seguir siendo así, y, por tanto, olvidémonos, de momento, de la tercera vía.

Fuente: Banco de España

Regresemos al asunto del superávit para poder reducir el nivel de deuda, hemos visto que solo nos queda o subir los ingresos o bajar los gastos, o una mezcla de ambos. Y para tomar una decisión es bueno compararnos con otros países, no solo para saber las medidas que ellos adoptan, también para saber cuáles son los motivos para adoptar esas medidas, es decir, cuáles son sus estructuras económicas. Y debemos tomar nota de que ocupamos un bajo nivel en servicios sociales, por comparación con los países de nuestro entorno. Les dejo el enlace a un estudio encabezado por el profesor J.I. Conde Ruiz, con cierta antigüedad en cuanto a los datos manejados, aunque con el debido rigor académico, que pone de manifiesto el bajo nivel del gasto público en España en eso que damos en llamar Estado del Bienestar y que nos lleva a la cola de los países europeos. No me gusta abrir conflictos innecesarios, así que tomen lo siguiente con la cautela de quién se interroga sobre algo con honestidad intelectual; sorprende ver en el estudio a dos países tan profundamente católicos como España e Irlanda a la cola en prestaciones sociales. No crean que pretendo resucitar a Weber, aunque tampoco estaría de más.

Si vamos al terreno de los ingresos públicos el mejor referente para hacer el oportuno análisis es comparar la presión fiscal entre países y aquí, una vez más, nos vemos a la cola de los países europeos. Algo de lo que hablé hace unas semanas. En aquella entrada del preludio navideño, les incluía un gráfico sobre la presión fiscal con relación al PIB (producto interior bruto) que, sin ser el mejor índice, es un buen índice para el análisis y, además, su uso está generalizado. Y quedamos mal en la comparativa, yo diría que quedamos muy mal.

Así que no podemos bajar más el gasto público, porque entonces no es que los servicios sean deficientes, es que pasaremos a la fase en que ya no se presten ciertos servicios. Ni podemos quejarnos de la carga impositiva, porque es una de las más bajas de la UE. Y como de lo que se trata es de que debemos adoptar medidas para bajar la cifra del endeudamiento, aunque sea muy lentamente, el camino que nos queda es evidente. Pero antes de concretarlo, déjenme que les cuente una paradoja, de la que nadie habla, porque como nos confunden con los mensajes, perdemos con facilidad la noción de lo que realmente está ocurriendo.

Hace unos años, cuando la crisis arreciaba y la situación de la economía española era tan triste, por usar un término benévolo, nos hablaban de la deuda, de su terrible nivel y de la necesidad de llevar a cabo una “consolidación fiscal”, pues el déficit era una sangría para la economía española que no nos podíamos permitir. Como en tantas otras ocasiones, los mensajes, así, en bruto, tenían su razón de ser. Pero pasado el tiempo y vistas las medidas adoptadas uno se da cuenta de que todo ello tenía otro interés y, en el caso español, se ha cumplido con creces. Veamos, a finales del año 2011 el nivel de deuda de las administraciones públicas era del 69,5% del PIB, al final del tercer trimestre de 2017 era del 98,7%, casi 30 puntos porcentuales más. Y en 2017 las administraciones públicas, en su conjunto, siguen teniendo déficit primario, que es la diferencia entre ingresos y gastos sin incluir los intereses de la deuda. Nada hemos avanzado, ¿por qué este jolgorio que ha llevado a la firma Fitch a mejorar la calificación de la deuda soberana española y situarla en A-, desde la BBB anterior? Pues es bien simple, a que la presión fiscal en España se aleja de la media de la UE y se acerca a la de EEUU. Y no olvidemos que los EEUU es uno de los países más desiguales del mundo.

Fuente: Banco de España

Por si alguien desea conocer las notas de calificación de las tres grandes agencias sobre la deuda española y la de otros países y hacer un seguimiento, les facilito un enlace de interés, nunca mejor dicho.

Se imaginaban mi conclusión, hay que mejorar los ingresos públicos para poder hacer frente a una reducción paulatina de la deuda. Pues no debemos olvidar que, además de la deuda de las administraciones públicas, está la de las empresas que no son bancos y la de las familias. A la misma fecha, la deuda de las familias era algo superior a la de las administraciones públicas y la de las empresas era un 50% mayor. Pero lo cierto es que ambos grupos han llevado a cabo un proceso de reducción de deuda muy significativo, el mismo esfuerzo que deberían hacer las administraciones públicas.

Pero, sobre todas las cosas, aprovechando tipos de interés tan bajos como los actuales, endeudémonos para crear, para educar, para desarrollar, no para epatar ni para aparentar ni para apabullar. No es necesario tener el puente más caro del mundo, al tiempo que se cuestiona su utilidad, porque el diseñador sea español.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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