Google es un monopolio, ¿y?

 

Disculpen este inicio tan aguerrido a la vuelta del verano inacabado, y sepan que, parafraseando a Marx, el simpático, si no les gusta ese principio tengo otros, como: ¿se nos ha olvidado competir?, ¿nos vamos a ocupar de lo importante?, ¿sabes que el problema es la actividad económica?, ¿vamos a perder el tiempo con las vallas?, ¿seguiremos llorando porque nos ganan? Cierto es que Groucho Marx se refería a principios en el sentido de valores, creo que no en el de comienzos, pero ya saben que, como dicen algunos periodistas, la realidad no nos debe estropear una buena cita.

Sí, Google es casi un monopolio, pero de ello no tiene Google la culpa, nadie le ha otorgado una licencia de exclusividad, nadie le ha brindado una concesión administrativa para ser el buscador por excelencia con carácter de exclusividad. Domina porque nadie le hace la competencia, vaya chasco verdad. Es un cuasi monopolio, de facto, porque nadie hace lo mismo y con semejante despliegue. Lo que demuestra que, en vez de competir, nos quedamos mirando asombrados. Aún recuerdo cuando hace algo más de 15 años, cuando empezaba en el mundo Internet, la empresa que ayudé a crear daba de alta sus productos en el buscador Google, porque entonces se hacía así, para que los demás internautas conocieran de tu existencia. Eran los tiempos en los que Google no era nadie, sonaban otros, Lycos, Yahoo, Altavista, MSN, Ask, Terra. Bueno, lo de Terra, que fue una verdadera estafa financiera, da para escribir un libro. Pues bien, salvo la estafa Terra (española), no hay europeos en el grupo, ¿por qué?

Logotipo antiguo de GoogleNo hace mucho escuchaba a un exministro español quejarse, en privado, del monopolio que, según él, ejercían Google y otras compañías informáticas americanas. La verdad es que algo de razón tenía, pero la culpa no era de esas compañías. Las empresas, bueno, los dueños y dirigentes, se llenan la boca alabando las bondades de la economía de mercado y de la competencia, pero tienen vocación monopolística. Si nadie les hace frente, o les hacen frente sin armas ni bagajes, las empresas tienden a convertirse en monopolios. Por eso son tan necesarios los órganos reguladores del mercado, para impedirlo. Pero si no cometen irregularidades y nadie les hace competencia, se quedarán con el mercado, ¿a qué estamos esperando para competir?

Seguro que han oído hablar de GPS, un desarrollo del Departamento de Defensa de los EE.UU. Les dejo el enlace a la página oficial del sistema GPS (una parte de ella está en español) para que comprendan lo que es. ¿Se han parado a pensar que por número de usuarios y por capacidad económica, Europa debería disponer de un sistema similar que fuera propio? En la Unión Europea (UE) llevamos varios lustros intentándolo junto con la Agencia Espacial Europea (ESA), con el proyecto Galileo, y según nos dicen aquí, el sistema estará completado allá para 2020, con unos 10 años de retraso. Perdonen que me muestre escéptico al respecto, ¿se han fijado que lo que llama la atención e interés de muchos estrategas es qué organismos de la UE situados en el Reino Unido nos vamos a traer cuando se materialice el Brexit? Es cierto que la puesta en marcha del Galileo, como proyecto civil, forzó a los EE.UU. a abrir el uso del GPS, pero siguen por delante y con gran ventaja de ocupación entre los usuarios del sistema.

Después de haber leído mucho de los regeneracionistas, que, todo sea dicho, han aflorado como setas en los últimos tiempos, he comprendido, para disgusto de algunos, que no habrá regeneración si no hay un cambio de paradigma, perdonen el esnobismo. Sí, un cambio de actitud ante la realidad económica que nos circunda, un cambio ante los desafíos que, en lo económico, representan otros países, un cambio ante la situación de deterioro en la realidad de nuestras ciudades, comenzando por el de la capital, un cambio de actitud ante las nuevas formas de hacer, que no son precisamente eso que se ha dado en llamar economía colaborativa, un cambio ante la obviedad de que, o bien les ayudamos a encontrar estabilidad y actividad, o vendrán a compartir la nuestra. Sí, hablo de las vallas que nos rodean, cada vez más altas y gruesas. Por cierto, las vallas cierran el paso a los que entran, pero también a los que quieren salir, ¿seguiremos gastando el dinero en vallas y no en desarrollo?

Nuestros puros, pensadores y activistas llevados de buen corazón, están radicalmente en contra de la Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión, más conocido por sus siglas en inglés TTIP. El TTIP, del que debemos empezar por decir que no existe como norma, se ha convertido en el aparente causante de todos nuestros males, sin siquiera haber nacido. Los puros han celebrado como un triunfo el que Francia haya pedido suspender las negociaciones, sin ser conscientes de que no han ganado ellos, han ganado los ultranacionalistas que, por toda Europa, quieren cerrar fronteras y poner nuevamente en funcionamiento las barreras de antaño. Todavía no he escuchado a ninguno de los puros quejarse por las condiciones de los acuerdos comerciales que China está alcanzando con otros países, bien que de forma bilateral para que no suenen mucho en los medios, pero asegurándose mercados y fuentes. Ni tampoco con las prácticas comerciales de Rusia, entre otros, que nos pueden hacer regresar a los tiempos en que las flotas mercantes iban escoltadas por cruceros, ¿hemos perdido el norte al olvidar que el desarrollo está sustentado en el comercio?

Congreso de los DiputadosY este ensimismamiento, por el asombro con lo que hacen otros y de frustración por no saber aunar fuerzas y dar rienda suelta a nuestra capacidad creativa, nos puede conducir a la indigencia por inanición. Como he dicho en alguna ocasión, que los jóvenes salgan del país para trabajar en otros lugares no es malo a priori, lo malo es que lo hagan porque aquí no existan trabajos ni de botones, ¿los recuerdan? Porque ese estancamiento se nota en el país de forma grave, existe una parálisis intelectual, no de los intelectuales, que provoca que el mundo se mueva a nuestro alrededor y los demás, presos de la nada, lo veamos marchar sin hacer el más mínimo movimiento y lo más preocupante es que muchas personas afirman “me marcho, no puedo seguir en este país”, ¿qué nos ha ocurrido para que ni siquiera lo intenten?

Un pequeño ejemplo de la inanidad que nos circunda. En este mundo que nos ha tocado vivir las formas del fraude fiscal avanzan que es una barbaridad y las autoridades deben desarrollar nuevas técnicas para luchar contra ello de la manera más eficaz posible, no digamos en España en que la economía sumergida es tan elevada. Pues bien, mi buen amigo Jacinto me ha hecho saber esta semana que en las cuentas anuales de 2015 de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) que se han publicado se informa que la AEAT no se ha gastado en 2015 ni un solo euro en Investigación, Desarrollo e Innovación, como tampoco lo hizo en 2014.

A ver si como el borrico de la fábula, que hizo sonar la flauta por casualidad, los británicos van a tener razón, por casualidad, con el brexit por nuestro impasse.

Acabo de leer en el periódico AHORA Semanal un avance del nuevo libro del Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz sobre el Euro, que se publicará en breve, y en el que afirma que hace falta Más Europa o Menos Europa, porque en este impasse no podemos continuar. Él se refiere al Euro y a la UE, yo me refiero a España ¿Quién hará el gesto de ir hacia delante para que el país se ponga a caminar? Y ese gesto obliga a ceder.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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