intransigentes

 

Una de las acepciones de transigir es consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia, según nos dice la Real Academia Española, y llamamos intransigentes a quienes no consienten. Pues bien, con el paso de los tiempos, las mujeres hoy son intransigentes porque no aceptan las diferencias injustas. Y es que quieren que acaben las diferencias que, sin sentido alguno, existen entre ellas y los hombres. A veces es necesario ser intransigente, especialmente cuando se comprueba que ceder no permite lograr la igualdad. Al fin y al cabo, las mujeres y los hombres somos, o deberíamos ser, iguales en derechos y oportunidades. De ahí que, estando próximo el 8 de marzo, me haya parado a ver cómo ha cambiado el mercado laboral, en lo que a las mujeres concierne, desde 2007 hasta aquí. No esperen grandes descubrimientos, pero sí alguna sorpresa con relación a los valores preconcebidos.

No he entrado en la variable salarial porque esa ya está muy trabajada, existen muchos estudios sobre eso que se ha dado en llamar la brecha salarial de género, por eso me he centrado en ver cuál es el nivel de activas y ocupadas y su evolución en el tiempo. He intentado, como en otras ocasiones en que se manejan cuestiones que afectan a los sentimientos, ser muy cuidadoso con las conclusiones. Mi experiencia, basada en el contacto diario con empresas, me permite afirmar que las diferencias salariales entre mujeres y hombres se producen, fundamentalmente, por el concepto maternidad. Concepto amplio pues no es solo el tener hijos, es la atención continuada de los mismos. Y hasta que la sociedad no asuma que la maternidad es cosa de todos, no vamos a superar el problema de la brecha. Porque a veces parece que las niñas y niños enfermos o necesitados de cuidados solo tuvieran madres, que son las que a la postre terminan ocupándose de ellos. Dicho lo anterior, no creo que la brecha se resuelva con leyes que obliguen, se resuelve, al igual que otros problemas, con educación y sensibilización social.

En la tabla anterior pueden ver como en 2017 las mujeres, en número de personas, han alcanzado el mismo nivel de ocupación que tenían en 2007, a diferencia de los hombres. Tan es así que el porcentaje de mujeres ocupadas en 2017 supera el 45%, en media nacional, cuando en 2007 no llegaba al 42% y, en la actualidad, hay 2 comunidades autónomas, Asturias y Madrid, en que el porcentaje es del 48%. Esta recuperación del nivel de ocupadas previo a la Gran Recesión llama la atención porque supone una clara ganancia en la presencia de la mujer en el mercado laboral del país. Y ello obedece a un movimiento generalizado pues en ninguna comunidad autónoma ha descendido.

Es verdad que, en ciertas cuestiones, los avances requieren tiempo para que se alcance eso que llamamos igualdad, pero a veces ese tiempo transcurre demasiado lentamente. Pero el avance es incuestionable, baste como muestra el avance en el empleo de la mujer en el sector público, que ha pasado del 53%, aproximadamente, de 2007 al 56% en 2017. Quizá ese avance se deba a que en el sector público el respeto a los derechos laborales sea mayor. Puedo decir, por experiencia, que si las empresas no quieren perder a mujeres de alto nivel profesional deben cambiar las anteojeras y asumir, de una vez por todas, la protección de la maternidad.

En anteriores entradas en el real de a ocho he hablado del problema que, para la economía del país, y para la sociedad en sentido amplio, suponen el aumento de la desigualdad, la disminución de la natalidad y el envejecimiento de la población. “Casualmente” los tres factores guardan relación con las mujeres y la solución de los tres problemas implica una consideración hacia las mujeres que resuelva la desigualdad en que están instaladas, en contra de su voluntad. Por ejemplo, dotar al país de una red amplia de escuelas infantiles públicas que permita la escolarización de 0 a 3 años, sería la mejor herramienta para aumentar la igualdad de oportunidades, facilitar el empleo femenino y, al tiempo, influir para mejorar la tasa de natalidad.

En la tabla anterior pueden ver cómo ha sido el cambio en la distribución de la ocupación femenina por edades entre 2007 y 2017. Las más perjudicadas por la crisis han sido las mujeres de menor edad, las de mayor edad han salido reforzadas de ella porque han visto aumentar el número de ocupadas, ¿vuelve a influir en ello el asunto de la natalidad? Yo creo que de manera significativa es así pues la reducción en la contratación indefinida de mujeres jóvenes ha caído en picado en los últimos 10 años.

Pero donde se muestra el empuje de las mujeres es cuando se ve la situación de la población activa, que se muestra en la tabla que precede a este párrafo. Las mujeres han superado con creces el nivel de actividad de 2007, a diferencia de los hombres que aún no lo han logrado. Como veíamos en la ocupación, el nivel de activas es mayor que en 2007 en todas las comunidades autónomas y en alguna ya ronda el 50%. El incremento a nivel nacional es de casi 4 puntos porcentuales, al pasar de un holgado 42% a superar ampliamente el 46%. Esta predisposición a la actividad, no debemos olvidar la definición de activo, es un reflejo de la decisión de las mujeres por afrontar la crisis con valentía, pues el aumento ha sido constante a lo largo de los 10 años, aunque en el último de ellos haya disminuido ligeramente pues los efectos que provoca el aumento de la edad media también hace estragos en el colectivo femenino.

He dejado para el final el análisis de los ocupados no asalariados. Este colectivo, formado fundamentalmente por los llamados autónomos, ha disminuido durante la crisis, porque ésta, la crisis, no ha tenido compasión con nadie. Pero en el colectivo en el que la disminución ha sido significativa el de los hombres. Las mujeres no han visto mermada su presencia en este ámbito profesional. Si en 2007 eran el 31% del grupo, en 2017 son el 34%.

Diversos grupos políticos, sociales y sindicales anuncian huelga o paros limitados para el próximo día 8 de marzo. Huelga y paros que se apoyan en diversos manifiestos sobre la situación de la mujer. Que nadie tema estas acciones, forman parte del juego democrático, en su mejor sentido. No soy quién para apoyar o no esa huelga o esos paros, cada uno deberá decidir por sí mismo. Creo, sinceramente, que la situación de la mujer en lo laboral es mejor que hace 10 años, a pesar de la crisis, pues la brecha salarial se ha reducido y su presencia en el mercado de trabajo se ha reforzado, claro está que una mejora es posible que no sea suficiente para todas y haya quiénes exijan más velocidad en alcanzar niveles de igualdad.

A veces es necesario ser intransigente y, posiblemente, esta de la mujer sea una de esas ocasiones. Al comienzo de mi vida laboral, acostumbrado como estaba en ver a mi madre en casa, me causó una cierta sensación encontrarme en el trabajo con mujeres de una cierta edad que, además de su trabajo, tenían una familia con hijos que atender. Pasado un breve lapso de tiempo lo asimilé como lo más normal del mundo. Hoy me sorprendo cuando al conocer a alguna mujer me informa que no trabaja y que solo se dedica a las tareas domésticas. Confío en que veré llegar el tiempo en que no será necesario preguntarle a una mujer si trabaja porque será de suyo que sí y que percibirá una retribución acorde con su nivel de competencia y no con su sexo.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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