lo tiramos, ¿dónde?

 

Todo el día estamos tirando cosas porque vivimos en un mundo en el que utilizamos una gran cantidad de elementos de uso temporal para embalar y transportar los productos principales y, también, porque en muchas ocasiones es más barato cambiar un producto averiado por uno nuevo que repararlo. Los talleres de reparaciones están despareciendo a marchas forzadas. Ya no se reparan los aparatos que forman el mundo del pequeño electrodoméstico. Y las reparaciones de vehículos, que antes llevaban días, ahora se producen en horas. Es evidente que todo ello supone un ahorro de tiempo y de recursos, según nos dicen, pero ¿podemos estar seguros de ello?

La respuesta a la pregunta anterior depende desde que parte la afrontemos. Si somos el receptor del producto, posiblemente estemos de acuerdo porque es cierto que hemos dispuesto de menos recursos para atender la renovación que los que hubiéramos usado para el arreglo. La respuesta no está tan clara si la afrontamos desde el punto de vista del reparador porque su intervención en la cadena de valor es menor que lo era antes y disminuye su volumen de actividad. Y, desde luego, la respuesta es negativa para el medio ambiente por los efectos que se derivan de la acumulación de residuos. Y a las personas nos atañe el medio ambiente, no nos es ajeno, o no debería serlo.

Es cierto que se dan pasos en la dirección adecuada, como ocurre con las bolsas de plástico, que tendremos que pagar en las tiendas, sí o sí, desde este mes de marzo y que desaparecerán dentro de dos años; o como fue con la eliminación de los fosfatos en los detergentes. Pero la velocidad con que se adoptan estas medidas es muy reducida y la recuperación del entorno se hace lenta e interminable. Y si a eso añadimos la confusión, como el titular de este medio de comunicación en el que demuestra no saber de qué está hablando, pues la cuestión se vuelve crítica. No crean que lo del medio anterior es algo único; la que en tiempos fue la mejor televisión por ser la única, se apunta al carro de la confusión con el titular que pueden visualizar en este enlace.

Recogida de residuos 2015, kgs./habitante. Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Recogida de residuos 2015, kgs./habitante. Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Confundir la cantidad de residuos recogida con la cantidad de residuos generados solo puede deberse o bien a falta de formación, o bien a confusión interesada. Cualquiera que sea la razón por la que ocurra este dislate no deja de ser preocupante. Y esta confusión y falta de precisión es incomprensible, basta con leer la nota de prensa del Instituto Nacional de Estadística (INE) para darse cuenta del error cometido.

Y es que en ese reino de la confusión está la clave, ¿una menor recogida de residuos es causa de una menor generación?, no lo crean. Una menor recogida está básicamente relacionada con una peor gestión de los residuos, gestión estrechamente vinculada con la preocupación por el medio ambiente. Vean en el gráfico anterior la disparidad de residuos recogidos por habitante y año en cada una de las comunidades autónomas en 2015. Resulta especialmente preocupante que Madrid, que pretende figurar a la cabeza del progreso, sea la comunidad autónoma con menor nivel de recogida de residuos. Los datos de Ceuta y Melilla no se publican por secreto estadístico.

Tan solo en la comunidad autónoma de las Islas Baleares se recogen más residuos en 2015 que en 2010, sin olvidar que ya entonces era la comunidad autónoma con el mayor nivel de recogida por habitante. Especialmente significativos son los descensos que se han producido en la Región de Murcia, en Castilla La Mancha, en Andalucía y, como no podía ser menos, en Madrid,

Para ver si nuestro nivel de recogida se encuentra a la altura de los países de nuestro entorno, he preparado, gracias al servicio de estadística de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD por sus siglas en inglés) el cuadro comparativo que pueden ver a continuación. En los que se observa la evolución de la recogida de residuos en cada uno de los países seleccionados, comparado con la evolución de la media de la OECD y con el registro de cada uno en 2015 de forma destacada.

No es extraño que la recogida y tratamiento de residuos sea menor que en otros países, nos gastamos menos en protección del medio ambiente. En diciembre de 2017, por primera vez, el INE hizo pública una estadística que habla del Gasto Nacional en Protección Ambiental, con datos de 2010 a 2016, estos últimos no definitivos aún. Y aquí pueden ver la evolución de los mismos:

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

A pesar del ligero aumento en 2016 estamos aún muy lejos de 2011 y, especialmente, de 2010. Trabajar por el cuidado del medioambiente no debería ser discutible. Máxime en un país cuyo medioambiente está en permanente situación de escrutinio por los millones de visitantes extranjeros que tiene. Nuestra privilegiada posición en el sector turístico puede verse debilitada si permitimos que el cuidado del medioambiente no sea una cuestión prioritaria de las políticas públicas de todas las administraciones.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

En el cuadro anterior podemos ver que esa prioridad no es cierta pues el gasto es errático, con descensos significativos sin explicación alguna. Así, mientras el sector privado casi ha recuperado el nivel de gasto e inversión de 2010, el sector público se encuentra casi un 30% por debajo del nivel de aquel año. Tan solo los hogares mantienen un pulso constante de incremento en el gasto para el sostenimiento del medioambiente.

En ocasiones parece que el gasto en el cuidado del medioambiente fuera una especie de generación de residuos, cuando es, precisamente, todo lo contrario. El gasto en el cuidado del medioambiente es un arma de primer nivel para evitar ciertas enfermedades y, no debemos olvidar, que disponer de una sociedad sana es el primer peldaño para reducir el gasto sanitario. El cuidado del medioambiente es uno de esos ámbitos en que las economías de escala funcionan y resulta mucho más rentable hacerlo de forma comunitaria que individualmente. Y todo ello sin olvidar que una parte significativa de la gestión de residuos o del tratamiento de las aguas residuales, por citar dos capítulos, se llevan a cabo por empresas privadas, generando una actividad económica en la que este país podría ser puntero, desarrollando una tecnología y un saber hacer (‘know-how’) que podrían aumentar las exportaciones de servicios.

La próxima vez que vaya a tirar algo a la basura o, simplemente, quiera desprenderse de ello, hágalo de acuerdo con las normas y acuda a los centros de recogida y tratamiento de residuos o entréguelo a los profesionales del reciclado. No nos podemos permitir el tirar sin tener claro el dónde hacerlo.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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