números y datos

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coronavirus 5
19-04-2020

Escuchando la radio el sábado 18 reparé en una noticia en la que el periodisto, ¿o sigue siendo periodista a pesar de ser masculino?, nos anunciaba que la mitad de la población mundial se encuentra recluida en sus domicilios y, a modo de concreción, añadió “cuatro mil millones y medio de habitantes”. Es posible que quisiera decir cuatro mil quinientos millones, por aquello de que se estima que la población mundial es de nueve mil millones de seres humanos y la mitad de 9.000 son 4.500, pero no 4.000.500.000, que fue lo que dijo, cuyo doble son 8.001.000.000. Ya ven lo que son los juegos de números. La emisora era la SER y fue durante el boletín informativo de las 10:00, ¿o fue el de las 11:00? Todo un lío de números.

Dicen que los economistas estudian muchas matemáticas, uno de los más conocidos fue John Forbes Nash, que logró el llamado Nobel en Economía en 1994, cuya primera tesis doctoral sobre matemáticas tenía menos de treinta páginas. En él se basa la película A beautiful mind’, Una mente maravillosa en España. Y es que la economía necesita de las matemáticas para poder expresarse adecuadamente, nos guste o no. Y las matemáticas se alimentan de números, entre otros elementos. Por cierto, un dirigente político, que quiere colonizar todo aquello que le quede cerca, y como no tenemos nada mejor que hacer quiso montar una trifulca con el 1714 y el 1.714.000. Si no fuera por el dolor del que estamos rodeados sería para pedir, como mínimo, su inmediata reclusión hasta que demuestre la hipótesis de Riemann.

Pero esto de los números está atosigando a muchos y llevándolos a situaciones de lo más estrafalarias. Hace algunas fechas un diario abría con la noticia del demoledor dato del paro que nos esperaba cuando se hicieran públicos los números del registro de empleo, datos, ninguno, números, algunos. El mismo diario nos hablaba el día 18 de abril de “al menos 419.000 casos posibles”. Nuevamente números, muchos, datos, ninguno. Un dato es una referencia contrastada, de la que se conoce la fuente de la que procede y el método de obtención. Y, del mismo modo que la casi totalidad de los medios de comunicación se dedican a lo tenebroso y lo negativo, al usar números, que no datos, desinforman y generan alarma y desasosiego. Les sugiero este artículo sobre la cuestión del morbo innecesario y no es el único que piensa de esta manera, el mismo día se hacían la misma pregunta en el programa radiofónico ‘A vivir que son dos días’ con relación a los titulares que se les dan a los artículos en la prensa escrita.

Por eso he elegido la foto de El grito de Edvard Munch que tuve la fortuna de poder hacer a finales del pasado siglo en Oslo, para pedir ¡basta! con los números sin ton ni son y exigir datos que informen y nos hagan poder dominar la situación y no ser pasto de bulos y errores, la mayor parte de ellos intencionados. Ya saben que el desorden y el desconcierto es el reino en el que encuentran hueco los necios y los mediocres.

Pero la culpa es del Gobierno, sí del Gobierno de España, que no ha sido lo suficientemente firme en exigir que la información fluya correctamente y en que se ofrezca toda la posible. Llevamos desde el 14 de marzo sin que la información camine adecuadamente por los canales informativos, hay comunidades autónomas que se dedican a comunicar datos a los medios por su cuenta en horarios diferentes, quizá para demostrar que existen. Luego aparecen los errores y, como ya sabemos, los errores son huérfanos. Lo que padecemos es una pandemia, no somos víctimas de una especie de atentado que requiere actualizar la información cada pocos minutos. Y es tanta la ansiedad de los medios por ofrecer números, que no datos, que a veces hay más fallecidos ayer que hoy, como si de una macabra lotería se tratara. Y así no se maneja una situación de muy largo recorrido temporal y de un muy profundo efecto emocional en la ciudadanía.

Y después de 20 años de gestión sanitaria y de asistencial social transferidas a las comunidades autónomas de manera completa, se produce el curioso fenómeno de que ninguna de ellas se siente responsable del estado de la sanidad en España ni del de las residencias. Para que comprueben la situación en la que nos estamos moviendo y con las armas con las que contamos, en España no se ha implantado un calendario común de vacunación hasta el año 2019, vamos, hasta ayer. Suena triste, pero es la realidad y les dejo que averigüen quién es la principal responsable de esta discrepancia sostenida en el tiempo. Les recuerdo que el Gobierno ha tardado 10 días en lograr que las comunidades autónomas le manden la información sistematizada sobre la situación en las residencias y las pruebas que se realizan para detectar la covid-19. Los medios, en vez de hacerse eco de la penuria informativa, han contribuido a aumentar el desconcierto publicando datos incompletos y en muchos casos inexactos.

Imaginen lo que ocurre en el ámbito estrictamente económico, donde toda la información que existe sobre la situación son las tenebrosas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe de primavera, que no es muy difícil de escribir dada la magnitud de la pandemia. Lo que se echa en falta son propuestas para abordar el futuro, penurias sabemos contar todos. Se me olvidaba que no podemos dejar aparte las manidas sugerencias de reducir o eliminar impuestos que nos transmiten los de siempre. Son propuestas de los mismos que aplaudían el informe de primavera del FMI de 2007, ese, sí, han acertado, ese que nos auguraba el mejor de los paraísos y ya ven lo que vino después. Me abstendré de recordarles quién era el Director Gerente del FMI en aquellas fechas.

Y les hablo de todo esto porque lo sanitario también es economía. Por dos razones, porque cuesta y hay que pagarla vía impuestos y porque sin ciudadanos sanos no hay economía. Y estábamos en estas cosas cuando, de pronto, aparece el sector de la sanidad privada, ese que es contratado por gestores del sistema público, para, ¡lo han adivinado!, pedir ayuda al Gobierno, otro más. Porque en las entrevistas que les hacen en los medios a los gestores de las grandes empresas, esos mismos que se atrevían a dictar la que, en su opinión, debería ser la política económica hasta hace escasas fechas, solo sirven para que nos hagan saber la carta de peticiones que le presentan al Gobierno. Y hablando de quiénes opinan un día sí y otro también ¿han oído alguna propuesta al gobernador del Banco de España?

Lo que me ha causado especial sorpresa ha sido la reacción del mundo de la educación de Madrid tras la falta de acuerdo de varias comunidades autónomas con el plan propuesto por el Ministerio de Educación. Seguí atentamente la rueda de prensa que ofrecieron las autoridades educativas y escuché decir al secretario de Estado, con su habitual capacidad pedagógica, “que no iban a decir qué había que hacer porque quiénes mejor conocían la situación de los alumnos eran los equipos docentes” y sin embargo el presidente de la Asociación de Directores de Institutos Públicos de Madrid le respondió, a través de los medios, que “los directores queremos normas claras y precisas”.

Unos quieren normas precisas y claras, cuando les ofrecen poder decidir, y otros quieren poder decidir cuando las emergencias exigen una unidad en la decisión.

Cuídense, el fin del encierro se acerca, aunque sea con limitaciones, y hay que seguir aquí para disfrutarlo.

2 comentarios en “números y datos

  1. Esmeralda G. Valladolid

    Nos pierde el lenguaje, pero solo porque no sabemos usarlo. Con lo fácil que es, en realidad :-S

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  2. Bernardo

    Recuerdo un chiste del Forges de hace más de treinta años en el que un indivíduo presentaba a otros dos diciendo:”aquí Pitágoras, aquí un estadístico oficial” y este último respondía “¡glub!”.
    La relación de los periodistas con los números es comparable a la de muchos individuos en política o en las cúpulas empresariales con la coherencia

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