planes y hechos

 

Hace muchos años, en los inicios de mi vida profesional, el director financiero nos dijo, a un grupo de atentos auditores internos, novatos, que fuimos los primeros en esa tarea en la empresa y, quizá, en el sector público, ‘los presupuestos se hacen para no cumplirse’. Un poco asustados, todos nos miramos para buscar ayuda en los compañeros con la intención de comprender esas palabras. El susodicho director continuó con su alegato, ‘porque si se cumplen, es que se han elaborado a posteriori’.

Nos quedamos anonadados. Pero el director, adusto, joven y con mucho genio interior, alivió nuestra tensión, visible, y nos explicó con todo detalle a qué se estaba refiriendo y cuál era el significado de sus palabras. Un plan es una estimación, una previsión, una consideración sobre que ocurrirá en el futuro. Es prácticamente imposible que se pueda acertar, al cien por cien, con lo que va a ocurrir en el futuro, se admiten aproximaciones muy acertadas, pero la exactitud es imposible. Él, el astuto director, se estaba refiriendo a los presupuestos de inversión que se elaboraban en la empresa y coincidían, al céntimo de peseta, con lo ejecutado.

Perdonen que me remonte a tiempos inmemoriales y por asuntos propios que se decía antiguamente, para hablar de lo importante. Y lo importante es el estupendo artículo que Aristóbulo de Juan publica en El País del domingo 11 de mayo. Normalmente los artículos de esta categoría, que requieren una profunda elaboración literaria para captar la atención del lector y transmitir los conceptos que prenden su elaboración, se retrasan en el tiempo con relación al motivo que los provoca. En este caso una reciente reforma de la normativa concursal de primeros de marzo.

El artículo de Aristóbulo de Juan es el “culpable” de mis recuerdos. En un párrafo del mismo, con sutil agudeza expresiva, afirma que “hechos concretos’ y ‘plan’ podrían ser conceptos contradictorios”. Qué apreciación más acertada, en términos lingüísticos y económicos. Aquí surgió mi recuerdo, pero no fue el único.

Es una pena, grave, que este país no sepa valorar a los exquisitos profesionales que lo habitan. El país es algo más que sus gobernantes. Pero, sin contradecir lo anterior, afirmo que deberíamos ser conscientes de que también tenemos políticos de alto valor. Profesionales que trabajan en el sector privado y en el público, sesudos conocedores de la construcción teórica del modelo económico que queremos y avanzados expertos de cómo se puede operar sin dañar al resto de los intervinientes de la actividad económica.

Por cierto, Aristóbulo de Juan fue Director General del Banco de España. No siempre bien valorado por todas las partes implicadas en el sector financiero.

INI2Y con ser muy cierta la alerta que pone en marcha el Sr. de Juan con su artículo, no es menos cierto que el problema podría llegar más allá del lugar que él apunta, un problema para los bancos comerciales que podrían convertirse en obsoletos bancos industriales. Pues el camino que se propicia con la reforma concursal de marzo pasado, puede llegar a desembocar en la puesta en marcha de un INI encubierto. Fantasmagórico ente, de muy triste recuerdo, por lo que representó como nacionalizador de pérdidas causadas por desmanes privados. El Instituto Nacional de Industria (INI) nació el 25 de septiembre de 1941 y todavía no ha desaparecido realmente, solo cambió de nombre en 1992, desde entonces se llama Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

Porque, una vez asumidos los capitales, en pago de las deudas, por las entidades financieras, ¿quién, si no el Estado, asumiría las pérdidas subsiguientes por la inviabilidad de las empresas “atendidas” en este proceso que derivaría en un nuevo rescate bancario?

No estamos ante un caramelo envenenado para las entidades financieras, estamos ante una posible píldora de salvamento infundado para la industria, basada en un rancio nacionalismo. ¿Recuerdan el reciente caso Spanair? Es difícil olvidar que en los aledaños del poder actual hay mucho salvapatrias económico, que ya actuaron en tiempos pasados, con resultados beneficiosos para “su” patria, pero nefastos para la “nuestra”.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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