primera vez

 

Para todo hay una primera vez, aunque en ocasiones no seamos conscientes de ello, y en este caso se trata de que el blog va a ser testigo del previsible cambio de política económica en el país como consecuencia del cambio de Gobierno que se ha producido en los últimos días. El procedimiento por el que se ha producido ese cambio de Gobierno, una moción de censura, no ha permitido conocer con un cierto detalle en qué va a consistir esa nueva orientación que, supongo, se pretende imprimir a la economía. Conocemos el programa político del partido que sustentará al nuevo Gobierno, pero no los aspectos que del mismo van a ser aplicados. Sin olvidar la dificultad que va a suponer el aunar apoyos de grupos políticos con tal disparidad ideológica. A todo ello hay que añadir que el nuevo presidente del Gobierno se ha comprometido, para lograr los apoyos necesarios, en llevar adelante el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2018 que se encuentra en tramitación parlamentaria y que había rechazado con anterioridad.

Quizá lo primero que deba hacer el nuevo Gobierno es que, independientemente de que se aprueben los presupuestos para 2018 lo antes posible, ofrezca una señal inequívoca de la senda por la que piensa conducir su política económica y para ello dispone del mecanismo del denominado techo de gasto, sin esperar al límite del plazo legal para su aprobación, 1 de agosto, de manera que los ‘ansiosos’ mercados y la ‘escrutadora’ Unión Europea (UE) estén adecuadamente informados. Y ya puestos, permítanme que haga algunas propuestas de política económica a los nuevos rectores, pues todos llevamos un ministro de economía dentro, al igual que en fútbol que todos llevamos un seleccionador dentro.

1. La cuestión más importante que aqueja al país es la desigualdad, transmutada en vulnerabilidad y pobreza. Son muchos los estudios que se ocupan de una desigualdad que se ha extendido como una mancha de aceite y que avanza inexorablemente. Y siendo grave el aumento constante de la desigualdad, lo es aún más que esté creciendo el fenómeno de que existen trabajadores en la pobreza, es decir, personas que trabajan y no pueden con su salario cubrir las necesidades básicas. El último trabajo sobre desigualdad, el publicado recientemente por el Banco de España, pone de manifiesto como en los años de la Gran Recesión la desigualdad ha campado a sus anchas y continúa haciéndolo. Aunque, como dice Marcel Jansen, los autores no hablan en el estudio de pobreza. El propio Marcel Jansen nos cita a otros que lo vienen haciendo con regularidad, mostrando donde se encuentra el problema.

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Por esta razón habrá que aplicar medidas conducentes a detener el continuado aumento de la desigualdad, que no pasa necesariamente por un aumento de la carga impositiva, pasa por reformar todas aquellas normas que han supuesto un deterioro de los salarios de menor nivel, como se pone de manifiesto en el estudio citado.

También será necesario revisar las políticas sociales para que los mecanismos de solidaridad de que dispone el Estado sirvan realmente para atender a aquellos que lo necesitan, algo que no está ocurriendo como puso de manifiesto la UE.

2. Lo fiscal abarca un amplio espectro de parcelas necesitadas de la adecuada intervención. Desde la necesidad de resolver el comportamiento prepotente de la Administración Tributaria que, como dice el profesor Tejerizo, trata a los ciudadanos como súbditos, hasta la inadecuada estructura de la imposición en España y que merecería un estudio en profundidad para su reforma. Es cierto que ello no se puede resolver en un breve plazo de tiempo, pero hay que empezar a adoptar medidas para iniciar un nuevo camino.

Estoy seguro que muchos ciudadanos y profesionales relacionados con la materia nos daríamos por satisfechos con que la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) cambiara el tono de sus resoluciones, se ajustara a la norma y se sometiera a los tribunales, algo que, por cierto, le cuesta trabajo. No digamos ya si, además de lo anterior, el Ministerio de Hacienda se aviniese a no introducir cambios en las normas fiscales al ritmo de varios cambios mensuales, como ejemplo baste citar que la Ley del Impuesto sobre Sociedades, aprobada en noviembre de 2014, ha sufrido hasta la fecha 13 cambios, uno de ellos en diciembre de 2014, es decir, casi 4 por año.

3. Lo público, que abarca a la propia Administración General del Estado, competencia del Gobierno, y a las comunidades autónomas y los entes locales, está necesitado de una nueva financiación con la debida asunción de responsabilidades. No puede ser que en España parezca que solo recauda la Administración General, un poquito la local y nada la autonómica. Si obviamos el gasto de la Seguridad Social, la estructura del gasto público por administraciones supone que el 49% corresponde a la administración autonómica, el 34% a la Administración General y el 17% a la administración local.

Por otro lado, la administración local, por efecto de la ya conocida regla de gasto, ha visto mermada su capacidad de inversión, que tanta falta le hace al país, provocando una acumulación de recursos que se encuentran ociosos. Tenemos en estos momentos ayuntamientos que no tienen deuda o esta es muy reducida y que no pueden invertir por la famosa regla.

El sector público dependiente de la Administración General, probablemente en el resto de administraciones también, está necesitado de un nuevo impulso de modernización y mejora de medios que resultaría sumamente beneficioso para la economía en general, especialmente para el sector servicios. Fomentar la inversión en capital productivo es algo que cuenta con el respaldo general. De la misma forma que creo que cuenta con respaldo general la eliminación de las diputaciones, cuyas funciones podrían ser absorbidas por las comunidades autónomas de manera paulatina.

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4. La energía nos resta energías. Que la energía eléctrica del país sea una de las más caras de Europa no tiene sentido alguno. La introducción del llamado impuesto al sol fue una de las más desastrosas decisiones en materia energética que se adoptaron en España y eliminarlo sería una corrección oportuna. Habrá que fomentar la investigación en el aprovechamiento de la energía solar para que las plantas sean más eficientes y de esa forma lograr que la industria fotovoltaica española vuelva a ocupar un puesto destacado en Europa como el que tuvo en el pasado.

Pero no todo es el sol. El sector de la energía tiene que llevar a cabo otros cambios en su estructura productiva, quizá el más señalado sea el relativo a las centrales térmicas. El consumo ingente de combustibles fósiles, con el efecto que tiene sobre el clima, no puede continuar y, además, ya en 2017 se puso límite al funcionamiento de dichas centrales para el año 2020. Aplicar el plan va a requerir energía, nunca mejor dicho, para que se alcance adecuadamente el objetivo. Y no debemos olvidar las posibilidades de aprovechamiento de la biomasa, de escaso peso aún en España.

5. El sector financiero no puede suponer un riesgo para el avance económico, lo cual no significa que haya que proporcionarle ayudas específicas, pero sí estar alerta sobre su estado y situación, evitando las fusiones entre entidades nacionales que solo contribuirían a reducir el ya escaso nivel de competencia, perjudicando a empresas y consumidores.

Habría más ámbitos en los que, de inmediato, se podrían adoptar medidas, comercio exterior, dimensión de las empresas, comercio interior, construcción, ciencia y tecnología, contribuir a un mejor funcionamiento del euro y del Banco Central Europeo. Pero es posible que lo más importante sea que dispongamos de una clara hoja de ruta y que se escuche a los sectores implicados para que no exista desconexión entre la acción de gobierno y los ciudadanos.

Nota: Los gráficos que ilustran la entrada están tomados del documento ocasional nº 1806 del Banco de España ‘La desigualdad de la renta, el consumo y la riqueza en España’, cuyos autores son Brindusa Anghel, Henrique Basso, Olympia Bover, José María Casado, Laura Hospido, Mario Izquierdo, Ivan A. Kataryniuk, Aitor Lacuesta, José Manuel Montero y Elena Vozmediano, y al que se puede acceder desde la página web del Banco de España.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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