tenemos un problema

 

Nos pasa como en la famosa película sobre la aventura espacial de uno de los Apollo, tenemos un problema. Lo peor de nuestro caso es que no podemos llamar a nuestro Houston particular, porque se van a enfadar aún más y la multa alcanzará niveles desorbitados para una economía renqueante como la nuestra. Y nunca mejor dicho lo de fuera de órbita, porque en eso consiste lo de desorbitado.

Empezó el asunto con que “no había asunto”, todo era un infundio creado por las fuerzas del maligno y España estaba libre de toda sospecha y por eso la Comisión (de la Unión Europea) nos iba a ayudar en lo que hubiera menester. Comisión que en aquél tiempo presidía un tal Durao Barroso, ese al que acaban de nombrar Presidente de Goldamn Sachs, los autores de los métodos para que Grecia engañara sobre su déficit público a la Comisión, se cierra el círculo y no precisamente virtuoso.

Un intermedio explicativo, que decía el profesor Velarde. El mismo día que la Comisión nos ampliaba el plazo para corregir el déficit público, le pedía explicaciones a Bélgica por no haber tomado medidas, como pueden leer aquí, para reducir el déficit. La Comisión estaba preocupada con Bélgica porque ya hacía 541 días que el país había dejado de estar con un gobierno en funciones durante 541 días. Nosotros llevamos 211 y hay mucha gente que está alarmada.

Volvamos con nuestro problema. Perdón, con “eso”, que nadie quiere nombrar a la bicha. En abril de 2015 nos enteramos que el déficit de 2014 superaría en una décima el compromiso con la Unión Europea (UE) y todo el mundo se frotó las manos, bueno todo el mundo no, los que mandaban. Y fue tal la alegría que les entró de quedarse cerca de cumplir, gracias como luego veremos a los trucos contables del ministro contable, que decidieron, con imprudencia, que la campaña electoral que se avecinaba bien merecía una buena dosis de populismo y demagogia y se bajaron los tipos del IRPF para 2016 y se anticipó parte de la bajada para el 2º semestre de 2015. Una demostración más de lo que algunos se preocupan por el país.

En octubre de 2015, ¡válgame el cielo qué imprudencia!, y antes de empezar la campaña electoral de las elecciones generales, el comisario de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, Pierre Moscovici, afirmó que España incumpliría los compromisos contraídos con la UE sobre déficit público tanto en 2015 como en 2016. Rápidamente uno de los miembros del comité de sabios salió a criticar al Sr. Moscovici con su habitual estilo de insulto y descalificación, lean, lean, que les va a encantar.

La vicepresidenta en funciones y los ministros de Hacienda y Economía en funciones. Pool Moncloa / JM Cuadrado

La vicepresidenta en funciones y los ministros de Hacienda y Economía en funciones. Pool Moncloa / JM Cuadrado

En esos momentos se empezó a hablar de una posible sanción en el marco del procedimiento por déficit excesivo que tiene abierto la UE a España. Nada de nada dijeron los sabios, eso son paparruchadas del maligno, que como siempre intenta estropearlo todo. Con lo bien que marcha nuestra economía. Lean el artículo que hay bajo el hipervínculo de José Moisés Martín de octubre de 2015 que les resultará muy ilustrador de lo que está ocurriendo en la Comisión Europea. Y tuvimos una campaña electoral centrada en descartar más que en proponer (6 meses después se centraron en el valor de las encuestas). Y pasaron las elecciones, sin que nadie mentara a la bicha. Y se intentó formar gobierno, sin que nadie hablara del problema. Hasta que en abril de 2016 el Gobierno no pudo ya ocultar lo que todo el mundo sabía, que la Comisión se decantaba por imponer una sanción a España y empezamos, como es habitual a rebajar el problema. El compañero de pupitre del pitoniso metido a ministro de asuntos diversos nos hablaba de la injusticia de la medida y de que se nos impusiera una sanción. Y como tantas veces, la gente creyó al ministro y se relajó.

Y el 7 de julio se activó el mecanismo sancionador, como pueden ver aquí, por déficit excesivo y por no hacer nada, de manera consciente, para reducirlo, tal y como le ha ocurrido al Gobierno de España, en funciones y funcionando. A partir de ese momento el ministro se dedicó a transmitir que se iban a adoptar medidas, de gran calado, para compensar las desviaciones y resolver el problema, ¿problema? Ya salió la palabra, problema, efectivamente tenemos un problema que hay que resolver, por los que están o por los que vengan, estén en funciones o funcionando. Porque la propuesta del ministro ni tiene calado ni es racional, está llena de parches temporales y absolutamente rechazables, desde cualquier punto de vista.

La primera de las medidas, el llamado cierre del ejercicio el 20 de julio, es una medida ilustrativa porque refleja cómo se puede manipular, y de hecho se ha manipulado en los últimos años, la ejecución del presupuesto. El presupuesto es la autorización legal para gastar, pero ello conlleva un proceso, más o menos prolongado, de aprobación, licitación, selección, disposición, ejecución, verificación y control, ordenación y pago. Lo que significa la orden aprobada es que todo aquello que no llegue a las oficinas contables antes del 20 de julio ya no se podrá hacer en el año y, consecuencia, será un gasto menos. Básicamente afectará a inversión pública, pues el gasto corriente está casi todo él comprometido desde el comienzo del año. Una pésima noticia la reducción de inversión pública, ya exigua de por sí.

La segunda de las medidas es un aumento en los pagos a cuenta del Impuesto de Sociedades, porque no es un aumento del citado impuesto, es un recaudar hoy lo que se recaudaría el año que viene, lo que no es una medida consolidada y recurrente. Es un vulgar anticipo de tesorería que se pide a las empresas del país, a pesar de las voces que hablan de una subida de impuestos y que deja desvalido al Gobierno que tenga que gestionar el presupuesto de 2017, si es que llegamos a tener presupuesto propio para ese año. Es una medida mal pensada y peor ejecutada que va a amargar los meses de octubre y diciembre a las empresas, pues es cuando toca hacer pagos a cuenta. Ya estaba siendo mala la recaudación por el Impuesto sobre Sociedades, para complicar aún más la cosa. Lo que me ha sorprendido es que el único que ha hecho protesta pública sobre la medida haya sido un líder sindical, mientras los empresarios se han mantenido en silencio.

Y aunque nos aumenten la multa por ello no me queda más remedio que decir: “Bruselas, tenemos un problema y necesitamos ayuda”

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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