ya está aquí

 

Fiel a su cita, desde hace casi 40 años, en pocos días se inicia la campaña de la renta, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) Más o menos es como la del pasado año, aunque esperemos que el programa haya eliminado los defectos que tenía el anterior. Decía Díez Alegría en su ‘Teología en broma y en serio’, al recordar una historieta de humor publicada por un semanario inglés sobre el asunto de los anticonceptivos, que los profesionales del celibato no deberían meterse en camisa de once varas. De la misma manera los profesionales de la informática tributaria deberían escuchar las quejas y sugerencias de los usuarios, de los contribuyentes y de aquellos que se dedican a las cuestiones fiscales, y trasladarlas al sistema.

Pero antes de que se inicie la campaña se presentarán los datos de recaudación del ejercicio 2017, según nos aseguraron días atrás en un seminario sobre tributación los cargos más relevantes de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT), entre los que se encontraba el creador del Suministro Inmediato de Información del IVA (SII) que trae de cabeza a empresas y gestores. Ya el pasado día 22 de marzo se produjo un avance del déficit público, en términos de contabilidad nacional, del pasado ejercicio, avance interesado porque demostraría que España habría entrado en la senda de cumplimiento, aunque aún es pronto para saber si ello permitirá abandonar el Procedimiento de Déficit Excesivo o por el contrario ser el único país de la Unión Monetaria (zona euro) en continuar sometido al control de Bruselas.

Por eso, para recibir los datos, conviene recordar de dónde venimos y que es lo que ha pasado en estos últimos años. Y es que no paramos de escuchar que somos uno de los países de la Unión Europea (UE) con mayor crecimiento económico y así, el viernes 23 de marzo, sin ir más lejos, el Instituto Nacional de Estadística (INE) hizo públicos los datos de la Contabilidad Regional de España de 2017 y aprovechó para dar a conocer el dato del Producto Interior Bruto por habitante de 24.999 euros por persona y año, que es el mejor registro histórico del país. Cifra nunca antes alcanzada.

Y uno se pregunta, si la economía crece de manera imparable y ya hemos superado los niveles de 2008 que fueron los más altos, nunca alcanzados con anterioridad, ¿estará nuestra recaudación tributaria a la atura de las circunstancias? Como dicen los jóvenes hoy en día, va a ser que no. No, no estamos a la altura.

El cuadro anterior, preparado con la información que proporciona en su página web la Secretaría de Estado de Presupuestos y Gastos y con la información que elabora la Intervención General de la Administración del Estado, nos muestra la evolución de la recaudación, por grandes capítulos, en los últimos 6 años, comparándola con la del año 2007 en el que se produjo el último superávit en la hacienda del Estado. No olviden que los datos que se ofrecen no incluyen a todo el sector público ni a la Seguridad Social ni a las comunidades autónomas ni a las entidades locales. Pero es suficientemente ilustrativo de la situación.

El Estado perdió entre 2007 y 2012 unos 47.000 millones de euros de recaudación, de los que en 2017 solo ha recuperado unos 10.000 millones de euros. En lo que al gasto se refiere, el aumento en 2012 respecto a 2007 fue de unos 14.000 millones, con una reducción posterior de 9.000 millones. En definitiva, 37.000 millones menos de ingreso y 5.000 millones más de gasto. A la vista de estos datos con los que se puede comprobar que no se han producido casi cambios en los gastos, en términos globales, nos damos cuenta que la única variación real viene de la parte de los ingresos y, especialmente, en los impuestos directos.

La recaudación actual en impuestos directos es, aproximadamente, el 60% de la que obtenía el Estado en 2007. Eso significa que una parte significativa de la mejora de la economía se ha debido a la renuncia del Estado, de la sociedad en su conjunto, a una parte sustancial de sus ingresos. Descubrir quiénes son los que han visto reducida su contribución al sistema sería de sumo interés. Es muy posible que una parte importante de esos que han visto mejorar su situación tributaria, por una menor contribución, no sean precisamente los grandes damnificados con la Gran Recesión que hemos padecido.

En el capítulo de la imposición indirecta la importante pérdida que se había producido en un primer momento, con una caída de más del 50%, se ha ido recuperando paulatinamente y hoy puede afirmarse que se encuentra en el entorno del 80% de la que se obtenía en 2007.

Esta diferente evolución de la imposición directa y la indirecta tiene mucho que ver con los cambios legislativos que se han producido en los últimos años y que han causado un paulatino incremento en impuestos como el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) y una reducción del IRPF. Debemos recordar el aumento de los tipos reales aplicables al IVA de ciertos productos que han supuesto un drástico aumento de la recaudación de los mismos. En contrapartida, la disminución de las tarifas del IRPF ha supuesto un estancamiento en la recaudación en este tributo.

Pero la capacidad de gasto del Estado también se ha visto afectada por la evolución de los otros ingresos, procedentes de tasas y precios públicos, de ingresos por aprovechamiento del patrimonio y de transferencias recibidas. En casi todos los capítulos se han producido reducciones significativas.

Si nos fijamos en los gastos podemos comprobar que la reducción de los mismos ha sido limitada, en términos globales, con una reducción de unos 5.000 millones entre 2007 y 2017. A pesar de lo que muchos nos han querido vender, los gastos de personal no se han reducido en estos años y eso que han existido congelaciones salariales para algunos funcionarios y en algún momento puntual. Digo esto porque si se toman los cuadros sin homogeneizar, en 2014 se observa una reducción drástica del gasto de personal con motivo del diferente registro del gasto por clases pasivas en 2014 y siguientes con relación a 2013 y anteriores.

A pesar de la caída de los tipos de interés nominales los gastos financieros se han mantenido constantes, como consecuencia del aumento de la deuda que se ha multiplicado más que por dos en estos años. De todas formas, alguien nos debería de explicar el aumento de la deuda en proporciones tan gigantescas, que no guarda relación alguna con los déficits habidos en estos ejercicios.

La reducción en los gastos está en el capítulo de inversiones. Aquí es donde el Estado ha hecho un gran esfuerzo para no hacer, valga la paradoja. Y eso lo vamos a pagar en el futuro, por muy diversas vías. La primera por la acumulación de necesidades en reponer el capital productivo, la segunda por la posible vuelta de la fiebre de construcción de infraestructuras innecesarias y la tercera por el deficiente mantenimiento de las infraestructuras en los últimos años y que ya se deja sentir en algunas de ellas, como ocurre con las cercanías ferroviarias por poner un ejemplo.

Cuando les cuenten la recaudación de 2017 pregúntense conmigo ¿por qué no fue mayor si el PIB es el mayor de la historia? y ¿por qué tanto déficit si, en otro tiempo con menos PIB, había superávit?

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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