¿ya no hay crisis?

 

Allá por el lejano mes de marzo de 2009, Ángel Laborda, Director de Coyuntura de FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros), nos decía en un artículo en El País “¿Deflación? No, gracias”, y se veía en la obligación de hablar de esa forma porque los precios habían bajado un mes, aunque el IPC (Índice de Precios de Consumo) estaba en el 1,7% anual. Acababa de llegar la crisis, un mes bajan los precios y ya nos avisaban que no había deflación, ni se la esperaba, pero hablaban de ella. El Sr. Laborda también nos explicaba en ese artículo que es lo que había que entender como deflación, ‘una caída generalizada de precios durante un periodo prolongado’.

En estos momentos, 6 años después, en que el IPC de 2014 ha sido negativo, incluyendo la inflación subyacente (esa que no tiene en cuenta ni a los productos energéticos ni a los alimentos no elaborados), después de 7 meses de caídas constantes, el Sr. Laborda se niega a aceptar la existencia de deflación, como tantos otros. Mientras, al otro lado del atlántico, dos premios nobel de economía (aunque ya saben que no son tales, sino premios del Banco Central de Suecia en honor de Alfred Nobel), que algo sabrán de esto, nos dicen lo contrario y encima nos marcan las pautas de lo que deberíamos estar haciendo, no solo a nosotros los de la UE (Unión Europea), también a los suizos, que en la última semana la han liado parda.

En un artículo del día 17, Paul Krugman da una lección de política monetaria, al hilo de la última decisión del Banco Nacional de Suiza de dejar de intervenir para mantener una relación euro-franco estable. La intervención ha sido tal que el tipo de interés que se “paga” a los depósitos de los bancos es del –0,75%, interés negativo. Dicho en román paladino significa “gasten, por favor”, es decir, está avisando de la deflación. Y parecería que para resolver esta situación nos deberíamos poner a consumir y provocar una espiral de subidas de precios. ¿Pero como hacerlo si no hay liquidez en algunas economías?

En el artículo de Joseph E. Stiglitz del día 19 se explica muy claramente lo que debe ocurrir para salir de este marasmo de visiones apocalípticas, pero que nada aportan, y que nos llegan todas ellas de determinados centros de poder económico. Y lo que debe ocurrir es que se pongan en marcha planes de inversión adecuados en las zonas auténticamente deprimidas para generar actividad, empleo y se salga de la deflación.

Pero en ambos artículos y en el análisis semanal que remite José Carlos Díez a los suscritos al mismo, se pone de manifiesto que la situación no es la misma en todas las zonas. Es posible que estemos ante una depresión de demanda mundial, pero en unos países es por falta de recursos, como puede ser el nuestro o Grecia, y en otros por una autolimitación en el consumo, como es el caso de Alemania o Suiza.

Hora en Grecia según el Palacio de Congresos de Madrid

Hora en Grecia según el Palacio de Congresos de Madrid

No podemos olvidar que las desigualdades existentes, de la que se hacían eco algunos medios este lunes, y que está provocando con el paso del tiempo una mayor concentración de riqueza en un menor número de personas, limita por su propia naturaleza la propensión al consumo de las economías; pues el 50% de los recursos acumulados por ese 1% de habitantes, que son insultantemente ricos, no generan el grado de consumo que si estuviera en manos del 10% de la población, por ejemplo, y no digamos si estuviera en manos del 25%.

Esto de la desigualdad, que es a lo que se refiere el ya muy famoso libro El Capital en el siglo XXI de Thomas Piketty, es algo ya conocido y sabido en economía, pero el grado que se está alanzando en estos momentos es tan abrumador que ha desbordado cualquier nivel de comprensión o de explicación razonable. A pesar de lo cual, se sigue afirmando desde ciertos foros que hay riesgo de inflación y que se deben continuar con los planes de reestructuración de ciertas economías, mientras otras se dedican a no gastar, más que en ellos mismos, por temor al futuro.

Mientras, en un extraño movimiento el petróleo ha consumado un descenso en su precio de más del 50% en los últimos 6 meses, un prodigio de corrección al que nadie sabe dar explicación. En un movimiento paralelo, ya habitual, el euro se deprecia respecto del dólar, de manera que el coste del petróleo para los países de la zona euro no se ve beneficiado en la misma medida que para otros países de la UE. Y a pesar de este pequeño respiro para economías como la española, que será pasajero y no está en nuestra mano su control, el futuro se sigue presentando incierto, a pesar de los cantos de sirena habituales. Hace años eran brotes verdes, ahora es que se ha perdido el miedo a perder el empleo.

Por todo ello y por los acontecimientos que se anuncian, el domingo 25 de enero, por la noche, surgirán muchas preguntas y habrá que dar respuesta real a todas ellas, ¿ya no hay crisis?, ¿Qué pasará con la deuda griega en poder de la banca alemana?, ¿Está sana la banca alemana?, ¿Los poderes económicos de la UE asumirán que sin inversión, ¡ya!, no saldremos de esta crisis?, ¿Seguiremos con el run-run de bajar impuestos para a continuación vender que vivimos por encima de nuestras posibilidades?, ¿Continuará la marea fóbica hacia lo extranjero y dejaremos que la UE quiebre por su enferma demografía?

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

Un comentario en “¿ya no hay crisis?

  1. Luis Vega

    ¡Ay, querido Pedro! ¿Quien dará respuesta a tus preguntas? ¿Un economista arropado por la capa de político? Pues Dios nos libre….
    ¿No hay crisis? Si formamos parte de una Unión Económica en la que miembros significativos están con el agua al cuello, todos sus componentes están ‘empapados’ en mayor o menor medida.
    Mencionas la deuda como peligro real. Y los es ciertamente. La deuda se ha manejado siempre como la herramienta política, para hacer todo aquello que dé imagen y ayude a ganar votos. En dosis razonables puede estar bien. Pero no se ha de olvidar que el capítulo de intereses de esa deuda, va directamente a los gastos corrientes, con su consiguiente efecto en el déficit.
    En el caso de Grecia, gane quien gane el domingo, tendrá que re-negociar su deuda. Otra cosa es qué tipo de negociación se realice, que si irá en función de quien sea el ganador de las elecciones. Parece ser que Syriza ira por la vía de empezar negociando un acuerdo, como el que gestionó Alemania en 1953. O sea, miren Vds. que estoy muy perjudicado, por qué vengo de una guerra y…bla,bla,bla. Pero Grecia viene de ser un desastre, con una corrupción y un engaño descomunal. Los de Syriza acabarán, sin duda, solicitando una quita. Si Platón, Pitágoras y tantos otros levantaran la cabeza se nacionalizarían suizos. Como poco.
    Sin embargo la deuda pública en la zona euro es de tal dimensión, que le vienen dando vueltas desde hace tiempo magines ilustres. Un personaje conocido en Francia como ‘Tio Bernardo’ (oncle Bernard) que escribía en Charlie Hebdo y que cayó abatido por los asesinos hermanos Aouchi, era miembro del consejo del Banco de Francia. Bernard Maris, que así se llamaba, preconizaba la formación de un fondo de amortización de deuda, que cubriese el exceso del 60%. Decir que a los asesores económicos de Merkel les gustaba la idea, es prever que eso se implantará más pronto que tarde. ¿Y se habrá resuelto el problema?

     
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