compete… ¿qué?

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Hace unos meses, en concreto el 27 de noviembre pasado, dediqué un artículo a la tentación de aquellos que, a pesar de hacer gala de regeneradores, pretendían intervenir imprudentemente en la vida de los organismos encargados de velar por la existencia de una economía de mercado. Me quejaba entonces de una sorprendente entrada en el blog ¿hay derecho? en la que se venía a defender y justificar la intervención confidencial y reservada del presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia en una reunión de empresarios privados. Explicaba que personas que se desenvuelven profesionalmente en un mundo donde el númerus clausus es norma, tuvieran dificultad en entender lo que significa competencia. Como dije entonces, y vuelvo a afirmar ahora, esa reunión jamás se hubiera celebrado en un país donde exista, de verdad, economía de mercado y donde, de verdad, reine la competencia. Me refiero a ambas competencias, aunque en el fondo solo hay una.

Pero uno no para de presenciar actos, gestos y muestras de que la injerencia en la competencia es continua y esa injerencia sigue mereciendo el aplauso de aquellos que deberían de denunciarla. O, al menos, así lo entiendo, desde la observación de cómo se comportan en países donde la competencia se impone. También en este caso me refiero a ambas competencias.

Digo esto porque el día 29 de marzo, un día como otro cualquiera, se publicaba en El Confidencial, diario digital que aparenta defender el libre mercado y la competencia, un artículo de José Antonio Navas en el que venía a bendecir la intervención de la vicepresidenta del Gobierno para poner orden en el desaguisado existente en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), demostrando el apoyo que la Moncloa presta al presidente del organismo. Porque es posible que ustedes no sepan que la famosa CNMC está, al parecer ya no, envuelta en una guerra intestina desatada entre algunos de sus miembros, desde su constitución en la que vino a sustituir a varios organismos a la vez. La referencia a la guerra de la que les hablo la pueden comprobar en este artículo de fecha reciente.

Ya ven, con pelos, señales y aplausos, el reconocimiento a que la vicepresidenta del Gobierno, órgano paradigmático como regulador de los mercados y generador de prácticas contrarias a la competencia, interviene en el vigilante de la competencia sin rubor alguno. A la vista del artículo ¿por qué habría de tener rubor en hacerlo?

Sede de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia

Sede de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia

Pero es que, adicionalmente, cuando un organismo pretende asumir, por imperativo legal no tiene más remedio, tantas funciones, se encuentra con contradicciones serias en su funcionamiento. Como a la función de defensa de la competencia se le une la de órgano regulador del mercado de las telecomunicaciones, la energía y el audiovisual, vive de sobresalto en sobresalto. El propio presidente del organismo, en una declaración sin precedentes, reconocía el desasosiego que le proporcionan ciertas actuaciones políticas.

El mismo diario digital, El Confidencial, al tres bolillo y en una esquina, sacaba la noticia de que la Audiencia Nacional había anulado la súper sanción que la CNMC había impuesto a las eléctricas en el año 2011. ¿Cómo es posible que los tribunales anulen sanciones tan importantes? Pues resulta que el registro efectuado en las oficinas había sido anulado por el Tribunal Supremo en reciente sentencia. La lucha contra las prácticas colusorias también tiene sus reglas. Y digo que se publicaba en una esquina, porque ya no debía ser interesante citar un fracaso tan contundente como este. La lucha contra las prácticas monopolísticas o de acuerdo de fijación de precios o de reparto artificial del mercado se gana en muchos terrenos y uno de ellos es aplicando adecuadamente las normas para llevar a cabo una investigación correcta.

Desde el comienzo de esta nueva CNMC, cuya regulación original causó temor en la Unión Europea por ineficaz y hubo que adaptarla a los requerimientos de Bruselas, surgieron voces que nos avisaban de los problemas que podían presentarse. Pueden comprobarlo aquí y aquí. Más adelante surgió la crítica acerada a una de las primeras y, por qué no decirlo, escandalosa actuación de la recién estrenada CNMC, que los usuarios del sector eléctrico recordarán con desagrado por lo que ello supuso en el futuro. Decisión que podría calificarse de contraria a derecho por todo lo que en ella se encierra.

Mientras tanto, los monopolios reales siguen funcionando, como el que denunciaba en mi artículo del 27 de noviembre, el monopolio que ejerce LOGISTA y que le permite detentar una posición dominante en el mercado para enfrentar otras actividades de distribución que la original de distribución de productos derivados del tabaco. Pero a los exministros que se sientan en su Consejo de Administración no debe de importarles mucho.

O se consiente la concentración en el sector de las telecomunicaciones. Primero con la adquisición de ONO por Vodafone y más tarde con la absorción de Jazztel por Orange. Operaciones que suponen una reducción significativa del número de operadores.

Y todo ello por no entrar a tratar la concentración acelerada que se está viviendo en el sector financiero. Sector en el que CaixaBanK ya dispone de una cuota del mercado español superior al 20%, en algunos productos del 27%, y sigue aumentando como consecuencia de que se le autoriza a comprar nuevas entidades, como es el caso de Barclays.

Frase que puede leerse en el interior de uno de los accesos de la CNMC, disculpen la baja calidad fotográfica por el cristal interpuesto.

Frase que puede leerse en el interior de uno de los accesos de la CNMC, disculpen la baja calidad fotográfica por el cristal interpuesto. Podían haber buscado un mejor fraseólogo que al presidente de EEUU durante la gran depresión.

¿Para qué queremos a la CNMC, para poner multas que luego anulan los tribunales, pero quedan bien en los titulares de los periódicos? Vigilar la competencia es algo más que poner multas a compañías lecheras o a concesionarios de automóviles. Por cierto, de las dos competencias les hablaré otro día, quédense de momento con que en realidad solo es una.

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