no estamos igual

 

No crean que pretendo venderles la invención de la rueda. La afirmación del título es más que evidente, entre otras razones porque todos tenemos más edad, hasta los jóvenes. Dicen que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo. Pero a veces es oportuno reflexionar sobre aquellos valores que nos dicen dónde nos encontramos. El PIB (Producto Interior Bruto) es un valor muy útil para medir la evolución de una economía, más que para medir su situación puntual. De todas formas, tengan cuidado con el PIB; el profesor Velarde nos advertía, con una anécdota sobre el cálculo del PIB y el épsilon del profesor Torres, para que fuéramos cuidadosos con el uso de esta magnitud.

Pero es cierto, no estamos igual que hace 15 años. El Instituto Nacional de Estadística (INE) hizo público a finales del pasado año la información sobre la Contabilidad Regional de España, que nos ofrece datos del PIB de las comunidades y ciudades autónomas, y es muy útil para conocer cómo ha evolucionado cada una de ellas en los últimos años. Años críticos porque la mitad del periodo está marcado por la Gran Recesión que se desató en 2007. Empecemos por reconocer a aquellas comunidades que se encuentran en la misma posición relativa de hace 3 lustros, la Comunidad de Madrid, por ejemplo, sigue estando a la cabeza del PIB regional per cápita. Ya sabemos que la acusada centralidad societaria de la economía española influye mucho en los resultados, pero no es menos cierto que su situación de privilegio no ha perdido empuje. Y aquí tenemos el primer factor a tener en cuenta al usar el PIB como medida, que actúa por comparación, no solo en lo temporal si no en lo espacial al poder analizar la evolución de los territorios por comparación entre ellos.

Del amplio periodo considerado, años 2000 a 2015, he tomado 4 puntos como referencia, creo que son suficientes para hacer un análisis básico. Y aquí el primer cuadro, el que clasifica a los territorios por el valor del PIB en el año 2015, con indicación de la posición relativa de cada uno de ellos con relación al nivel del valor máximo en cada periodo, que es Cataluña en todos ellos.

Sí, Cataluña se mantiene en cabeza, pero ya en 2015 la Comunidad de Madrid le pisa los talones. Y es que el esfuerzo de cada territorio en estos 15 años se puede ver reflejado en la última columna donde aparece el incremento en 2015 con respecto a 2000 y, como era de esperar, no es homogéneo. Hay comunidades que no han perdido el tiempo, como Murcia que encabeza el crecimiento en el periodo, y otras que, como Asturias, han crecido significativamente menos que la primera del ranking y ven alejarse la convergencia, aunque resultan más destacados los casos de Castilla y León y la Comunidad Valenciana.

La segunda parada la constituye la evolución del PIB por habitante. Quizá es una medida más fiel de la evolución al tener en cuenta un elemento fundamental como es la población. Un aumento del PIB menor que el aumento de la población dará lugar a un paulatino empobrecimiento de los habitantes y a la inversa servirá de atracción para aquellos que van buscando donde establecerse para lograr el mayor bienestar posible.

Como indicaba al comienzo, la Comunidad de Madrid encabeza desde 2000 la clasificación del PIB por habitante, aunque merece especial atención el esfuerzo de convergencia que están llevando a cabo otros territorios. Y antes de seguir una advertencia importante para poder entender adecuadamente la evolución. En los casos de Asturias y Castilla y León la población ha descendido en los 15 años del periodo analizado; en Galicia no ha variado la población y el incremento ha sido muy reducido en el caso del País Vasco. En el lado contrario se encuentran Baleares y Canarias que ha tenido un reducido aumento en estos años por el importante aumento de su población que ha sido del 37% y del 28%, respectivamente, en estos 15 años.

Y más allá de los casos afectados por aumentos destacados o por disminuciones de población, hay que fijarse en las restantes situaciones. La primera es el esfuerzo de Murcia que, a pesar de un aumento de la población del 25%, sigue trabajando por la convergencia de manera destacada o el caso de la Comunidad Valenciana para la que lo ocurrido ha sido mucho más que una década perdida. Todo ello sin olvidar los casos de Ceuta y Melilla en los que el reducido aumento del PIB per cápita debe ser motivo de preocupación.

No me gustaría abrir una pelea regional, pero no es posible obviar los efectos de ciertas políticas que, contando con sustento constitucional, han afectado a la asignación de recursos de forma grave, en mi opinión, y aumentarán el desajuste en el futuro. Me refiero a la cuestión de las haciendas forales y el cupo. El cuadro que sigue nos habla de ello.

La Renta Disponible Ajustada Bruta (RDAB), que incluye el efecto de los impuestos y de las prestaciones sociales, incluidas las que son en especie, está afectada por la disponibilidad que hacen las haciendas forales de una mayor capacidad financiera y ello repercute en que, País Vasco y Navarra, suban a los primeros puestos de la clasificación per cápita. Como también puede verse que Ceuta y Melilla escalan puestos en la clasificación y ello se debe, fundamentalmente, al efecto de las prestaciones sociales.

A la vista del conjunto de datos anteriores no podemos negar que se ha producido un aumento del nivel de renta de la población española, pero no tan significativo como algunos puedan creer ni tan siquiera un crecimiento relativo respecto de nuestro entorno. En 2006 el PIB per cápita español era el equivalente al 103% del promedio de la UE, en 2015 era del 90%. Hemos perdido la mayor parte del esfuerzo de convergencia que habíamos hecho con anterioridad. Ya ven que unas cuantas regiones han perdido el paso completamente. Y lo más delicado es que ese paso lo han perdido aquellas que se encontraban en los últimos lugares de la escala.

Ni Andalucía ni Extremadura ni Castilla La Mancha, por citar los casos más destacados, pueden permitirse el lujo de ver como aumenta la brecha en el nivel de PIB por habitante con el resto de comunidades. Es muy posible que no hayan actuado con el objetivo permanente de reducir la distancia con quienes se encuentran en los primeros puestos de la tabla y se hayan dejado llevar por el espejismo de acercarse a los más próximos. La convergencia mostrada entre 2000 y 2005 solo puede explicarse por el efecto efímero de la burbuja de la construcción que ha demostrado los perversos efectos sobre la totalidad del país, como bien pueden afirmar la Comunidad Valenciana y Murcia. Mención aparte merece Galicia que converge con la cabeza, a pesar del resbalón del último lustro. Para mejorar la convergencia hubiera merecido la pena un mejor manejo de los fondos procedentes de la Unión Europea, un análisis del destino de los mismos sería de agradecer para ver en qué medida han sido bien aprovechados. Eso sí, debate desapasionado, políticamente hablando.

Y no puedo terminar sin dar un dato curioso, por lo que representa. La mayoría de las comunidades que han visto aumentar la relación entre la RDAB y el PIB es por un mayor nivel de prestaciones sociales dado el envejecimiento de su población, situación que no se da en el caso de Cataluña que, a diferencia de comunidades como Madrid o País Vasco o Aragón, ha mejorado en casi un punto porcentual dicha relación en estos 15 años. Se me ocurre pensar que los supuestos ataques a su capacidad financiera no son tan ciertos como decían.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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