¿presupuestar o presupuestear?

 

Hay obras o creaciones, de dificultad extrema, que te dejan sorprendido por la facilidad con que los autores las llevan a cabo. Pero más sorprendido te quedas cuando, al analizar en detalle esas mismas obras o creaciones, descubres que todo es pura apariencia. Son algo así como confundir el aglomerado con la madera. Ya nos avisaba de ella el dicho popular, nunca mejor avenido lo de popular, ‘aunque la mona se vista de seda, mona se queda’. Y como en los últimos tiempos parece que da lo mismo si no disponemos de ellos o los presentamos tarde para su aprobación, en vez de presupuestar, los habilitados para ello se están dedicando a presupuestear.

Algunos pensarán que esto de presupuestear es un invento mío, pues no. Gracias al profesor Cecilio Garriga, del Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Barcelona, he descubierto que Manuel de Saralegui, en sus “Escarceos filológicos” en 1922 y dentro del Boletín de la Real Academia Española, ya se hizo eco de la palabra prespuestear. Yo voy a hacer mía la expresión para referirme a ese trabajo, si me apuran inútil, de hacer presupuestos como el que hace rosquillas. Como decía un director que tuve, y al que me he referido en otra ocasión, los presupuestos se hacen para no cumplirse. Pero de ahí a no servir para lo que están previstos hay un trecho importante. Y esa es la clave. En España, en toda ella, hay un déficit de análisis presupuestario, de eso que en las empresas se denomina control de gestión.

Hacer un presupuesto y no seguirlo, no estudiar su grado de ejecución, es un trabajo inútil. Más allá de la exigencia legal por la que el presupuesto es una referencia del gasto que puede acometer el ejecutivo, el presupuesto es la declaración de la línea política seguida por el gobierno y con el análisis y estudio de su grado de ejecución se comprende mejor y se valora más nítidamente su orientación política real.

Fundación Ciudadana CIVIO, ¿dónde van mis impuestos?

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Por ejemplo, si yo les dijera que el presupuesto en materia de defensa en 2015 representaba un 1,81% del total de los Presupuestos Generales del Estado, pues es posible que me dijeran que la cantidad no les parece la más adecuada. Claro que, si una vez ejecutado el presupuesto y tenidas en cuentas las modificaciones aprobadas en el parlamento, les digo que el gasto total en defensa fue un 40% mayor de lo previsto, alcanzando casi los 8.000 millones de euros, la cosa ya no está tan clara verdad. Y es que el aumento presupuestado en defensa para 2018 respecto de lo gastado en 2015 es un 5%, muy inferior a lo publicado en los medios, que solo hablan del crecimiento aparente respecto del año anterior.

Como he comentado en alguna ocasión anterior, la información sobre la ejecución presupuestaria es tan pobre que impide el más mínimo análisis de eficacia. Es muy complicado saber que ha pasado con los fondos públicos. Y eso que la llamada Cuenta de la Administración General del Estado para 2016 tiene 6615 páginas, pero de difícil manejo pues está completamente desagregada por partidas presupuestarias al mínimo nivel, como si se pretendiera evitar que pueda debatirse sobre ello. Y este oscurantismo, basado en inundar con datos no útiles, afecta a todos los grupos políticos, porque todos ellos deberían estar interesados en que se pudiera conocer la ejecución del presupuesto.

Dado que, según figura en el documento de remisión, la Intervención General de la Administración del Estado suele remitir la Cuenta General al Tribunal de Cuentas, allá por el mes de julio, debería aprovecharse esa remisión para celebrar un debate parlamentario sobre el grado de cumplimiento del presupuesto. Es una forma de rendir cuentas y España, toda ella, está muy necesitada de celebrar actos, debates y encuentros sobre rendición de cuentas, del tipo que sean. La propia administración pública, todas ellas y cuando quieren, son muy exigentes con el control de las subvenciones que otorgan y las entidades beneficiarias tienen que justificar de manera exhaustiva en que gastaron los fondos recibidos, como los pagaron, cuando los gastaron y pagaron y el porqué de las desviaciones habidas. Todo ello está perfecto, pero ¿los impuestos que pagamos no son una especie de subvención, eso sí a fondo perdido, a las administraciones? Pues deben rendir cuentas de ello.

A pesar de todo, algo podemos saber. Si acudimos a la última Resolución, del 27 de noviembre de 2017, de la Presidencia del Senado y de la Presidencia del Congreso de los Diputados, por la que se dispone la publicación del Dictamen de la Comisión Mixta para las Relaciones con el Tribunal de Cuentas en relación con la Declaración sobre la Cuenta General del Estado correspondiente al ejercicio 2015, nos enteramos que hay organismos oficiales que no publican sus cuentas en el Boletín Oficial del Estado (BOE) o que las mandan con retraso al BOE y al Tribunal de Cuentas.

Fundación Ciudadana CIVIO, ¿dónde van mis impuestos?

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También podemos conocer, gracias al Dictamen, que la Seguridad Social no dispone de un inventario de bienes y derechos completo y actualizado, que los presupuestos de las fundaciones estatales no figuran en la Ley de Presupuestos Generales del Estado de cada ejercicio, que no se dispone de un inventario completo del inmovilizado material de la Administración General del Estado o que hay que resolver la amortización de las deudas pendientes de la Seguridad Social con la Administración General del Estado por la liquidación del concierto económico suscrito con la Comunidad Autónoma del País Vasco y el convenio económico suscrito con la Comunidad Foral de Navarra, por un importe conjunto superior a los 9.000 millones de euros. Y así hasta 35 recomendaciones o exigencias, que no son pocas.

Y dado el alcance de las recomendaciones que se hacen en el Dictamen y las que propone el Tribunal de Cuentas en su informe, el debate público sobre la ejecución presupuestaria se hace más necesario y urgente cada día. No podemos seguir presupuesteando.

Las imágenes anteriores incluyen el acceso a la página web de la Fundación Ciudadana CIVIO que contribuye a la transparencia en muy diversos ámbitos y que ha desarrollado una herramienta que permite conocer el destino de nuestros impuestos según el proyecto de presupuestos y así desde el año 2007 lo que permite una visión prolongada en el tiempo para saber cómo ha sido la evolución de los recursos del Estado. Les invito a navegar tanto por la herramienta como por la página web de CIVIO.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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