money, money, …

 

Perdón por el atrevimiento del titular en inglés que podría hacerse en español, pero lo que viene me ha recordado la fantástica canción de la película Cabaret, porque se ha abierto el periodo de discusión sobre “los dineros” para los mortales del común, una vez resuelto, aparentemente, el de los casi inmortales forales. Y la he recordado porque la película se desarrolla en Berlín, capital de Alemania, entonces y ahora, un país que ha resuelto el sistema de financiación de sus länder o estados federados, sin necesidad de replantearse todo cada 5 años. Y es que no podemos olvidar que España es un país cuasi federal, por mucho que a algunos les moleste el término, quizá sin saber que estar federados es estar unidos, como lo están los miembros de las federaciones deportivas, por poner un ejemplo. Claro que allí se aprobó una reforma en 2016 para que entrara en vigor en 2020, vamos, con un cierto periodo de adaptación; a diferencia de nuestra última reforma de finales de 2009 con vigencia desde el 1 de enero de aquel año.

Pero vayamos con la cuestión, según la Ley que ponía en marcha la última reforma del sistema de financiación autonómica, a partir de 2013 había que evaluar y revisar el sistema y, por las especificaciones de la norma en cuestión, podemos considerar que el sistema caducó el 31 de diciembre de 2013, vamos que llevamos 5 años de retraso en su revisión. Es por eso que este asunto se va a abrir en breve. Máxime si tenemos en cuenta que no hace mucho se ha revisado el sistema del llamado cupo vasco. Y desde hace tiempo se viene hablando de la validez del sistema español. A este respecto destaca el estudio “La financiación regional en Alemania y España: una perspectiva comparada” en el que participaba el director de FEDEA, Ángel de la Fuente, junto con expertos alemanes en la materia, y del que pueden consultar un resumen traducido aquí. Que el sistema alemán es más equitativo que el español, estamos de acuerdo, pero también debemos estarlo en que el nuestro no es tan defectuoso como para hacerlo saltar por los aires.

Fuente: Banco de España

Nuestro sistema de financiación de las comunidades autónomas de régimen común debe ser más estable en el tiempo de lo que es, debe tener menos excepciones en su aplicación de las que contiene y debe ser capaz de metabolizar adecuadamente los cambios que se produzcan en los distintos territorios, como pueden ser los demográficos o los de evolución económica. Pero a todo ello hay que añadir varias cuestiones importantes a tener en cuenta y que, una vez consideradas, ayudarían a poner en marcha un sistema más eficaz y eficiente.

  1. Las comunidades autónomas no van a desaparecer, no son algo exótico en peligro de extinción. Las comunidades autónomas son parte del Estado, quizá si las comunidades y el Gobierno asumieran que todos son Estado, en unión de las corporaciones locales, otro gallo nos cantaría.
  2. El sistema que se aplica a las comunidades con régimen foral tendrá que cambiar el sistema de valoración de los servicios prestados y ampliar el campo de la solidaridad exigible.
  3. No se pueden aumentar las singularidades en el sistema de financiación autonómica, más allá de las diferencias que se derivan de las distintas competencias asumidas por cada territorio. Y en este sentido va siendo hora de hablar con claridad de las comunidades más perjudicadas con el sistema actual y los anteriores.
  4. Para los que piensan que en otros sitios todo el monte es orégano, les convendría leer este artículo sobre la ordinalidad para que comprueben la distracción a la que estamos sometidos y que produce efectos perniciosos para un debate serio sobre la cuestión de la financiación autonómica. No les hablo ya sobre las balanzas fiscales porque, como algunos autores han puesto de manifiesto, las balanzas fiscales ni están ni se las espera.

Y recordando que sobre el dinero ya nos advirtió el Arcipreste de Hita en su Libro de Buen Amor al afirmar que:

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo, al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

Aun al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dineros no es de sí señor.

Más nos valdría ser prudentes sobre lo que el dinero supone y a ello le debemos añadir algunos comentarios en los medios, como queriendo ‘preparar’ el debate sobre la financiación, más bien diría yo que enconarlo, y que nos hablan de lo pernicioso del sistema y del apocalipsis que se avecina. Y por eso quiero abordar el tema con perspectiva, que es como dicen los expertos que hay que hacer con cualquier análisis y, me pregunté, ¿qué mejor perspectiva que la deuda acumulada por el Estado, en su conjunto, y por las distintas administraciones que lo componen? Porque si analizamos la evolución de la deuda pública en una serie prolongada podremos ver qué es lo que ha ocurrido con nuestro sistema autonómico y su financiación.

Fuente: Banco de España

La información que manejo nos la facilita el Banco de España a través del boletín estadístico, que pueden consultar aquí. Hablemos primero de las corporaciones locales. En diciembre de 1994 (ya ha llovido) su deuda era de casi 17.000 millones de euros, que va aumentando hasta alcanzar los 29.385 millones de euros en 2007 y, con brusquedad, alcanza un pico en 2012 de 44.000 millones de euros; para posteriormente ir reduciendo ese nivel hasta los 29.000 millones al término de 2017. A la vista de esos datos y del momento del tiempo en que se alcanza el máximo ¿alguien puede dudar de que ese nivel máximo estaba relacionado con la Gran Recesión? La autonomía municipal nada tiene que ver con la deuda. Quizá esté más relacionada la deuda con un sistema de financiación insuficiente. Y no se olviden que de ese monto total el 12% corresponde al Ayuntamiento de Madrid.

En diciembre de 1994 la deuda del conjunto de las administraciones públicas españolas, una vez deducidas las deudas entre ellas, era de casi 250.000 millones de euros, algo más del 60% del PIB (producto interior bruto) y en marzo de 2008 es de ‘tan solo’ el 34,8% del PIB, pero ya era de más de 380.000 millones de euros; fácil de explicar, el PIB había crecido más que la deuda. En ese mismo periodo de tiempo las comunidades autónomas pasan de una deuda de casi 22.000 millones de euros (diciembre de 1994) a casi 64.000 millones de euros (marzo de 2008), es decir, se había multiplicado por 3, mientras que la del conjunto de las administraciones se había multiplicado por 1,52; a pesar de ello la de las comunidades autónomas era el 17% de la deuda total en marzo de 2008 y es que el traspaso de competencias había incidido en las necesidades de financiación de las mismas.

En la actualidad la deuda de las comunidades autónomas asciende a 288.104 millones de euros, mientras que la del conjunto de las administraciones públicas asciende a 1.144.298 millones de euros. Es decir, supone el 25% del conjunto. Si tenemos en cuenta que el gasto público que afrontan las comunidades autónomas es el 49% del conjunto del Estado, no parece, a primera vista, que la causa del endeudamiento sea un pretendido despilfarro de la administración autonómica, por comparación con la administración central. Quizá haya habido despilfarro en algún caso y en algunas actuaciones, pero no tomemos la parte por el todo para abordar el cambio en el sistema de financiación de las comunidades autónomas.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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