una pausa

 

Sí, tengo que hacer una pausa en mi relación con el real de a ocho por razones profesionales. Durante una temporada va a ser complicado que pueda publicar con la asiduidad habitual, al menos una vez por semana. Y es que para publicar no basta con escribir, ni preparar la documentación oportuna, hay que hacer una selección previa del tema sobre el que escribir y eso lleva su tiempo, que es lo que durante esa temporada va a escasear.

Se me han quedado muchos temas en el tintero, a pesar de haber editado 249 entradas, en estos algo más de 4 años en que mantuve la relación y ninguna circunstancia me hizo desistir de acudir regularmente, incluso cuando ocurrió lo más triste. Pero ahora no es cuestión de ánimo, es algo más prosaico, la falta de tiempo.

Aunque antes de interrumpir esta relación, déjenme hacer una última referencia a la realidad. Creo que no somos verdaderamente conscientes de la transcendencia histórica que tendrán los tiempos que estamos viviendo. Tiempos en los que los cambios en las formas de vida de un año para otro son mayores que los que ocurrían allá por los cincuenta de una década a otra.

Y en esta época de cambios tan impresionantes se notan, aún más, las resistencias al cambio que se ponen de manifiesto en nuestro país. Las administraciones públicas vuelven a la obsolescencia, el comercio pretende competir desde la continuidad, las aulas siguen ofreciendo clases magistrales y exigiendo esfuerzos memorísticos, la cultura sigue arrinconada y, por supuesto, las nuevas tecnologías sirven, fundamentalmente, para vernos invadidos por la publicidad.

La modernidad nos ha hecho vibrar tan poco que nuestros mejores cerebros se marchan fuera para que sus creaciones sean valoradas adecuadamente. Y todo ello nos debe llevar a que exijamos, sí, exijamos, en nuestro lugar de trabajo, en las dependencias públicas, en definitiva, en cualquier ámbito, que nos incorporemos al mundo de hoy, no al mundo de ayer. No podemos permitirnos el lujo de seguir sin utilizar los medios que la tecnología ha puesto a nuestro alcance. En definitiva, necesitamos modernizarnos. No es posible que en pleno siglo XXI sigamos usando materiales que encarecen la actividad.

Y cuando preparaba estas líneas descubrí un artículo revelador de lo que les acabo de decir y que les sugiero lean cuidadosamente y así de paso sabrán que es eso del FANG. Y es que la modernidad la podemos poner en marcha, formando parte de los que la lideran, o nos vendrá impuesta y seremos, como tantas otras veces, arrendatarios y deudores de otros. El saber hacer que nos ha llevado a liderar el mundo en materia de trasplantes, debemos aplicarlo en otros sectores para no vernos superados en el ranking de los países más avanzados.

Les deseo un buen verano.

Escrito por Pedro Luis Egea Vega

Pedro Luis Egea Vega

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